jueves, 16 de octubre de 2014

Pequeño Grande, Rey del Carmelo

Niño Jesús de Praga

El jueves, día 15 de octubre tuve la suerte de asistir a los oficios en conmemoración del quinto centenario del nacimiento de  Santa Teresa en la Catedral de Cuenca y a su posterior procesión hasta la parroquia del Salvador. Me llamó la atención que muchos de los presentes desconocieran el vínculo de unión entre el Niño Jesús de Praga y Santa Teresa e incluso su historia. Pero lo que realmente me ha decidido a contarlo es que esta mañana, en el trabajo, me lo han vuelto a preguntar ¿Por qué desfilaba el Niño Jesús de Praga con Santa Teresa? ¿Y de Praga?

Niño Jesús de Praga
Son muchas las versiones existentes sobre la devoción al Niño Jesús de Praga. No encontrarás una carmelita que no conozca la anécdota que tuvo lugar en una escaleta del Carmelo de la Encarnación de Ávila, en la que Santa Teresa se encuentra con el Niño Dios y éste le asegura que: “si ella es la Teresa de Jesús, él es el Jesús de Teresa”. Otra curiosidad la encontramos en nuestra tierra. Ana de San Agustín, priora del Carmelo de Villanueva de la Jara de Cuenca y compañera de Santa Teresa, recibió la misión especial de venerar y propagar la devoción a la divina infancia de Cristo. “Yo te escogí para honrar y hacer visible en ti mi infancia y mi inocencia, cuando yo yacía en el pesebre”, le dijo el Niño Dios, mientras ella rezaba delante de una imagen suya existente en el convento, conocida como “El Rey de la Gloria”. Ella fundó la Familia del Niño Jesús, invitando a todos los que quisiesen a celebrar con fervor los días 25 de cada mes, en recuerdo de la Santa Natividad y a rezar la Corona del Niño Jesús (tres padrenuestros y doce avemarías) en honra de los 12 primeros años de su vida.

¿Pero cuál es su historia? Toda historia tiene su leyenda y esta nace de un convento cerca de Sevilla que fue destruido por los moros. Cuatro de los monjes que sobrevivieron se asentaron en las ruinas e intentaron levantar de nuevo el monasterio. Pasaban los días trabajando y orando. Los trabajos de recuperación del convento iban muy despacio. Uno de estos días sucedió algo especial. Ese día lucía un cielo azul sobre el monasterio cuando un niño se acercó a un fraile que en el jardín estaba barriendo, invitándole a rezar. Fray José de la Santa Casa, dejando la escoba a un lado, juntando las manos y bajando la mirada comenzó la salutación angélica y al llegar a las palabras “et benedictus fructus ventris tui” (y bendito es el fruto de tu vientre), el niño le dijo: “Ese soy yo”. El monje miraba al niño con sorpresa, intentando comprender lo acontecido. Desapareciendo en un instante. Fray José busco y gritó ¡Vuelve pequeño! Pero no volvió aparecer.
Cabecera de la procesión de Santa Teresa y el Santo Niño de Praga

Pasaron años y nuevos y números frailes poblaban el convento ahora. Los muros habían sido restablecidos y el convento lucía esplendido. Ese joven fraile, envejecido por los años, nunca olvidó aquel bello encuentro, jamás perdió la esperanza de poder mirar, una vez más, aquel rostro encantador. El monje había intentado guardar en su mente los rasgos del rostro de aquel Niño. Una y mil veces había intentado reproducir en cera con sus dedos aquel semblante, no dejaba pasar día que no orara para que volviera a repetirse ese encuentro. En un instante sus pensamientos se tornaron en realidad y delante de él, sonriente estaba el deseado Niño, diciéndole: “Aquí estoy, para que puedas terminar la escultura”. Con sus dedos temblorosos de emoción empezó a trabajar la cera intentando reproducir con la mayor precisión los rasgos de aquel atractivo Niño. Sus dedos bailaban sobre la cera templada como si se moldeara sola, apareciendo finalmente el rostro del Niño reproducido. Pasó la noche y al día siguiente los compañeros del monje lo encontraron recostado en el suelo. A su lado, la figura del precioso y divino Niño. Fray José, bajo el sueño de la muerte seguía sonriente, como si estuviera mirando la cara del Niño que lo llevó al Paraíso Eterno.  

Procesión de la imagen del Santo Niño de Praga 
¿Cómo llego a Praga? Se sabe que en la región de Córdoba y más concretamente en la casa de los Manríquez de Lara se veneraba al Niño Jesús. Cuando en 1566, la hija de la familia Doña María se casó con el noble bohemio Vratislav de Pernstejn a quien conoció en el séquito del emperador Maximiliano I, se llevó a Praga con ella, el Niño Jesús, como regalo de boda, pasando la devoción a su esposo,  muy apreciado en la corte imperial y Gran Canciller del Reino de Bohemia desde 1547. De este matrimonio vivieron dos varones y cinco mujeres de los veinte que tuvieron. Polixena, la más pequeña, favorita de Doña Maria heredo la escultura del Niño Jesús. En 1628 Polixena, al enviudar por segunda vez entrega la preciosa imagen al prior de la comunidad de Padres Carmelitas Descalzos de Praga, diciéndole: “Le entrego lo que más quiero, lo más precioso que poseo, adórenle y la fortuna les acompañará”. El prior se inclinó en veneración, tomó la imagen de las manos de Doña Polixena y la colocó en el oratorio. Ambos se arrodillaron y juntando las manos oramos ante Él. La luz de las velas iluminó el rostro del Niño Jesús de Praga que en ese instante pareció sonreírse.

Las gracias y maravillas innumerables debidas al “Pequeño Grande” (así llaman en Alemania al Niño Jesús de Praga), se divulgaron hasta en las comarcas más lejanas, con lo que su culto se ha extendido en nuestros días de una manera prodigiosa. “Sea bendito el Nombre del Señor ahora y por los siglos de los siglos”.

El Niño de Praga original, una imagen de cera de Jesús en su etapa infantil, fue esculpido en España en el siglo XVI, se encuentra en la Iglesia de Santa María de  la Victoria y San Antonio de Padua en la ciudad de Praga (República Checa). La imagen perteneció a Santa Teresa de Jesús y es considerada una imagen muy milagrosa, denominándose cariñosamente: “Pequeño Grande”.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

Cuenca, 16 de octubre de 2014

miércoles, 15 de octubre de 2014

Santa Teresa “Fémina Andariega”


"No hallo cosa con qué comparar la gran hermosura de un alma"


Guardo de mi infancia el recuerdo de una talla de Santa Teresa que tenía mi tía Angustias, la modista. Cuando por las tardes, después de salir del Colegio Español me dirigía a su casa a merendar y hacer los deberes del cole, siempre me paraba delante de esa imagen. El quince de octubre de cada año le solía poner una vela, permaneciendo encendida las veinticuatro horas de día. Me decía, hay tres cosas que hacen de ella algo entrañable, amable y admirable para todos: el ser española, el ser sublime y el ser humana, tres lazos que nos deben de unir y que hacer que podamos tener arrestos para conseguir semejarnos a ella.

Santa Teresa. Talla en madera policromada
La Santa, nació en Ávila, el 28 de marzo de 1515, de una familia de hidalgos. Su nombre completo era: Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada. Desde su tierna edad tuvo el deseo de la conversión de almas y ser mártir. A los nueve años de la mano de su hermano Rodrigo se iba a tierra de moros cuando un tío suyo los encontró y devolvió a la casa paterna. A los 18 años ingresó en el convento de Santa María de Monte Carmelo.

En el año 1555, a sus 40 años, una imagen de Cristo amarrado a la columna la transformó cambiando su vida. Seguido de las visiones de Cristo empieza su época activa, emprendiendo la reforma de la Orden Carmelitana.

A lo largo de su vida desarrolla una prodigiosa labor literaria. En 1562 escribió la Vida y el Camino de la Perfección; en 1563 las Constituciones de la Reforma del Carmelo; siguen las Fundaciones, los Conceptos, y otros libros que le merecieron de los Papas Gregorio XV y Urbano VII el título augusto de Doctora, que a ninguna otra mujer ha sido dado. En 1573, inmovilizada en Toledo por orden del Nuncio, entre abstracciones y apariciones, entre luchas con los demonios y contradicciones de los hombres, acaba en seis meses el libro inmortal de “Las Moradas” que como diría Fray Luis de León: “expone la más generosa filosofía  que jamás imaginaron los hombres”.
Celebración litúrgica. Catedral de Cuenca

No puedo dejar de mentar el primer capítulo de este libro de “Las Moradas” en el que trata de la hermosura del alma: “Es considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o cristal muy claro a donde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas. Que si bien lo consideramos no es otra cosa el alma del justo, sino un paraíso a donde dice ÉL tiene sus deleites. Pues ¿Qué tal os parece que será el aposento donde un Rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo cosa con qué comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad. Y verdaderamente, apenas deben llegar a nuestros entendimientos, así como no pueden llegar al considerar a Dios pues. Él mismo nos creó a su imagen y semejanza. Pues si esto es, como lo es, no hay para qué cansarnos en querer comprender la hermosura de este Castillo, pues se criatura, basta decir su Majestad es hermosa a su imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del alma”.
Procesión de Santa Teresa con la tuna al fondo. Plaza Mayor de Cuenca

Fundadora de treinta y dos conventos de la Orden Carmelitana, pasó su vida en ininterrumpida actividad. Tan grande, que ha merecido el sobre nombre de “Fémina Andariega”, y así, a lomos de un pollino o en un carricoche cualquiera por los caminos abrasados del sol o los ventisqueros de nieve, marcha ella, latiendo bajo el sayal su corazón apasionado por el Amor que la abrasa en ansias de fundar muchas casas donde haya muchas almas que amen a su Creador.

Reliquia de Santa Teresa
Entre otros conventos que pone en marcha están: “La Encarnación” de Ávila; Medina del Campo (San José), Soria, Caravaca, Sevilla, Villanueva de la Jara en nuestra provincia que también pisó la sandalia de la Santa Madre Teresa. De la fundación del convento de Villanueva transcribo un párrafo que la misma santa dejó escrito:
En el principio de estos grandes trabajos, que dicho tan en breve os parecerán poco y padeciendo tanto tiempo, ha sido muy mucho estando yo en Toledo que venía de la fundación de Sevilla de MDLXXVI, que me llevó cartas un clérigo de Villanueva de la Jara del Ayuntamiento de este lugar que iba a negociar conmigo admitiese para Monasterio nueve mujeres que se habían entrado juntas en una ermita de la gloriosa Santa Ana que había en aquel pueblo, con una casa pequeña cabe ella algunos años habían y vivían con tanto recogimiento y santidad, que convidaban a todo el pueblo a procurar cumplir sus deseos que eran ser monjas. Escribióme también un doctor; cura que es de este lugar, llamado Agustín de Ervias, hombre docto y de mucha virtud (este sincero admirador de Santa Teresa y su Reforma, había sido canónigo de Cuenca, y por su afición a la cura de almas permutó la canonjía con el
Monjas Carmelitas portando las reliquias de su fundadora
párroco de esta villa, D. juan de Rozas), ésta le hacía ayudar cuando podía a esta santa obra”.

Aquella alma gigantesca dejó este mundo, pequeño para ella, en Alba de Tormes, a los 67 años de edad, el 4 de octubre de 1582.

Poetisa fue la Santa y trascribo su sentir, hizo de su amor su vida y de su vida amor a Dios:




Ya toda me entregué y di,

y de tal modo he trocado

que mi Amado es para mí

y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce cazador

me tiró y dejó rendida

en los brazos del amor,

mi alma quedó caída,

y cobrando nueva vida

de tal manera he trocado.

Que mi Amado es para mí

y yo soy para mi Amado.

Tiróme con una flecha

enarbolada de amor,

y mi alma quedó hecha

una con su Creador.

Ya yo no quiero otro amor,

pues a mi Dios me ha entregado,

y mi Dios es para mí

y yo soy para mi Amado.

                                               (Autora: Santa Teresa de Jesús)

Cuenca, 15 octubre de 2014

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

lunes, 13 de octubre de 2014

El ébola ¿La primera peste del siglo XXI?


La prevención y el aislamiento son las únicas armas contra el virus

Desde la antigüedad, todas las civilizaciones en diversas épocas, sufrieron el azote de las enfermedades epidémicas y todas ellas abordaron el problema a partir de tres elementos. En primer lugar se puso en marcha algunas medidas de carácter religioso-mágico, con el fin de aplacar a los dioses y fuerzas naturales. En segundo lugar, desde donde alcanza la documentación, se trató de utilizar el conocimiento científico a través de la actuación profesional de los médicos (1*) y también fue constante la implicación de los poderes públicos en la lucha para vencer la pandemia al ser un ataque a la convivencia social de un pueblo.

La peste de Azoth 
En el conocimiento sobre este tipo de enfermedades se encuentran algunas de las emblemáticas plagas de Egipto, que fueron impactantes en los relatos bíblicos (2*). Más adelante destaca la epidemia que afectó a los filisteos (peste Azoth, la gente enfermaba y moría de repente, nadie sabía la causa), que los hebreos interpretaron como el castigo divino por haberse apoderado del Arca de la Alianza. “Los que no murieron fueron atacados con tumores y los alaridos de angustia de la ciudad subieron hasta el cielo” (1 Samuel  5,12). Es curioso que esta pandemia manara de los efluvios que surgieron de la apertura del arca sagrada y relacionado con la violación del espacio Sacro. A ésta siguió otra que fue atribuido a los pecados cometidos por el rey David (3*) y es un hecho, en los escritos proféticos, la amenaza divina del castigo a través del hambre y la peste. Por el influjo bíblico en las civilizaciones occidentales han tenido cierto impacto icónico. Muchas veces estas enfermedades contagiosas mencionadas por la Biblia, se han interpretado como castigo divino.

Cuenca no se vió libre de ellas. La peste castellana de 1422 no es muy conocida y afectó principalmente a Cuenca, Ocaña, Alcalá de Henares y Sevilla. No faltan testimonios literarios que nos ayuden a establecer el panorama histórico de este brote de peste. Va a ser la crónica de Alvar García de Santa María la que nos suministra noticias sobre la propagación de ésta en el reino de Castilla: “Esto fizo el Rey, sin llamar sobre ello á Cortes, según se solía acostumbrar, por cuanto muchas partes del reino había pestilencia é era peligroso que á la corte viniesen gentes de estos tales lugares”. Y con relación a la situación de Cuenca nos lo relata la catástrofe Juan Fernández  de Valera “servidor e húmil fechrura” de D. Enrique, tras excusar su tardanza se dirige a su señor de esta manera: «... a duras penas so guarido de la landre, de la qual ha açerca de quatro meses que so pasionado. E en este comedio finó mi mujer e una fija mía, e toda mi familia, e Garçi Sánchez mi padre, e mis abuelos lo han Fernandes e su muger, e dos hermanos míos, e otros sobrinos e parientes e amigos muchos, tanto e en tal manera, señor, que fablando verdat a vuestra alteza, yo me siento muy solo e desabrigado en esta çibdat» (4*).


Parte del retablo de la Virgen de las Nieves en la Catedral de Cuenca. Inscripción sobre las petes acaecidas  
Y así tenemos escritos en el retablo de la Virgen de las Nieves, que acredita la intervención divina para las acaecidas de 1492 y 1717 y anteriormente a éstas, la peste sufrida en el primer años del pontificado de San Julián, representada en los cuadros de Bartolomé Mataranas (1573-1605), actualmente expuestos en la Capilla Honda de la Catedral de Cuenca. Éste pintor dedicó, allá por el 1595, diversos cuadros a la vida de San Julián. Es en uno de ellos, en el que representa “el Milagro de la Peste”, donde  elige como escenario el fondo de nuestra Catedral, concretamente en el margen izquierdo representa una parte de la fachada con dos de sus tres puertas principales y las escaleras de acceso.
La peste en Cuenca. Milagro  de San Julián.

Nuevamente y en nuestra época, un mundo globalizado, surge otro principio de pandemia, el ébola. Según el Coordinador de la ONU para el ébola, David Nabarro: “la aparición de nuevos casos fuera del continente propagador (África) no queda descartada ni en Europa ni  en ningún continente”. Según Nabarro, se trata de la peor emergencia sanitaria de todos los tiempos porque se ha declarado en un mundo globalizado, donde las distancias no existen: “con la hoja de ruta de la OMS estamos en el camino de controlar la epidemia y frenar los contagios gracias al despliegue logístico y a la formación de miles de personas para atender a los enfermos”. Según el último boletín de la OMS la epidemia persiste y las victimas aumentan. No hay ningún índice que permita concluir que está bajo control. La situación continúa deteriorándose y ya hay contabilizadas unas 8.399 víctimas de las cuales 4.033 son mortales. Por ahora la prevención y el aislamiento son las únicas armas contra el virus, porque para la vacuna habrá que esperar hasta mediados de 2015.

Todo esta intranquilidad social que estamos viviendo nos lleva a la desconfianza, tal vez, como en aquella época anterior que relato, la gente se olvida de lo que es un virus y deposita la causa de lo sucedido a la malevolencia de agentes humanos enemistados con el resto del mundo, ya no a los dioses. No hay que ponerse trágicos, en nuestros días se resuelve gracias al mecanismo infalible de la víctima propiciatoria o chivo expiatorio que consiste en designar aleatoriamente un culpable y dirigir contra él toda la agresividad social. Podría haberse escogido entre enfermeras, médicos, celadores pero estamos acostumbrados a elegir políticos. Hemos de pensar que ni en la actual epidemia de ébola ni las pestes de otros tiempos, que he expuesto, tiene ni tuvieron propagadores conscientes y voluntarios ni gente que quieran ser portadores de la infección ni de su contagio, seamos conscientes y civilizados y esperemos que esta pandemia sea controlada adecuadamente por quien tenga el poder de hacerlo.
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico
Octubre de 2014
_________________

(1*) La bibliografía sobre medicina en la antigüedad es particularmente numerosa y existen monográficos dedicados a la medicina de las civilizaciones – NUTTON, V. Ancient. Medicine. Nueva York. 2005. Historia universal de la Medicina. Barcelona. 1972.

(2*) The Plagues of Egypt. Archaeology, History and Science look at ehe Bible, New Jerey, 205.

(3*) “Yahveh envió la peste a Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado y murieron  70.000 hombres del pueblo” (1 Crónicas 21,14) y (2 Samuel 24,15).

(4*) Alvar García de Santa María. Cronista de Juan II. CODOIN, XCIX, p. 310.

 

viernes, 10 de octubre de 2014

LA VIRGEN DEL PILAR Y LA DEVOCIÓN CONQUENSE

La devoción mariana en Cuenca rezuma por sus hoces

Una de las cosas que me decía mi abuelo Sabino sobre la catedral, fue que sus piedras fueron colocadas para conformar el soberbio y maravilloso templo catedralicio, sirviendo de relicario de Santa María Virgen y sirviera de aposento a la imagen que veneraba y rezaba el vencedor de las Navas y conquistador de Cuenca, La Virgen de las Batallas, hoy la Virgen del Sagrario.

Los primeros aromas que aspiró el pueblo de Cuenca reconquistado fueron aromas de Rosa de los campos y del Lirio de los valles y a Ella, a la Virgen, se dedicaba el primer templo gótico de España que es nuestra Catedral. Corría la segunda mitad del siglo XIV y la sinagoga del barrio de la Judería (Calle de Zapaterías y Mangana) se convertía en Santa María la Nueva. Cuenca guarda una honda devoción mariana y a los hechos me remito: la Virgen de las Angustias y la Virgen de la Luz  ¿Cómo no habría de existir una devoción a la Pilarica que es el pilar básico de nuestra piedad mariana?

Virgen del Pilar . Catedral de Cuenca
No sé si habrán caído en la cuenta que nuestra Catedral alberga una capilla dedicada a la Virgen del Pilar. Está situada en la nave sur y es la primera capilla que nos encontramos. Fundada en 1769 por el Canónigo Diego Lujando. Es obra del arquitecto Martín de Aldehuela, que en 1770 terminó su trabajo. Está concebida como un pequeño templo disponiendo de crucero con linterna y presbiterio. Sobre las paredes hay seis relieves de estuco que representan a San Julián y la Virgen, aparición de la Virgen a Santiago, la Virgen con niño, el milagro de Calanda y la imposición de la casulla a San Ildefonso. En la bóveda de la linterna, pintado al fresco, la coronación de la Virgen. El altar es de madera policromada presidido por la Virgen del Pilar y a los lados dos tallas policromadas, un Niño Jesús y San Juan Bautista Niño de finales del Siglo XVII firmadas por el napolitano Nicola Fumo (1*).

Sepultura de Doña Luna
Por la tierras conquenses pasaron y yace en la Catedral Doña Teresa de Luna, aragonesa y madre del invicto y general Cardenal D. Gil Carrillo de Albornoz, figura prócer conquense. Quiero traerles aquí lo que cierto día escudriñando en los archivos catedralicios encontré cierta información que acredita los principios de la devoción de nuestra ciudad a la Virgen del Pilar: “Año 1401 el 22 de junio, miércoles. Este día di al pintor por pintar la imagen de Santa María del Pilar de la Claustra 50 maravedíes”. “Jueves, se comprar una cuerda para la lámpara de la Virgen del Pilar”.  Esto acredita que en los albores del siglo XV ya existía la devoción a la Virgen del Pilar tomando asiento en nuestra Catedral.

No quiero cerrar éste artículo sin mencionar que hoy, día de la Hispanidad, celebra la Iglesia Católica la Fiesta de la primera devoción mariana que existió en el mundo. Hoy fiesta de la Virgen del Pilar, bajo su manto nos ponemos afirmando nuestra fe católica celebrando el descubrimiento de América y llevando allí nuestra religión y nuestra lengua, que según afirmaba Carlos V es la lengua hecha para hablar con Dios. Sintámonos orgullosos de hablarla.

Cuenca, 8 de septiembre de 2014

José María Rodríguez González. Profesor e Investigador Histórico.

(1*) Nicolò o Nicola Fumo (1647-1725) fue un arquitecto y escultor barroco italiano que fue considerado uno de los más destacados exponentes de la estatuaria napolitana en madera.

lunes, 29 de septiembre de 2014

LAS TORRES MUDAS DE UNA CIUDAD DESENCANTADA


El valor de una ciudad se lo dan sus habitantes

El otoño ha comenzado, las hojas de los chopos se tornan de oro dejando a cada minuto una alfombra de color amarillo y ocre, el día se acorta y la melancolía se adueña de los corazones. Ha trascurrido más de un siglo desde el hundimiento de la torre del Giraldo y desde ese fatídico 13 de abril de 1902 la Catedral ha enmudecido, ya no se escucha el ronco sonido de la “Santa María” y “San Julián”, ni el más leve de esquilones y cimbalillos; ya no suena la “Santa Bárbara” ni la del reloj, que iba lentamente desgranando sus horas. Callaron sus ecos, mucho tiempo ha, y hoy arrinconadas boca abajo en cualquier rincón, rememoran aquellos tiempos en que, suspendidas en las alturas, llamaban a los fieles con sus voces bronceadas a los actos litúrgicos de la comunidad cristiana. Contaban quienes las oyeron que en la hora prima las campanas de la Catedral con su voz ronca, honda, grave y majestuosa, desparramaba sobre la ciudad sus notas como pedriscos del sonido que llegaban al corazón de cada casa conquense para implorar a Dios que no cesara nunca sus sones de paz y cristiandad y les concediera la gloria eterna.
Torre de San Gil



Torre de la Iglesia de San Miguel
Es el lenguaje de las torres el sonido de sus campanas; si éstas faltan, aquéllas perdieron algo de lo que es su vida, la expresión del por qué y para qué de su existencia. Las torres de las antiguas iglesias de San Miguel, San Andrés, Sto. Domingo y San Gil. San Gil: ”Jardín de los Poetas” convertido en nido de ruinas inhábiles por la dejadez de nuestro ayuntamiento, ni siquiera la voz de nuestros poetas pueden resonar en su recinto, años de parsimonia y falsas promesas que viene acallando la voz poética de un barrio que añora sus tiempos de esplendor como esas noches de poetas, bajo la torre de San Gil, en los albores de mi alumbramiento. El domingo 9 de septiembre de 1956, se homenajeaba a D. Luis Astrana Marín. Noche en la que intervinieron con sus poemas: Eduardo de la Rica, Andrés Vaca Page, D. Miguel Valdevieso, el Padre Carlos de la Rica, Mauricio Monsuares y Federico Muelas; viniendo a coronar la noche la poetisa, Acacia Uceta, con un excelente poema. El Sr. Alcalde cerró la velada. Afirma el cronista que ese día se dejó muchas ideas claras sobre Cuenca y flotaba en el aire sosegado de la noche la emoción y la renovación de los votos de que éste lugar fuera para siempre recinto de poesía y amor por Cuenca, promesas truncadas en nuestro tiempo. 
Torre de la Iglesia de San Andrés

Pues bien, estos gigantes, actualmente son torres mudas que muestran sus desnudos ventanales al viento, cual cuencas vacías en ojos ciegos. Perdieron sus campanas, su medio de expresión, su culto y poco a poco van perdiendo su vida. Hoy todavía las vemos enhiestas. Si el silencio de la Catedral se rompiera y pudiéramos escuchar el sonido de una tan sola de sus campanas os aseguro que nos acordaríamos más de ella y se estremecerían nuestros corazones al conjuro de su vieja voz.


Nostalgia otoñal, sí me hubiera gustado escuchar cómo cantaban las campanas de nuestra Catedral. El otoño aviva la melancolía en nuestro interior, tal vez sea por eso que piense que quizás mis ojos se cierren antes de que pueda oírlas; no sé cómo eran, ni si aún existen; las únicas referencias que de ellas tengo son las que pude leer en Muñoz y Soliva.
Torre de San Juan

¿Cuántas campanas había en la torre y cómo las llamaban? Abramos los legajos de los archivos y exploremos su nacimiento: Allá por el año 1674, se fundieron seis campanas para nuestra Catedral. Fueron sus artífices Agustín de Arena y su hijo Juan, vecinos de Teruel, y Antonio de la Puente Montecillo. Las dos campanas mayores llevaban por nombre “Santa María” y “San Julián”, de cuarenta y seis y medio quintales (4.605Kg.), y treinta y cuatro quintales (3.400kg.) de peso; seguían el esquilón, llamado “San Salvador” de cuarenta y cuatro arrobas (506kg.) y “San Pedro y San Pablo” con cuarenta arrobas (460kg.); después los cimbalillos: “San Mateo” de diez arrobas (115kg.) y “Santa María” de ocho arrobas (92kg.). Posteriormente, se fundieron la “Santa Bárbara” y la campana del reloj.

Por su feliz colocación y terminación de la torre, se festejó con la suelta de toros enmaromados; diversión ésta a la que somos muy aficionados los conquenses. Para terminar esta reseña histórica desear que se den los pasos precisos para activar la reconstrucción de nuestra torre del Giraldo y que podamos oír el sonido de su voz como lo hicieran nuestros abuelos y antepasados.
Torre de Santo Domingo

Cuenca, 29 de septiembre de 2014

José María Rodríguez González. Profesor e Investigador Histórico

viernes, 12 de septiembre de 2014

Ferias y mercados desde la época de Alfonso VIII en Cuenca


EN EL 8 CENTENARIO DE LA MUERTE DEL REY ALFONSO VIII

 Esta tarde he subido al casco antiguo de la ciudad y me he encontrado con un mercado medieval  fascinante. No puede dejar pasar la ocasión para hablaros de los mercados en la ciudad de Cuenca empezando por los de la época de Alfonso VIII. Mi enhorabuena a los organizadores de estas recreaciones medievales que dan un aire distinto a esta ciudad encantada.

Los primeros antecedentes que sobre mercados tenemos en Cuenca, se remontan a la Ley 25 del Fuero, en que Alfonso VIII concede a la ciudad la celebración de una feria, que no es sino un mercado más espaciado en el tiempo y con mayor concurrencia que las corrientes y generalmente al amparo de alguna festividad que ya de por sí atrae forasteros y da lugar, por tanto, a mayor afluencia de público.

La Feria concedida por el Fuero, tenía quince días de duración, empezando una semana antes de Pascua de Pentecostés y terminando una después y el que venía a ella estaba “garantido” de bienes y personas, al extremo de que, quien causare algún perjuicio al feriante, era castigado con pena de mil maravedíes, que, en caso de insolvencia se convertían en despeñamiento, si no había habido lesión, pues de existir alguna se le cortaba la mano, y si hubiera resultado homicidio perdía la vida y era enterrado debajo del muerto.


A las primitivas concesiones de celebración de ferias y mercados, se unió después la supresión del pago de alcabalas en algunos de ellos, como privilegio a la ciudad a que se concedían, pues se aumentaban la afluencia de feriantes y, por tanto, el volumen de las transacciones, al verse libre de pago que, ya con carácter general y como renta de la Corona venía cobrándose, aunque con carácter temporal y transitorio, desde las Cortes de Burgos de 1342, bajo el reinado de Alfonso XI y que se llamaba alcabala del viento cuando se cobraba por ventas hechas en los mercados, conociéndose además la fija correspondientes a transacciones hechas en los puntos de residencia de comprador a vendedor y la de alta mar para las importaciones del extranjero.

Estos mercados o ferias en que se suprimía el pago a las alcabalas, en todo o en parte, y que recibían el nombre de Francos, necesitaban privilegios especiales de la Corona, por la renuncia que ésta hacía a la percepción del impuesto, lo que disfrutaba la concesión de nuevos privilegios y aun se llegaba a desvirtuar los antiguos, pues por Enrique IV otorgó en 1465 el privilegio de Franco con plazo limitado; confirmado después varias veces, no lo fue sin embargo, ni que a cada término del privilegio no tuviera necesidad de Concejo, no ya de pedir su renovación, sino de reiterar su petición varias veces, que siempre costaba trabajo concederlo, acaso porque a pesar de la disposición de Enrique IV sobre pago de los impuestos en el punto de procedencia de las mercancías, se tuviera en la Corte en convencimiento de que estaba bien llamada del viento esta alcabala, por lo fácil de que se perdiera su cobro, no faltando tampoco en Cuenca el caso de que visto que tardaba mucho la concesión, se llegara a la implantación de la franqueza por algún Corregidor falto de paciencia; pero esto merece ser tratado en otra ocasión.

El aumento y memora de los medios de comunicación quitaron importancia a ferias y mercados y las nuevas modalidades gubernativas hicieron desaparecer la necesidad del real permiso para establecimientos; bastando, después del Real Decreto de 1853, que el acuerdo del Ayuntamiento se trasladara al Gobernador de la provincia y desde la Ley municipal de 1877 es de la exclusiva competencia de las Corporaciones locales cuando se refiere a ferias y mercados, sin más limitación que su no establecimiento en domingo en virtud de disposiciones posteriores.

Cuenca, 12 de septiembre de 2014

José María Rodríguez González. Profesor e Investigador Histórico

 

martes, 2 de septiembre de 2014

Las vaquillas de San Mateo


Las fiestas de San Mateo en Cuenca

La lidia de vaquillas se ha desarrollado a lo largo de los siglos como una forma de demostración de valentía. En Roma se representaban espectáculos con “uros” donde se mostraba las dotes de cazadores de sus participantes. También se utilizaban estos animales para enfrentarlos con gladiadores o en las ejecuciones pública de los cristianos, en la época de las persecuciones.
.
En la edad media la práctica taurina del laceo de toros se inicia con Carlomagno, Alfonso X el Sabio y los califas almohades. Este tipo de fiesta se consolida en España en el siglo XII. Estos espectáculos se practicaban en las plazas públicas y lugares abiertos como parte de celebraciones o victorias bélicas. En Cuenca, la tradición cuenta que el rey Alfonso VIII para divertimiento de su tropa, después de haber tomado la ciudad se soltaron unas vaquillas.

Estos espectáculos han despertado polémica desde sus comienzos entre partidarios y detractores. Vivimos en una época en que se ve a los animales de un modo especial, como si fueran personas, tal vez humanizando a éstos como en las fábulas de Esopo, sin darnos cuenta que prácticamente todos los pueblos españoles tienen alguna tradición unida a los toros. Por otra parte no cabe en el círculo de la civilización de nuestra época, pero procuramos conservarla a costa de mucho esfuerzo porque son parte de la identificación de nuestra historia y de nuestra cultura, todos deseamos su celebración, puesto que nos recuerda  vivencias de nuestra niñez y adolescencia.


En España tenemos ejemplos de gran arraigo taurino como el de Pamplona que acostumbra, desde tiempos inmemorables, a recorrer por las calles los toros bravos que después serán lidiados en las corridas de San Fermín y Teruel con su Vaquilla del Ángel. Le tengo cierto cariño a esta ciudad, os contaré que el escudo de la ciudad parte de una leyenda en el que el Rey Alfonso II y sus adalides (guías), en 1171 andando en busca de un lugar apropiado para construir una villa llegaron al cerro donde hoy existe Teruel y hallaron un toro grande en su cima, y siendo de noche se apreció sobre su lomo una estrella brillante, siendo presagio de buena suerte, tomaron como blasón de armas el toro y la estrella, formando el topónimo de Teruel. Desde entonces el toro y Teruel han estado ligados a sus fiestas y festejos. Pero a lo que vamos. Las fiestas de la “Vaquilla del Ángel” en Teruel, están dedicadas al Santo Ángel Patrón de la ciudad, rememoran la legendaria fundación de Teruel tras la toma de la fortaleza musulmana a la que le condujo un toro bravo.
Cuenca no podía quedar al margen de estas fiestas, fiestas de valor torero. Nosotros tenemos “Las Vaquillas de San Mateo”. Vaquillas que lo mismo alegran el corazón de los niños que el de los mayores y que todavía constituye el más preciado joyel que las autoridades pueden regalar al pueblo de Cuenca, tan amante de sus tradiciones y costumbres.

La vaquilla de San Mateo tiene su origen en el año 1581. El Concejo de entonces, de acuerdo con el Cabildo Catedralicio determinó fijar como fiesta el día 21 de septiembre, día de San Mateo, en conmemoración de la conquista de Cuenca por Alfonso VIII, mandando que la víspera de dicho día se hicieran hogueras e iluminaciones por todas las calles y plazas de la ciudad y que el día del Santo se corriesen toros en la Plaza Mayor y se hiciesen mascaradas.

Este acuerdo fue pregonado, en el citado año de 1581 con los atabales (tambores) y trompetas por la ciudad.

Existe además otro documento, es una solicitud escrita por el vecino Alfonso Muñoz Cejaudo, en el año 1529, dirigida al Licenciado Luis de Bracamonte, Juez de Residencia, en esta ciudad por sus Majestades. En ella se pide que las vaquillas se celebren en el coso de Huécar-explanada donde está el molino de cemento de San Martín, allí tendrían más vistosidad las corridas de toros; sitio éste que por su anchura, podría ser el festejo visto por todos, sin que hubiera bullicio ni escándalo; pues la Plaza Mayor, donde se levantaban andamios y al subirse mucha gente en ellos se cargaba mucho peso por  lo que solían hundirse, rompiéndose la gente brazos y piernas. Además indica que estando los señores Canónigos en el Coro, entraban los toros en las naves de la Catedral y tenían que cesar los rezos produciendo gran pánico entre los que llevaban los ciriales y el incensario. Dice también el vecino Muñoz, que por la mucha aglomeración de público en la plaza, los toros herían a muchos.

Hay otro precedente y fue en 1642, cuando vino a Cuenca el Rey Felipe IV, entre las fiestas que se organizaron en su honor figura una corrida de toros celebrada de un modo original, pues se montó un amplio tablado sobre las aguas del río Júcar que sirvió de plaza a las variadas suertes de tauromaquia a la que los conquenses eran aficionados.

La Vaquilla de San Mateo ha constituido la festividad preferida por el público conquense por todos los actos que constituía el programa de las fiestas de San Mateo. No había ni un solo conquense de raigambre que quedase, estos días, sin presenciar el festejo o tomar parte activa en él. Ha sido siempre una verdadera locura lo que Cuenca ha tenido por esta divertida fiesta.

Cuenca, 2 de septiembre de 2014

José María Rodríguez González. Profesor e Investigador Histórico