jueves, 25 de marzo de 2021

Viernes de dolores en tiempos de pandemia. 26 de marzo de 2021.

   En este segundo años que venimos padeciendo los estragos de la pandemia del COVID-19 y sus variantes diversas, nos vemos en la necesidad de no poder asistir con normalidad a la visita obligada de los conquenses a su patrona, la Virgen de las Angustias en el VIERNES DE DOLORES.

La devoción a la Virgen de los Dolores, en nuestro caso con la advocación de las Angustias, es sin duda una de las más antiguas de la Iglesia. La encontramos en todo tiempo en el mundo selecto de las almas que enternecidas por el espectáculo de la sublime escena del Calvario, se propusieron honrar según merecía el profundo misterio de la compasión de María en los sufrimientos de Jesús. “Las palabras afectuosas y compasivas de la Virgen durante el curos de la Pasión, nos muestra bien la veneración que los fieles han sentido en todo tiempo por las amarguras de esta divina Madre afligida hasta tal punto, que la Iglesia la honra con el glorioso título de Reina de los Mártires”.

Según una respetable tradición traída por Marchese, en su “Diario de María”, se remonta a los tiempos de los apóstoles el origen de esta devoción. Hacía dos años que la Virgen había muerto. Apenado san Juan por el dolor de la separación, suspiraba por el día afortunado en que le sería otorgado volver a ver en el cielo a la que tan tierna, y filialmente había amado en la tierra, a aquella cuya sola presencia había convertido la vida del Apóstol en un verdadero paraíso sobre la tierra. Embebido en estos pensamientos, se pasaba por los lugares que le recordaban a María, y de manera especial por el Calvario donde tan cruelmente había sufrido; los dolores de la Virgen eran de continuo la materia de sus piadosas e incesantes meditaciones. Aconteció que un día quiso el Salvador consolar al tristeza del Apóstol y se le apareció acompañado de María y el discípulo amado oyó a la Virgen pedir a su divino Hijo una gracia particular a favor de las almas devotas de sus dolores, gracia que nuestro Señor otorgó en el acto prometiendo que cualquiera que fuese fiel a esa devoción haría antes de morir penitencia de sus pecados y sería preservado de las llamas del infierno.





Cuenca, 26 de marzo de 2021.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

sábado, 20 de marzo de 2021

San Benito. Festividad del 21 de marzo. (11 de julio).

     La fiesta de San Benito Abad se celebra en la actualidad el 11 de junio, aunque hasta la ordenación del nuevo calendario litúrgico por el Concilio Vaticano II, se ha venido celebrando el 21 de marzo que es el aniversario de su muerte. Esto fue debido al querer librar de los santos más importantes y reconocidos, el tiempo de Cuaresma. No obstante querido traer al presente este gran Santo al que se le debe la mayoría de las Reglas con que se dirigen las órdenes religiosas.

San Benito es el patriarca de los monjes de Occidente, es comparado con Abraham, el padre de los creyentes, porque Dios le bendijo también con una posteridad más numerosa que las arenas del mar y las estrellas del celo.

Nació en Nursia de Umbría por el año 480, de noble familia, se consagró en Roma, pero muy pronto abandonó esta ciudad, a causa de la inmoralidad reinante entre sus condiscípulos, y se refugió primero en Enfide, pueblo de Sabina, y luego en una caverna enclavada en el valle del Anio, cerca de Subiaco, donde se dedicó a la oración y penitencia. Describiendo la fecundidad de este retiro, del que se dijo: “Lo que de allí salió por la gracia de Dios es más grande que la encina poderosa salida del grano que arroja un niño al margen del camino; más grande y duradero que cuanto han realizado el genio y la espada; después del árbol de la Cruz. Dios no ha plantado en la tierra nada tan magnífico y que haya producido tantos frutos. En el mundo no había nada más que fuerzas destructoras. Dios arrojó entre los peñascos aquel joven desconocido, aquel niño desnudo ara tomar por esposa la pobreza y engendrar de ella una raza de héroes que habían de resistirlo todo, vencerlo todo y restaurarlo todo. Aquella gruta era el abrigo de la civilización. Todo estaba en germen invisible en el hueco de las rocas de Subiaco. Allí se había de formar el gran Seminario de Cristo, plantel de obispos, de Papas, de civilizaciones, de doctores y de maestros del mundo”.

La semilla de frutos tan prolíficos fue la Regula Monasteriorum, que redactó San Benito en las soledades del Subiaco para los dice monasterios que allí nacieron en torno suyo. En cada monasterio puso doce monjes y un abad, como queriendo reproducir el Colegio de los Doce Apóstoles bajo la dirección de Cristo. Nobles romanos como Equico y Tertulio le entregaron sus hijos, San Mauro t San Plácido, a los cuales profesará siempre un cariño tierno y profundo.

Veinte años llevaba en las cercanías de Subiaco cuando se vio forzado a abandonarlo por las intrigas que maquinaban contra él clérigos envidiosos. Se desterró el mismo a la montaña de Casino, allí sube el Santo y funda el monasterio que será cuna y centro de la Orden Benedictina.

San Benito murió hacia el año 547. Alma pura, que para vencer las seducciones de la carne se arrojó en los años de su vigor corporal sobre unas zarzas y espinas; voló a su Creador después de haber hecho abrir el sepulcro seis días antes de su muerte. Se hizo llevar a la iglesia, recibió los Sacramentos y, apoyado sobre sus discípulos, murió para vivir eternamente en el cielo.

Cuenca, 21 de marzo de 2021.

     José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

 

martes, 16 de marzo de 2021

La reliquia de la corona de espinas y Luis IX de Francia


SEGUNDO VIERNES DE CUARESMA


Siguiendo con los relatos de los viernes de Cuaresma hoy os traigo como consiguió la reliquia de la Corona de Espinas el rey de Francia Luis IX que llegó a ser San Luis IX de Francia.

Cuenta la historia que San Luis IX de Francia, cuya generosidad hallaba remedio para todos los infortunios, había auxiliado con importantes cantidades a Balduino II, último emperador latino de Constantinopla, cuyas necesidades pecuniarias fueron extrema en la guerra onerosa que sostuvo contra los búlgaros. El desgraciado príncipe, llegó a Francia den demanda de subsidios, acabó por declarar a San Luis IX que sus ministros, carentes de recursos, iban a verse en la necesidad de empeñar a extranjeros la sagrada corona de espinas, venerada en su capilla imperial.

Como viera la penosa impresión que sus palabras producían en el santo rey, aprovechó la ocasión de agradecerle sus múltiples liberalidades y añadió: “A vos, que sois mi primo, mi señor y mi  bienhechor, y al reino de Francia que es mi patria, desearía ofrecer ese precioso tesoro. Os ruego que lo aceptéis como un puro don”. San Luis complacido aceptó la ofrenda.

La menor dilación podía hacer fracasar sus combinaciones. Sin demora envió a Constantinopla a dos religiosos dominicos, Santiago y Andrés, uno de los cuales había sido prior de un convento de la mencionada ciudad y había tenido ocasión de ver la santa reliquia.

A su llegada se enteraron de que los ministros del emperador obligados por extrema necesidad habían empeñado a los venecianos, mediante una gran cantidad de dinero, la corona de espinas. Ya se había sacado la reliquia del palacio real y estaba en depósito en la iglesia que los venecianos poseían en Constantinopla, dispuesta a ser llevada a Venecia y entregada a las personas que reembolsarían a los venecianos las cantidades que habían adelantado.

Los emisarios de Francia negociaron con presteza cerca de los ministros de Balduino y de los venecianos. Convinieron en entregar la corona de espinas a los enviados de Luis IX y llevarla a Venecia acompañada de los embajadores y personalidades de Constantinopla; en Venecia, los franceses pagarían a los venecianos la cantidad convenida y se encargarían de llevar a Francia el sagrado tesoro.

Este programa se cumplió al pie de la letra. Antes de salir de Constantinopla, los dos dominicos tomaron las providencias necesarias para asegurar la autenticidad y la conservación de la reliquia. El arca en que se guardaba se selló con los sellos de los nobles franceses. El viaje fue visiblemente bendecido. Se hizo la travesía del Mediterráneo en época desfavorable, o sea por Navidad del año 1238, y ninguna tormenta puso en peligro el navío.

Enterado el emperador griego Vatacio de la traslación y queriendo vengar el dominio momentáneo  que los latinos ejercían sobre los griegos de Constantinopla, envió varias galeras en persecución del preciado tesoro, pero por mucho que lo buscaron no dieron con el barco que lo llevaba. La Providencia velaba solícita por la sagrada corona. Llegaron felizmente a Venecia y fue depositada en la capilla de San Marcos.

Complacido el santo rey francés del feliz resultado de las negociaciones, cumplió sin vacilar lo tratado con los venecianos, adelantando la cantidad estipulada, pero exigió que pusieran una escolta para proteger la sagrada corona en lo restante del camino hasta  Francia.

Aquí me quedo por este viernes, pues aún nos restan unos pocos hasta el Viernes de Dolores. Queda pendiente para el próximo el recibimiento que hizo Luis IX a la Santa Corona a su llegada a Francia. Qué paso con la reliquia durante la Revolución francesa y por último os hablaré sobre la dispersión de las espinas por distintos países.

Un saludo y gracias por leerme.

Publicado en Cuenca, 17 de marzo de 2017

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

lunes, 15 de marzo de 2021

Efemérides conquenses del día 16 de marzo.

   Tres son los sucesos interesantes que ocurrieron en esta ciudad de Cuenca un 16 de marzo; el primero fue en el año 1408, siendo promovido a la mitra de Cuenca el XVII Obispo de esta diócesis, D. Diego de Anaya Maldonado de Salamanca. El segundo suceso acaeció en el año 1604, se hundió a las cinco de la mañana, un trozo de lienzo de muralla que hacía pared con la casa del mayorazgo de D. Alonso de Mendoza en el barrio del Alcázar, este lado daba a la vertiente del río Júcar. Se derrumbó haciendo gran estruendo lo que alarmó a los vecinos de todo el casco antiguo, cuando se disipó la cantidad de polvo que provocó el hundimiento, quedaron al descubierto gran cantidad de huesos, como si aquel espacio hubiera sido aprovechado como osario.

Es de destacar la tercera efemérides que no se dio en esta ciudad pero si en uno de sus hijos como fue Alonso García Ramón que un 16 de marzo de 1607 funda en Monterrey la factoría que había de ser el fundamento de la actual ciudad de Los Ángeles. Fue un gran hombre, bueno y fiel a España, que calumniado vilmente murió pobre después de haber prestado excelentes servicios a España.

El primer motivo que nos trae hoy es el nombramiento de nuestro XVII Obispo de Cuenca, D. Diego de Anaya, era natural de Salamanca, hijo de Pedro Álvarez de Anaya y doña Aldonza Maldonado; tuvo varios obispados: el de Tuy desde el año 1383 hasta 1390; el de Orense, desde 1390 hasta 1392 y el de Salamanca hasta 1408.

Fue maestro del rey D. Enrique III y de su hermano el Infante D. Fernando rey de Aragón. Siendo obispo de Salamanca en el año de 1390 asistió a una solemne Junta en Alcalá de Henares, con asistencia del rey D. Enrique y los Prelados de ambas castillas, para quitar la obediencia a Benedicto XIII y determinar el modo de gobernar las iglesias durante el cisma. El 16 de marzo de 1408 fue promovido a la iglesia de Cuenca y en el año 1414 fue enviado al Concilio de Constanza con Martín Fernández de Córdova.

Fue uno de los nombrados en el Concilio para elegir Pontífice y acabar con tan dilatado cisma, y resultó elegido el Cardenal Oton Colona, que tomó el nombre de Martino V.

Se instituyó en su Pontificado en esta Santa Iglesia las Abadías de Santiago y del Asey. Estuvo en Cuenca hasta el año 1417, y el 7 de marzo del año de 1419, asistió como Arzobispo de Sevilla a las Cortes que celebró el Rey D. Juan II en el Alcázar de Madrid, como se expresa en la crónica de dicho Rey.

Este sabio Prelado, digno rival de D. Gil Álvarez de Albornoz se cuenta un hecho en el que viendo en el Concilio de Constanza que alternaba su socio Martín Fernández con el embajador de Borgoña sobre el asiento preferente que había tomado y no quería dejar, el Obispo de Cuenca, viendo que no solo era Prelado sino también Presidente del Consejo de Castilla, se dirigió al sitio de la polémica, asió de un brazo al embajador de Borgoña y le arrancó del asiento en cuestión, y encarándose con Martín Fernández, le dijo: Yo, como clérigo, he hecho lo que debía: Vos, como caballero, haced lo que yo no puedo, si es necesario, por el honor de Castilla.

Murió en Cantillana año de 1437; su cuerpo fue trasladado a la Iglesia Catedral de Salamanca a una capilla que había edificado, y se le puso el epitafio siguiente: Aquí yace el Reverendísimo e Ilustre, y muy magnifico Señor D. Diego de Anaya, Arzobispo de Sevilla, fundador del insigne Colegio de San Bartolomé, fallecido año de 1437: dejó por su heredero a dicho Colegio mayor de san Bartolomé de Salamanca que había fundado siendo obispo de Cuenca en el año 1410.

Publicado en Cuenca, 16 de marzo de 2020.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

domingo, 14 de marzo de 2021

El puente de San Antón en Cuenca

Punto de partida para Madrid
    Entre los puentes que existen en Cuenca se ha llevado la palma el de San Pablo, del cual os hable hace uno días, hoy quiero abrir una ventana al puente que nos comunicaba con Madrid desde hace muchos años, hasta que se construyó el puente por la zona del barrio de Buenavista, siendo inaugurado el 22 de julio de 1978. 
    Según la hemeroteca del momento, desde 1941 la Dirección General de la Vivienda encargó al arquitecto Manuel Muñoz Monasterio el proyecto de Ordenación de la Ciudad de Cuenca, que sería aprobado cinco años más tarde. Se hace referencia en el mencionado informe, que entre otras dificultades de los accesos a la ciudad, del incomodo y único acceso desde Madrid era el puente de San Antón.

    Como dato curioso diré que en el año 1974 se presentó el proyecto en la Casa de Cultura “Fermín Caballero”, con exposición de dibujos y maquetas, siendo adjudicadas las obras a Entrecanales y Tavora.
    Sobre el río Júcar desde la época musulmana se aprecia la existencia de un puente sobre el río en la zona de San Antón. La documentación de esa época es nula por lo que solo se especula de cómo pudo ser. La descripción más certera que tenemos, ya en el siglo XIX, la hace Muñoz y Soliva, diciendo: “Se compone de dos grandes ojos de cantería tan fuerte que, cuando en 1822 se empezó a cortar el arco pequeño que hay sobre el machón a la parte de la ciudad, para evitar la entrada de la facción de Bessieres, vi saltar con los barrenos más fácilmente la sillería que la petrificada argamasa. En 1849 le dieron por ruinoso y se hizo uno de madera al frente de la huerta de Santiago, que ya no existe, y el ruinoso continúa dando paso a la diligencia y carros”.

    Esto es cierto porque en 1851 se determina su restauración por parte de las autoridades, diseñándose un armazón nuevo que sostuviera los arcos y se concluye con su restauración hacia 1867. Durante el periodo de restauración se suspendió el tránsito por él, instalándose uno provisional de madera en el paraje conocido como el Sargal. En 1868 se sustituyeron los pretiles de piedra por barandillas de hierro para permitir más espacio al tránsito y el acerado que podemos ver hoy en el puente se puso en las obras de mejoras llevadas a cabo en el año de 1995.

Publicado en Cuenca, 7 de marzo de 2019.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

sábado, 13 de marzo de 2021

Pandemias y pestes en la historia. Los casos que afectaron a Cuenca redujeron un 68 % su población, en el siglo XVIII

   Las enfermedades contagiosas en que se ha visto inmersa la sociedad han sido muchas y de distintos virus y procedencia. La más antigua de la que tenemos noticias escritas, con relación a la ciudad de Cuenca, procede del siglo XII, coincidiendo con la llegada de San Julián (1196), segundo obispo de Cuenca. El historiador Muñoz y Soliva hace el siguiente relato de los hechos: por los ruegos de vuestro Obispo tiene Dios a bien que cese esta plaga. Enmendaos vosotros de vuestros pecados.” (1*)
La peste y san Julián. Obra de Bartolomé Matarana siglo XVI.
La ciudad estaba invadida de peste…. Asistió a los cristianos apestados con limosnas, con los santos sacramentos y con fervorosas exhortaciones, y a los que morían les daba sepultura por si mismo… orando en la Santa Iglesia Catedral con algunos prebendados, para que cesase el cruel azote, se oyó una voz celestial que decía: “

 Sobre el origen de las enfermedades contagiosas que se dieron en el Medievo se alude, entre otras, a los efluvios de la descomposición de materia orgánica que había en el aire que se respiraba. También se imaginaba que la peste tenía un origen astrológico, como eclipses, alineación de planetas o por el paso de algún cometa, también de origen geológico por emanaciones de origen volcánico por las que eran liberados gases tóxicos. Ante la falta de conocimientos científicos fueron considerados fenómenos sobrenaturales atribuidos a la cólera divina por los pecados de la humanidad.
Portada de san Julián. Archivo Histórico Provincial de Cuenca.
Documento de 1643 que dice: "Yo, escribano del Rey nuestro señor, y público del número de la 
ciudad de Cuenca y su tierra, certifico y doy fe, a los que presente vieren, cómo por la
misericordia de Dios, Nuestro Señor, esta ciudad está libre de peste y otro mal contagioso, 
y se guarda de las partes donde se entiende lo ay...".

La peste negra a mediados del siglo XIV se extendió por los países del mediterráneo y el resto de Europa en pocos años. El foco inicial se produjo en Caffa (actual Feodosia), en la península de Crinea, a orillas del mar Negro.  Esta ciudad estuvo asediada por el ejército mongol, posible foco de la infección en el año 1346. Como anécdota se cuenta en las crónicas que los muertos por la pandemia de la peste negra entre las filas mongólicas eran arrojados con catapultas al interior de la población de Caffa, pero sería más probable que la infección penetrara a través de las ratas infectadas. De aquí pasó a Italia por los mercaderes genoveses y desde aquí se extendió a todo el continente. La población de la región italiana de la Toscana perdió una población entre el 50 y el 60 por ciento de sus habitantes. En la península Ibérica, se produjo una disminución de población entre el 60 y 65 por ciento. Se calculó que en la región de Navarra y Cataluña se sintió la pérdida entre el 50 y el 70 por ciento. En Europa la población se redujo de 80 millones a sólo 30 entre los años de 1347 al 1353.

Otra de las pandemias importantes fue la peste neumónica o pulmonar que al contagiarse por el aire el contagio era muy rápido. Cuando la bacteria afecta a los pulmones y a la sangre la muerte se produce de forma segura y en un plazo de horas. Dada la rápida muerte de los portadores, el contagio por esta vía se producía en un tiempo breve y su expansión fue más lenta.

Los historiadores sugieren que la peste bubónica fue de las que más afectó a las poblaciones. La transmisión se producía a través de barcos y personas que transportaban los agentes portadores, como eran las ratas y las pulgas infectadas, éstas eran transportadas en las mismas mercancías y por las mismas personas que traían esos productos propagando la peste por doquier. Las grandes ciudades comerciales eran los principales focos de infección, de éstas eran transmitidas a los pueblos y núcleos más pequeños. La Catedral de Cuenca guarda un recuerdo de esta peste bubónica que asoló Cuenca en el año 1285. Es el retablo de la ermita de Santa Ana, trasladado aquí en el siglo XVIII al hundirse la ermita de Santa Ana. En aquella época acudieron los habitantes de Cuenca a su mediación para que los efectos nefastos cesaran. El actual retablo y la pintura en lienzo sobre tabla, está fechada en el año 1400 y es de estilo gótico.

En el reinado de los reyes Católicos se dio otra peste en el año 1492, este hecho no es muy conocido, afectó a Cuenca, Ocaña, Alcalá de Henares y Sevilla. Y en el año 1717 se volvió a producir otra pandemia, en ambos casos el pueblo de Cuenca recurrió a la protección de la Virgen de las Nieves, organizándose una procesión por las calles de la ciudad, remitiendo el mal que acosaba a sus habitantes, por ello se juró guardar un día festivo al año, coincidiendo con su festividad y se levantó un altar en conmemoración de los hechos del que se puede disfrutar hoy en día en la Catedral de Cuenca.

Por último diré que en 1508 y 1509 se juró por esta ciudad de Cuenca celebrar todos los años la festividad de san Roque: “La peste hacía grandes estragos, y se decretó que los ayuntamientos se celebrasen (reuniones o plenos) fuera de su recinto. El primero se celebró en Albaladejito y otros en Chillarón, Cólliga y otras aldeas” (2*), según costa en su archivo. Desde entonces, cada 16 de agosto, Cuenca cumple con la tradición de sacar en procesión, por sus calles la imagen de san Roque.    En 1709 en Cuenca, a causa de la peste, de las malas cosechas por las plagas de langostas, hubo mucha hambre, esto hizo que su población menguara a unos 5726 habitantes, de los cerca de 18.000 que había a mediados del siglo XVIII, ocasionándose una reducción de población del 68 por ciento.
Retablo de la Virgen de las Nieves.
Catedral de Cuenca. Testigo de las pestes de 1492 y 1717.
  Ahora en nuestro siglo XXI, donde todo parece que está controlado se vuelve a dar una pandemia mundial por un extraño patógeno llamado coronavirus COVID-19. Fue el 31 de diciembre cuando se detectó el primer caso de la enfermedad en Wuhan. La denominación de los virus va cambiando, el Covid-19 es diferente a la que se utilizó en anteriores brotes de coronavirus, podemos recordar el SARS o el MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio). Mientras que se busca una vacuna contra este virus no queda más remedio que luchar contra él utilizando las armas disponibles para combatirlo o ¿habrá que retomar las creencias de nuestros antepasados y recurrir a la vía divina?

Publicado en Cuenca, 12 de marzo de 2020.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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Fuentes:

-Noticias, los Ilmos. Señores Obispos que han regido la Diócesis de Cuenca, Trifon Muñoz y Soliva. 1860. g.21

-Historia de la Ciudad de Cuenca. Trifon Muñoz y Soliva. Libro II. 1867. Pag.572.

viernes, 12 de marzo de 2021

Baños termales y fuentes principales de Cuenca y provincia. 3º parte

Baños de Valdeganga, Alcantud y otros
    Además de los balnearios tratados como los de la Isabela y el Solán de Cabras, que alcanzaron una popularidad real son muchos otros baños y fuentes curativas las que existieron en la provincia de Cuenca como “La fuente de la Aurora”, a media legua de Córcoles y poco más allá de los baños de la Isabela, que nacía también a orillas del Guadilea, y se decía que sus aguas eran semejantes y de temperatura más elevada. Escribieron sobre ellas el Dr. D. Pedro Gómez de Bedoya y D. Juan Gayan de Santoyo. D. Leoncio González, escribano que fue de Priego, construyó una casa para comodidad de los bañistas en 1850.
Baños de Valdeganga
        Junto al molino de Buendía existieron otro baño termal casi iguales a los de La Isabela y Córcoles, no siendo tan populares, pero de ellos escribió D. Martin Martínez; D. Francisco Suárez de Rivera; el traductor de la Medicina práctica del Dr. Heister; D. Miguel Ballesteros el referido Gayán y Santoya de lo saludable de sus aguas.

    De los baños de Alcantud, en la ribera del Guadiela, se cree que eran aguas aplicables a las escrófulas (hinchazones) y reumas, dan buenos resultados; pero sus instalaciones de alojamiento eran escasas, sólo poseían unas casitas como albergue.
    Mucho ha cambiado estos baños en la actualidad. Los Baños de Alcantud se extienden sobre una finca de 50 hectáreas de monte alto, en un entorno natural absolutamente privilegiado, destacando entre sus principales características naturales la existencia de un manantial declarado de utilidad pública desde el año 1.845. Dispone de una magnífica zona ajardinada que rodea todo el establecimiento y en medio, se encuentra la piscina de agua minero-medicinal, perfecto complemento de los tratamientos.

    En Vado Cañas, término de Requena, a orillas del Cabriel, había baños que eran muy concurridos por la gente del lugar. Escribió de ellos el Dr. D. José Jiménez, médico de Villamalea, un tratado que se imprimió en Orihuela en 1758.
    Al frente de Albaladejito estaba la famosa fuente Licona (Helicona) de aguas templadas y medicinales, en tiempos pasados se usaron sus baños. Entre Moya y Landete, a orillas del río Moya, estaba la famosa Fuente Podrida, que sin duda pasaba por mineral de azufre, según se deduce de su sabor, olor y del color que deja en su corriente. Obra maravilla con los problemas de dolores de estómago. En Mira, cerca del Cabriel, la Fuente Caliente se usaba en bebida y baños con buenos efectos.
    Los Baños de Valdeganga, a la margen izquierda del Júcar y a unas ocho varas de distancia, había tres manantiales de una antigua terma romana. El 25 de agosto de 1859 el Consejo de Sanidad aprobó estos baños que pertenecían a la sección de aguas minerales salino-ferruginoso-carbónicas, y según el análisis practicado por D. Mariano López, médico de la Parrilla, contenían gas carbónico libre, sulfato, cloruro y carbonatos de cal y de magnesio, sosa y potasa y el óxido de hierro. Las pozas estaban al descubierto y los bañistas se albergaban en un molino harinero, distante unos trescientos pasos, movido con el riachuelo de Valdeganga y raudales que surgen de la posesión de Juan Patiño, vecino de esta ciudad. En el año 1920 fue construido un edificio de tres plantas aunque se registró actividad desde el año 1876 e incuso antes.


    Se ha intentado su rehabilitación como balneario, en varias ocasiones, pero no han llegado a colmo. En el año 1967, un año antes de su cierre, del director de cine Carlos Saura, ambientó su película “Peppermini Frappé” en sus instalaciones.
    En Cañete, en el sitio Olmillo de la Peña, Pimpollar y Marín, hay en cada uno una fuente: la primera a orillas del río y a una distancia de una legua del pueblo; la segunda a una cuarta de legua, río arriba a orillas del río Grande en un ribazo y la tercera a un tiro de fusil de la Huérguina, dentro de una huerta. Bedoya las asemeja a la Fuente Podrida de Landete, pero no tienen igual olor y sabor. Quizás ignoran los del país estas buenas aguas por estar acostumbrados a las del Sargal de la Huérguina y de la Fuente de Grumiel, que está al pie de la sierra en el sitio del Tovar.

    En Enguídanos hay una fuente igual que la de Mira, en el sitio llamado Las Cayatas.
    En Valdecabras estaba la Fuente de Herro de Concejo, cuya agua se tiene por la más delicada de toda la sierra. La reina de Francia, Doña Ana de Austria, no bebía de otra y según Porreño, se la conducían a París en ciertas épocas en gran cantidad.

    En Cañizares hay una fuente periódica o intermitente llamada la Burlaca o Burladora, porque en verano es cuando se minora el manantial, en tiempos dados se agota de repente. En Fuentescusa, en la cumbre de la sierra hay una fuente y otra nace en el cerro Alcon, que es el recurso del pueblo.
    En Priego, en el desierto y sobre el convento nace la Fuente Loca, así llamada porque cayendo de pasmosa elevación sus aguas, según el impulso del viento, cae sus aguas a derecha e izquierda a gran distancia en un minuto.
    Finalmente en el término de Poveda de la Sierra, camino de Peralejos, se ve a temporadas la fuente de Boca negra, así llamada por el agujero de donde sale.

Publicado en Cuenca, 13 de marzo de 2019.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.