sábado, 24 de mayo de 2014

La Señora del Candíl (Vivencias con mi abuelo)


LA SEÑORA DEL CANDIL (Virgen de la Luz)

Entre la leyenda y la realidad de los hechos

Acercándose la festividad de la Virgen de la Luz, y como todos los domingos me dirigí hacia la Plaza Mayor, a casa de mis abuelos para acompañar a misa de doce en la Catedral, a mi abuelo Sabino. Al salir del Templo mi buen acompañante me dice: “hoy Josemari nos vamos a Mangana que
Torre de Mangana antigua
te voy a contar unas cosas. Recuérdalo porque es muy interesante”. Dirigimos nuestros pasos hacia la plaza de la Merced y entre las callejuelas divisamos la Torre de Mangana y señalando con la garrota la Torre me dice: “¿Sabías que para subir a lo alto de ella hay 108 escalones y que hay que darle cuerda cada ocho días? No abuelo. Prosiguió hablando y me dijo: ¿Ves las agujas del reloj? Pues cada una es más alta que tu. Para que se puedan ver desde lejos miden, el minutero 1,80 metros y la aguja de las horas 1,65 metros.

Poco a poco llegamos a lo alto de la Plaza de Mangana y mirando hacia el Noroeste, se divisaba todo el valle del Júcar. Señalando el actual barrio de San Antón, me dice: “allí fue encontrado en los años de la reconquista de Cuenca por el Rey Alfonso VIII, una imagen de la Virgen, ¿Quieres saber cómo sucedió? Si Abuelo, ¡Cuenta, cuenta! Nos sentamos en el murillo de la plaza y muy atento seguí su
Panorámica desde la Plaza de Mangana
relato. Era un día soleado, se divisaba toda la ciudad y el río Júcar con todo su esplendor. Cogiendo el pañuelo de su bolsillo, hizo un nudo en cada esquina y me lo colocó en la cabeza, ¡para que no cojas calor en la cabeza, que no llevas boina como yo!  Y comenzó: El rey D. Alfonso cuando llegó a Cuenca, acampó allí abajo – señalando con la garrota – y en su primera noche tuvo un sueño revelador indicándole que en una oquedad junto al río había oculta una imagen de la Virgen. Al amanecer mandó buscar por toda las oquedades rocosas y hallaron la imagen. En memoria del hecho mandó construir una ermita, hoy la iglesia de la Virgen de la Luz, pero no acaban aquí los hechos.

Puerta de Aljaraz 
 actualmente puerta de San Juan
¿Ves esas escaleras que suben desde el Juego de Bolos? Si abuelo, pues esa entrada a la ciudad se llama ahora Puerta de San Juan, en el siglo XII se llamaba Puerta del Aljaraz, por ahí entraron los soldados del Rey. ¿Cómo fue abuelo? Mira Josemari, Cuenca de siempre ha sido rica en rebaños de ovejas y en aquella época más que ahora. Los rebaños se llevaban en régimen comunal y había tres pastores que los cuidaban, entre ellos un pastor cristiano que ocultaba sus creencias por miedo a perder su vida, llamado Martín Alhaja.


Virgen de la Luz en la ribera del río Júcar
Una de las noches que volvía a la ciudad vió una luz que se movía en las orillas por las aguas del Júcar, llamándole la atención, al acercarse comprobó que la luz procedía del candil que sostenía en la mano una bella señora. Quedó sorprendido y como clavado en la tierra. La señora dirigiéndose a él le expresó que era la Virgen y que le traía un mensaje: “tú has de ayudar a los caballeros cristianos a conquistar la ciudad”. Martín no acertaba a dar un paso ni a contestar, ni a pedir explicaciones. La Virgen le dio ánimos y le indicó que ella estaría con él cuando llegara el momento. No pasaron muchos días cuando las tropas del rey Alfonso VIII llegaron a los pies de la ciudad y el día 20 de septiembre de 1177, cuando la patrulla de guardia cristiana divisa unas acémilas (ganado mayor) que estaban entrando en la ciudad, salieron tras de ellas pero llegaron tarde y desde las almenas de las murallas los repelieron. Al retirarse divisaron un rebaño que estaba escondido entre los arbustos y malezas de las orillas del Júcar. Cuando llegan a su altura con las armas en lo alto para hacer frente a los pastores del rebaño descubren a Martín  de rodillas con los brazos en cruz rezando, confesando que era cristiano y que por orden de la Virgen les facilitaría la entrada al recinto amurallado de la ciudad. Conducido ante el Rey, planean el modo de entrar en la ciudad. Martín afirma que por la puerta de Aljaraz, que es por donde normalmente entra, el portero es ciego, para percatarse del número de ovejas que entran, entreabre la puerta y tocando una a una van pasando, si faltara alguna dará parte y seré duramente castigado.


Virgen de la Luz en la ribera de Júcar
La noche del 20 de septiembre de 1177, siendo noche cerrada, sin luna, Martín con su rebaño, como días anteriores, recorre el camino de subida encaminándose hacia la puerta de entrada, dando la consigna del día, el guardián de las llaves de la puerta, abre con las precauciones de siempre. Los moros de la guardia no notan nada extraño. Entre las ovejas se cuelan soldados cristianos cubiertos con las pieles de las ovejas sobre sus espaldas, el ciego palpa y no encontrando nada anormal permite el paso. Apenas pasado el control los soldados sigilosamente pasan a cuchillo a la guardia mora y a los vigilantes de las almenas. A lo largo de la noche se sucedieron combates por las estrechas calles de la ciudad hasta que a las cinco de la mañana el Arráez moro (Caudillo o jefe árabe) rinde la plaza y éste acompañado de los principales de la ciudad bajan hasta el campo de San Francisco donde el Rey Alfonso VIII recibe las llaves de la ciudad.

Después de unos instantes quedamos ambos en silencio y le dije: ¿Abuelo eso es leyenda o realidad? Contestándome: Si nosotros nos limitáramos a la historia y no creyésemos en el milagro, terminaríamos por presentarnos ante el mundo como un pueblo aséptico, amoral (2*) 
Imagen de la Virgen de la Luz
y materialmente incapaz de sentir el triunfo que llueve del cielo. La Virgen de la Luz, con su candilito de plata fue alumbrando el camino de los hombres de Alfonso VIII hasta llegar a las puertas de Cuenca. Lejos está ya del tiempo pero la mano Divina tuvo que ver para entrar en la inexpugnable ciudad de Cuenca. La Virgen morena, por guapa y original; porque ama la fiereza del sol que tuesta las mesetas conquenses; morena, porque ella nos recuerda en su rostro celestial la victoria obtenida sobre los enemigos de lo limpio y puro. Esta Virgen morena quiso iluminar el camino con un candil símbolo del hogar. Sobre el puente nació una Luz. Esa Luz misteriosa que se viste de albores en la noche, noche de sombras y temores, de pasiones y flaquezas. Una luz maravillosa que arde sobre el agua, luz que se mira y se difunde con los juncos del agua y el murmullo incesante, una Luz poderosa que mira desde el Cielo.

Mira Josemarí, esa Virgen es milagrosa, ¿Cuánto de milagrosa abuelo? Te contaré un milagro que hizo la Virgen de la Luz y nos vamos que la Abuela luego nos echa la bronca porque llegamos tarde a casa. ¡Vale abuelo, cuenta!
Rey Fernando III el Santo
En el año 1226 llegó a Cuenca la reina Doña Beatriz de Suabia (1*), princesa alemana, muy bella y hermosa, hija del Emperador Federico, primera mujer del Rey Fernando III el Santo y el más grande de las figuras del siglo XIII, el rey Alfonso X, llamado el Sabio.

Se ha investigado mucho la causa de su venida a Cuenca. Concretamente no se ha podido averiguar, pero se sospecha que fuera una misión diplomática para ayudar al Rey de Aragón Don Jaime I en su guerra contra los moros de Valencia por ser Cuenca el bastión más avanzado del Reino de Castilla. A los pocos días de su estancia en nuestra ciudad a la Reina Doña Beatriz que se encontraba en periodo muy avanzado de embarazo de su hijo el Infante Don Felipe, le sobrevino una fiebre muy alta. La consternación fue general. A toda prisa  fue traído el famoso Pedro de Montpellier, físico de la Corte. El pronóstico fue pesimista. La Reina moriría.
Doña Beatriz de Suabia y Fernando III
Catedral de Burgos
Su hijo Alfonso X nos recuerda tan amargo trance en una de sus Cantigas:

“E porque esto decían,
non era sin razón,
cadáver al seu fillo,
estaba en a sazón.
E havia tan gran fever,
que quen a via enten, decía,
seguramente, desta non escapara.”

Se perdió toda esperanza humana. Sólo en un milagro del cielo estaba la salud de la Reina. Día y noche se hacían rogativas en la reciente creada Catedral. En solemne procesión fue trasladada la Virgen, Patrona de la Ciudad a la Cámara real. La Reina (dice la Crónica General) besó devotamente las manos y los pies de Nuestra Señora de la Luz y… ¡Oh milagro!... comenzó a reanimarse, remitió la fiebre y salvó su vida.

Dicha reina murió en Toro en el año 1235. Su esposo el Rey Fernando III el Santo, premió el celo y amor manifestado por los conquenses a favor de su Reina y el 25 de septiembre de 1229 concedió a la Ciudad de Cuenca el privilegio del sietmo (3*).

Tras la historia iniciamos ambos, abuelo y nieto, nuestro caminar hacia la calle Alfonso VIII, en la puerta de la casa nos esperaba, algo preocupada la abuela Florencia por nuestra tardanza. Dándoles un beso me despedí de ellos hasta otro día. Como niño bajé saltando de gozo pensando en todo lo que mi abuelo me había descubierto que como un pozo de sabiduría iba sacando pozal a pozal.
José María Rodríguez González
Profesor e investigador histórico
22 de mayo de 2014
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(1*)Beatriz de Suabia, fue bautizada con el nombre de Isabel (1205-1235) Noble alemana, reina consorte de Castilla y de León entre los años 1220 y 1235, casada con Fernando III de Castilla. Fue la 4ª hija de Felipe, duque de Suabia y rey de Romanos, y de Irene Ángelo, nacida ésta de Isaac II Ángelo, emperador de Constantinopla.
(2*) Con la palabra amoral se califica a los individuos que aún no poseen sentido de la moralidad, como en el caso de los niños.
(3*) Sietmo, referido a la séptima parte con que se quedaba el Concejo de todo pecho cobrado.


jueves, 15 de mayo de 2014

LOS RAYOS DE SOL, UN AÑO MÁS LLEGAN A LO MÁS PROFUNDO DE LA CATEDRAL DE CUENCA


EL MILAGRO DE LA LUZ EN LA CATEDRAL DE CUENCA

DEL 19 AL 22 DE MAYO DE 2014, A LAS 9:45 HORAS

Hace ocho años que presenté los resultados de la investigación sobre los efectos luminosos  que suceden, a través de un ciclo solar, en la Catedral de Santa María de Cuenca. Para darlo a conocer realizamos una exposición fotográfica en la sala de exposiciones de la CCM, conferencias (Histocuenca II) y una publicación bajo el título “Manto de Luz”. Desde entonces vengo difundiendo, en la medida que puedo y los medios de comunicación me permiten las maravillas que contiene nuestro principal Templo. Intentaré explicar, nuevamente lo más resumido posible, tal maravilloso hecho.

Estos efectos son heredados de las antiguas construcciones egipcias, griegas y romanas. Este ritual de luz está unido a la orientación del templo, estableciéndose una relación de la  fábrica con el Cosmos. En la antigüedad clásica, los templos tenían la puerta de entrada hacia el Este, de forma que al salir el Sol, los rayos de luz iluminaban la estatua del dios que poseía en su interior, como sucede en el templo de Ramsés II, llegando el sol hasta los pies de las estatuas de Ra y Amón en los Equinoccios. Con el cristianismo y tras el Concilio de Nicea (año 325) se estableció que fuera la cabecera la que estuviera orientada a la salida del Sol. De este modo, al amanecer los primeros rayos de Sol entraban a través del ábside, identificando la luz con el mismo Cristo. “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn. 8, 12). En el cristianismo y en el Solsticio de verano (21 de junio) los rayos del Sol penetrando por el óculo central de la girola llegan su luz hasta la capilla del Transparente, donde hay un agujero que comunica con el Presbiterio, haciendo llevan la luz del Sol, hasta el altar mayor, que es el centro del templo. Hace unos años el altar estaba adosado al retablo, por lo que la luz del Sol formaba un círculo sobre él. Esta orientación Este-Oeste posee otra significación simbólica: La puerta se estableció al Oeste porque es el lugar de menos luz, simbolizando al mundo pagano, el mundo de la oscuridad. Al entrar avanzamos hacia la luz en una progresión sagrada, como recorriendo un camino de salvación, camino que conduce a la Ciudad Divina donde brilla el Sol de Salvación.
Llegada del Sol al Transparente año 2008

¿Por qué en los solsticios? Los solsticios representan el eterno contraste de la luz y la oscuridad de la vida y la muerte y el eterno renacer de la creación, donde nada puede ser destruido, solo transformado en los tres estados naturales, sólido, líquido y gaseoso, es el ave fénix que siempre renace de sus cenizas. Los solsticios representan la armonía cósmica, que permite observar, año tras año, como se cumplen con asombrosa regularidad, de acuerdo a las leyes físicas de su relación con la tierra, prolongando los días o las noches, según sea el Solsticio de verano o invierno, haciendo que la naturaleza cumpla inexorablemente sus ciclos biológicos. Astronómicamente, los solsticios se realizan cuando el sol se encuentra cruzando el Trópico de Cáncer (verano), haciendo que los días sean más largos.

Nuestra Catedral posee una cierta peculiaridad con relación a éste hecho. En el siglo XV, siendo Obispo Lope Barrientos, se acometió una gran obra en la catedral, se realiza la doble girola, quedando tal como la conocemos en la actualidad. Este hecho desplazó el óculo original de la obra lo que ha ocasionado que el MILAGRO DE LA LUZ se dé un mes antes que en los demás templos con las mismas características que el nuestro, siendo del 19 al 22 de mayo sobre las 9:45 horas. Este año de 2014, es lunes, os recomiendo que subáis los que podáis, para ser testigos de tal impresionante acontecimiento.

José María Rodríguez González
Profesor e investigador histórico
Cuenca, 9 de mayo de 2014

martes, 13 de mayo de 2014

LAS FIESTAS DE SAN ISIDRO EN CUENCA


LAS FIESTAS DE SAN ISIDRO EN CUENCA EN EL AÑO 1952

Estos días la Ermita de San Isidro se despierta del letargo y se viste de fiesta para honrar a su Patrón de los campos. La Ermita del Castillo fue erigida en la primera mitad del siglo XVIII, con la desinteresada aportación del ilustre Prelado Excmo. Sr. D. Juan de Lancaster Noroña, Duque de Abrahantes (Abrantes) y D. Isidro de Carbajal y Lancaster, primo del anterior, Inquisidor y Corregidor de esta Ciudad.


Procesión de San Isidro en 1952
San Isidro, según la tradición, fue un mozo de labor. Todas las cosas  las veía como criaturas de Dios. Él mismo se consideraba como un hermano más, como el pajarillo que se posaba en el surco y el buey que trabajaba como él para un señor. Su sencillez le llevaba a no considerar como milagros el que los ríos abrieran sus aguas para que su mujer, María de la Cabeza, le llevara la comida; ni cuando el hijo, amenazado de ahogarse en un pozo, era elevado por las aguas hasta el brocal. El santo debía creer que aquellos favores los concedía Dios a quienes sencillamente se creían criaturas suyas. Este insigne matrimonio llegó a la santidad y también  fue proclamado Patrón de las gentes de campo.
 Ermita de San Isidro.
 Hoz de Júcar
Interior Ermita de San Isidro

Cuenca, el día 15 de mayo, celebra la festividad. En los años cincuenta se organizaba una romería a los montes próximos de la capital en busca de plantas aromáticas que traían a la ermita. Al anochecer, por carretería se organizaba un desfile de carrozas y a última hora de la noche se cantaba el tradicional mayo al Santo Labrador por la rondalla “La Estudiantina”. Desde la Iglesia Parroquial de San Esteban Proto-Martir, se organizaban los siguientes actos: A las nueve de la mañana comenzaba una solemne procesión de San Isidro Labrador y de su santa esposa Santa María de la Cabeza, partiendo de San Esteban recorría las calles de José Cobo, Cervantes, Fermín caballero, a las eras de San Fernando, donde se hacía la bendición de los campos, la ofrenda
Exterior de la Ermita de San Isidro
de flores y frutos ante San Isidro y Santa María de la Cabeza. Regresando al punto de partida por las calles de Fermín Caballero, Ramón y Cajal, 18 de Julio y Aguirre. Seguidamente de la procesión se celebraba una solemne función religiosa con sermón a cargo de Rvdo. Sr. Bonifacio Martínez Montero, cura ecónomo de la parroquia de San Esteban. A las diez y media de la noche se organizaba una gran verbena en la Plaza del Generalísimo (actual Plaza de la Hispanidad), finalmente se quemaba una gran traca.
Santa María de la Cabeza

En la Venerable Hermandad de San Isidro Labrador (Vulgo de Arriba) A las once de la mañana celebraban una gran función religiosa con sermón a cargo del Rvdo. Padre D. Jesús Ramírez. Por la tarde se procesionaba la sagrada imagen de San Isidro, desde su ermita por las calles del Castillo donde se  realizaba la bendición de los campos. Al día siguiente a la festividad, a las siete y media de la mañana se realizaba una misa rezada en sufragio de los hermanos difuntos y bienhechores. A las cinco de la tarde tenía lugar en la casa número 42 de la calle de San Pedro, la junta General de la hermandad, para el nombramiento de cargos, cobranza de títulos y subasta de banzos para el año siguiente.

Durante el recorrido de la procesión se representaba “La entrada de moros y cristianos”, típico combates entre moros y cristianos, disputando la conquista del Santo Labrador, terminando con la victoria de los cristianos y la conversión de los moros. En las laderas del cerro de San Cristóbal se acomodaba la gente para su observación y disfrute del acto. Las celebraciones se alargaban hasta tres días en las que se realizaban competiciones como las de CAVA, participando pueblos de la provincia tan conocidos como:
San Isidro Labrador
Buenache de Alarcón (quedando campeón en 1952), La Parrilla y Carrascosa del Campo. Otro concurso era la “apertura de hoyos”, compitiendo hasta diez pueblos, en el año citado quedó campeón Landete; segundo, Fuente de Pedro Naharro y tercero Buenache. Otro concurso era el de “Corte de leña” en el que participaron seis concursantes quedando campeón: Eliseo Montilla Checa de La Frontera, segundo Feliciano Huerta Turégano de Landete. Los equipos clasificados en primer lugar recibían el premio en metálico de 300 pts., el segundo 200 pts. y el tercero 100 pts., con su respectivo diploma.

En la actualidad los actos se han reducido en gran medida, pero su celebración sigue realizándose, tanto en la Ermita de San Isidro de Abajo como en la de San Isidro de Arriba no faltando el reparto de caridad y la procesión.

José María Rodríguez González

Profesor e investigador histórico

Cuenca, 13 de mayo de 2014

lunes, 5 de mayo de 2014

TRAGEDIA EN LAS CUEVAS DEL PUENTE DE SAN PABLO

Sucedió así y así lo cuento
Murieron aplastadas cuatro personas, tres de una misma familia en el año 1947
Me gustaba subir temprano a casa de mis abuelos por contemplar los amaneceres desde los ventanales del volado de la cocina que daba al barrio de San Martín. El Sol se alzaba por el Cerro del Socorro como bola de fuego iluminando la estancia hasta el balcón de la calle de Alfonso VIII. Mi día preferido, el Viernes Santo, porque a tempranas horas subía corriendo a su casa por ver ascender la procesión y observar la salida del Sol.
Vista desde el interior de una de las cuevas
Una de esas mañanas, mi abuela Florencia, señalando con el dedo la subida del convento de San Pablo me decía: ves “Josemari” esas rocas caídas, pues allí murió una familia gitana hace unos años, se derrumbó la cueva donde vivían y los aplastó, alguno de ellos sigue allí sepultado. Pero que te lo cuente tu abuelo que lo vivió de cerca. ¡Sabino, cuéntaselo a tu nieto! Mi abuelo dejando lo que estaba haciendo, acercó una silla a la ventana y sentándose a mi lado me dijo: esto no es una leyenda, es la verdad de lo ocurrido, una desgracia poco sentida por la gente porque eran gitanos, no por ello debemos obviarlos, pues hemos de tener compasión y respeto, todos somos hijos de Dios.
Rocas desprendidas en el año 1947

Pues bien, el mes de diciembre de 1947 fue muy frio, los primeros días del mes  llovió bastante y luego vino un frío intenso (9,4 grados bajo cero a las 6,15 horas y 12 grados a las 16,25 horas (*1)). Las rocas de la Hoz filtran el agua y al quedar congelada, por las bajas temperaturas, las rocas se resquebrajan ocasionando desprendimientos.

La noche anterior al suceso se despejó de nubes, luciendo en el cielo una Luna llena grandiosa que iluminaba toda la Hoz, dejando todo helado. La mañana del suceso amaneció con un Sol esplendido como hoy, comentó mi abuelo, y los hielos de la noche fueron desapareciendo lentamente, según avanzaba el día. Hasta la tarde, no cruza el Sol el cerro del Socorro, por lo que no empieza a dar su calor en la ladera Oeste de la montaña, donde estaban las cuevas del Puente de San Pablo. Sobre las cinco y media de la tarde y derretido el hielo, un enorme bloque de piedra se desplomó frente al kilómetro uno de la carretera de Palomera. Inmediatamente se tuvo conocimiento de que un número desconocido de personas encontraron la muerte en aquel lugar. El alud de rocas cayó al principio en un solo bloque, según nos dijeron testigos presenciales del hecho, produciendo un enorme estruendo que hizo templar algunas casas de enfrente. Al caer contra el suelo se partió deslizándose grandes trozos, uno de ellos, mayor de cinco toneladas rodó hasta la carretera de Palomera, formando una muralla cortando el paso, la casa de los arbitrios, allí situada fue materialmente aplastada como un terrón de arena. El desprendimiento se llevó consigo una torre de alta tensión dejando sin luz una gran parte de la ciudad, desde la calle del 18 de Julio hasta la estación del ferrocarril. En la noche del lunes toda esa zona permaneció a oscuras, hasta las últimas horas del martes no se pudo reanudar el servicio.
Entrada actual de una de las cuevas

Mi curiosidad infantil me hizo exclamar ¿Qué fue de la familia? Mi abuelo prosiguió relatándonos y mi abuela Florencia y yo escuchábamos con toda atención.

Prosiguió mi abuelo; poco después de ocurrir los hechos se personaron los Gobernadores Civil y Militar, señores Del Valle y Coronel Muñoz; el Alcalde, Sr. Domínguez; el Teniente Coronel de la Guardia Civil, Sr. Miranda; el Comisario de Policía y el del Juzgado de Instrucción. También se trasladó el personal de guardia de la Casa de Socorro, formado por el Doctor Sierra y el practicante Sr. Pinós, para prestar los primeros auxilios. Mi amigo Pinós, según me contó asistió a un niño de 7 años, llamado Manuel Jiménez Mendoza, de una lesión en una pierna y a Manuel Franco y Franco de 27 años, de gran traumatismo en el pie derecho de pronóstico grave, por lo que fue hospitalizado.

Entrada actual de una de las cuevas
Manuel contó que en la cueva estaba su familia cuando sucedió el desprendimiento. Visto lo cual se hicieron los trabajos oportunos para salvar las vidas de los que no hubieran muerto o rescatar los cadáveres de las víctimas.

Para estos trabajos los primeros en acudir fue el ingeniero Sr. Sanz Brunete y el ingeniero Sr. Allúe; el Arquitecto Municipal Sr. Torallas y el Aparejador, Sr. Ruiz. Con personal de Obras Públicas y brigadas de trabajadores del Ayuntamiento, se empezaron inmediatamente los trabajos para abrir paso a través de las rocas desprendidas hasta la cueva sepultada. Toda la tarde y durante la noche del lunes se trabajó ininterrumpidamente con peligro de la vida de los que allí estaban por el constante desprendimiento de pequeños trozos de roca. A las seis de la tarde no había esperanza de hallar alguno con vida. El sacerdote, párroco del Salvador dió la absolución a las víctimas en una sencilla ceremonia que en las circunstancias que rodeaban resultó sorprendente.

Interior de una de las cuevas de unos 29 m de caña
Calixto Calvo Poyatos, encontró una grieta que daba acceso a la cueva y se prestó a entrar para auxiliar a las víctimas. Después de despejar de piedras la oquedad penetró en ella y con una linterna de carborundo, iluminó el siniestro lugar. Al recorrer el interior descubrió dos seres humanos, uno de ellos con toda seguridad mujer. Aseguró que el otro parecía un muchacho, aún respiraba. Ambos yacían bajo enormes piedras.  Según las declaraciones de Calixto, el derrumbamiento no alcanzó al interior de la cueva, sólo de la mitad hacia fuera, quedando tapado el acceso.

A las tres de la madrugada, ya sin esperanza de salvar  a nadie, por haber fallecido el único ser que respiraba, se suspendieron los trabajos para proseguir a las ocho de la mañana.

Toda la mañana del martes, bajo la dirección del Sr. Sanz, siguieron los trabajos hasta abrir por el acceso a la cueva, lo suficientemente amplio para acceder al interior. El espectáculo era dantesco, bajo grandes rocas aparecieron restos humanos terriblemente magullados. La masa ósea era imposible separarla y había que actuar con cuidado para evitar que las rocas rodaran y taponaran el acceso por lo que se descartó el uso de explosivos, desescombrando a mano.
Estado actual de la entrada a una de las tres cuevas existente

A las cuatro y media se personó de nuevo el Juzgado en aquel lugar para ordenar el levantamiento de los cadáveres. Pero hasta las cinco y cuarto no pudo ser extraído el primer cadáver. Era el de una niña de tres o cuatro años, llamada María Franco, junto a ella un perro también muerto.

Un cuarto de hora después fue sacado otro cadáver; era también una niña de unos nueve años, llamada Teresa, hija de un amigo. Por su postura parecía haber sido sorprendida por la muerte cuando estaba sentada.

A las seis en punto se extrajo el cadáver de una mujer de unos treinta años, llamada Francisca, natural de Socuéllamos, esposa de Manuel Franco, natural de Requena, de oficio trapero. Hubo dificultades para liberar su cadáver de las rocas, pues su brazo derecho estaba aprisionado por un enorme bloque de piedra. Bajo él se descubrió el cadáver de una niña de un mes, llamada Piedad, no pudiéndose rescatar por miedo a que se viniera todo abajo, allí sigue sepultada. Por su postura parece ser que la madre quiso cogerla en el momento de la catástrofe pero no llegó a conseguirlo, pereciendo las dos.

Panorámica desde la entrada de las cuevas
Por lo visto, Manuel Franco estaba de pie y al oír los ruidos del desprendimiento de la roca salió a ver qué sucedía. Le dio tiempo a retirarse unos metros, una piedra le rozó en la pierna mientras veía como los suyos desaparecían bajo la montaña que se les vino encima. A Manuel se le amputó la pierna y tras el suceso se intentó abrir una suscripción para proveerle algunos recursos (*2)


Ingeniero Sr. Allúe nos dio su explicación de la causa del derrumbe: “La primera helada fue la causa del desprendimiento de las rocas. El agua que llenaba una gran grieta se heló, con el consiguiente aumento de volumen y esto hizo de cuña expansiva ocasionado el deslizamiento de las rocas”.

Esto fue lo que sucedió según la crónica de los periódicos de la época. Ayer, domingo día 27 de abril de 2014, después de 67 años de los hechos narrados, me personé en el lugar para comprobar el estado en que se encontraba el paraje, pues desde el relato de mi abuelo jamás había estado. Me encontré que las cuevas existen y se puede acceder a ellas por detrás de las grandes rocas que se ven desde la carretera de acceso al Parador de San Pablo, testigo de ello son las fotos que aporto al relato de los hechos. Espero que esta crónica sirva para entender y saber lo acaecido en su momento en este paraje emblemático frente a las Casas Colgadas y el Puente de San Pablo.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

Cuenca, 4 de mayo de 2014

Notas históricas obtenidas del periódico “Ofensiva” nº 577 de 11 de diciembre de 1947

(*1) Datos facilitados por el Observatorio Meteorológico de esta capital a la “Ofensiva”.

(*2) En la “Ofensiva” del 11 de enero de 1948, un católico pide al Director del periódico que abra una suscripción popular, para que los conquenses  generosos y de buen corazón, ingresen sus donativos para que este hombre pueda rehacer su vida tras perder a su familia.

martes, 29 de abril de 2014

La capilla del Espíritu Santo y D. Andrés Hurtado de Mendoza

La capilla del Espíritu Santo, vínculo de unión entre dos ciudades.


Los restos mortales del fundador de la ciudad de Cuenca de Ecuador descansan en la capilla del Espíritu Santo de la Catedral de Cuenca
Hay que felicitar al Cabildo Catedralicio por hacer visitable la capilla del Espíritu Santo, desde el claustro, por su entrada principal. Coincidiendo con este acontecimiento, hay que destacar que un Lunes Santo del 12 de abril de 1557,  se inauguró la ciudad de Cuenca en el Ecuador y por los avatares de la vida coincide la apertura de la Capilla donde están enterrados los restos de su fundador, Don Andrés Hurtado de Mendoza, Virrey del Perú.
Sarcófago de Andrés Hurtado de Mendoza

El Ilustre conquense, D. Andrés Hurtado de Mendoza, que fue Virrey y Capitán General del Perú, el cual encomendó al gobernador de Quito, D. Gil Ramírez Dávalos, el buscar un emplazamiento adecuado para que “su pueblo, un pueblo de españoles que se intitule la ciudad de Cuenca”. El 11 de septiembre de 1556 se toma posesión del valle, pero el acto solemne de la fundación tuvo lugar unos meses después, el 12 de abril de 1557, en el valle de Paucarbamba. De nuestra homónima, la Cuenca ecuatoriana se decía: “llano grande como el cielo”. Su primer Alcalde fue D. Gonzalo de las Peñas. El nombre del Valle “Paucarbamba”,  en la lengua indígena significa: “cubierta de flores”; es recorrido por cuatro ríos, diciéndose del valle que “el Divino Hacedor había creado allí el Paraíso Terrenal”.

La distancia que nos separa es de 9.600 kilómetros. La Cuenca ecuatoriana está enclavada en un hermoso valle sostenida por los gigantescos Andes, a 2580 metros sobre el nivel de mar, nos dobla en altitud por mucho.
Aquí la idea y nombre de Cuenca son consecuencia de una población cuyo origen se pierde en el pasado. Allí la idea y nombre de Cuenca existió antes de que existirá tal población, siendo su causa nuestra Cuenca, cuya imagen y recuerdo estaban muy vivos en el Virrey de aquellas tierras, D. Andrés Hurtado de Mendoza. Nuestra Cuenca se esconde entre peñas para bien guerrear, aquella se asentó en la llanura de la paz. Aquí sus habitantes “Conquenses”; allí sus habitantes “Cuencanos”.
D. Andrés Hurtado de Mendoza
No fue el primero el Marqués de Cañete quien encontró dicha tierra para una gran población, sino el Emperador Inca “Tupac Yupenqui”, fundada allí la opulenta aldea de “Tomebamba”, donde había de nacer su hijo Huayna Cápac.

D. Gil Ramírez de Dávila, reunió a españoles e indios el lunes 12 de abril de 1557, proclamando por medio de un  intérprete la titularidad y posesión del lugar: “que digan y decidieran el de fundarse y poblase la dicha ciudad e Cuenca en dicho asiento de Paucarbamba, les viene algún daño o perjuicio y si reciben o podrán recibir alguna vexación o motesia en la dicha fundación” luego en nombre de su Majestad y orden del Virrey, fundó la ciudad de Cuenca “y dió jurisdicción civil, criminal, bajo mero, mixto, imperio, con horca y cuchillo para la execución de la Justicia Real de Su Majestad”. Hincándose en la plaza un rollo y picota de madera símbolo de la autoridad del Monarca. Después se distribuyen los solares. Surge así una población en inmejorables condiciones, el Virrey la protege, y el vigor que diera a este germen está manifiesto en la actualidad.
Quiero hoy recordar, para rendir con gratitud homenaje de respeto a los fundadores de esta ciudad y homenaje de veneración a la Providencia, quien es la que ordena y guía a los hombres a altos y trascendentales destinos. Reflejo de estos acontecimientos es la Capilla Panteón del Espíritu Santo de nuestra querida Catedral, baluarte de una Ciudad que se extendió por el Nuevo Mundo.
El blasón de Cuenca llevaba bordada la frase: “Primero Dios y después vos” Es el lema del espíritu cristiano y del amor de la libertad, armonizados con el amor de la autoridad.

José María Rodríguez González

Profesor e investigador histórico

Cuenca, 29 de abril de 2014

martes, 22 de abril de 2014

LA CRUZ DEL DIABLO - LEYENDA CONQUENSE


LA CRUZ  DE LOS DESCALZOS EN EL PARAJE DE LAS ANGUSTIAS

A las siete y media de la mañana del Viernes Santo, después de ver pasar el desfile de la procesión del Jesús Nazareno del Salvador, nos fuimos a la Angustias como buenos devotos, a visitar a la Madre de Jesús en estos momentos del trance de la Pasión de su Hijo. Las puertas de la Ermita estaban cerradas y ello me llevo a pensar en mis años de juventud cuando bajaba con mi abuelo a aquel lugar por estas mismas fechas. Creo que en mis cincuenta y siete años que tengo no he oído ni leído la historia de la Cruz del convento mejor contado que lo hacía Sabino, mi abuelo, quiero haceros participes del relato:
Pórtico natural de entrada a paraje de las Angustias

En la década de los sesenta, siendo un niño, de la mano de mí abuelo bajábamos la escalinata que une la Plaza con la humilde ermita que la fervorosa devoción conquense ha elevado a María Santísima, Madre de las Angustias, ante cuya sagrada imagen hincan sus rodillas los devotos conquenses.

Cuando atravesamos el umbral del pórtico natural que da paso al paraje de las Angustias, interrumpió, mi abuelo por un momento su conversación y ambos guardamos un prolongado silencio. De súbito mi vista se fijó en el viejo caserón conventual, en cuya parte delantera, separado de la escalinata de piedra por la que descendemos, hay un pequeño patio de nivel más bajo que el resto del conjunto. Allí álzase majestuosa una Cruz de piedra  ornada de raras filigranas entre las cuales llamó mí atención una mano grabada en la misma piedra.
Cruz antigua del convento Carmelitano
Una nube de misterio parece rodear la vieja casona con su Cruz solitaria. Como niño, mi fantasía se desborda. Nota mi acompañante mi actitud, ante la mano esculpida en la piedra.
Conducido por su temblorosa mano me encuentro sentado en uno de los escalones de piedra. La luz solar descompuesta en mil tonalidades da un tinte fantástico al viejo caserón y a la Cruz envuelta en la penumbra recibe sus misteriosos reflejos.

Esa mano que ahí estás viendo, me dice mi abuelo experto carpintero, ha sido grabada por buril. Su origen es causa de leyenda, que no recuerdo sin cierto pavor, ante la sola mención del nombre con que la imaginación popular la ha designado: “La Cruz del Diablo”. Veras, el joven se llamaba Sebastián, aseguró mi abuelo, era un muchacho nacido en una posición que le permitía satisfacer sus más caprichosos deseos. Su alma maleada por el trato de perversas compañías ocultaba  con opaco velo la luz de su inteligencia, haciendo resplandecer su ridícula altivez e hinchado orgullo. En plena pujanza de su juventud, se encontraba sumido en el círculo vicioso. Sus estudios en París eran un pretexto para satisfacer sus más bajas pasiones. Su mirada taciturna revelaba una lucha constante entre una pequeña llamarada de fe y su conciencia endurecida.
En aquella primavera pasaba una temporada de vacaciones con su padre, corregidor entonces de esta famosa e histórica ciudad de Cuenca, cuando corría el rumor de unos extraños sucesos acaecidos en el viejo caserón enclavado en la típica bajada de la Ermita de Nuestra Señora de las Angustias.

Patio entrada del Convento Carmelitano
Este caserón que aquí ves, estaba habitado por la Venerable Orden de los Carmelitas Descalzos, a quien debe el nombre el puente de abajo. Más tarde con motivo de la desamortización de los bienes de la Iglesia, este convento hubo de ser abandonado por sus religiosos moradores, entre los cuales se encontraba el muy anciano prior, que habiendo pasado su vida encerrado entre sus muros acogedores de esta conventual mansión, quiso rendir en último acto su vida a Dios, en el lugar donde tantas veces había recurrido su protección y pidió que le dejasen pasar allí el resto de sus ya cortos días.


El venerable anciano carmelita, afligido de dolor por la separación para él tan sentida de sus queridos hermanos y aquejado de los achaques propios de la vejez, cayó en una dolorosa perturbación mental. En sus oídos resonaban los lejanos ecos de los cánticos litúrgicos y ceremonias que celebraba en unión de sus añorados hermanos, llegando su locura a tal extremo que celebraba misas imaginarias, bendiciendo y sermoneando a los fieles que no existían sino en el profundo abismo de su razón perdida. Su loca fantasía hacía que cuando las sombras de la noche lo envolvían, el demente prior con su andar vacilante, se dirigiese hacia una vieja campana que haría sonar tocando a oración con lúgubres y lastimosos quejidos mientras la fantástica silueta del conjunto se retorcía en vagas formas en el enlosado y musgoso pavimento.

Los piadosos habitantes de la ciudad escuchaban extrañados, mientras el temor los invadía, el misterioso acento de  aquellos sonidos, terminando por apiadarse del pobre prior.
Cruz de los Descalzos

Un día dejó de oírse el monótono y lastimero sonido de la vieja campana que tocaba a oración. Un fatal presentimiento llamó a los caritativos conciudadanos que, requiriendo a la autoridad penetraron en el ruinoso convento. Allí encontraron el cuerpo inerte del viejo prior, al que una postrera sonrisa deba la sensación de la dicha experimentada por haberse desprendido de su vida, en aquel santo lugar por él tan querido.
En tiempo siguió indiferente su alocada carrera y se borró el recuerdo del fin del viejo prior. Una noche, en que el viento silbaba haciendo crujir los viejos ventanales, y los habitantes se recogían en sus casas ante el fuego hogareño; insistentemente se oyó, mezclado entre la silbante canción del viento, el toque tenebroso, lastimero, de la vieja campana tocando a oración. Su tañido infundía pavor. Parecía resurgir de entre las retorcidas llamas del hogar, y prolongado en monótono eco fantasmal se perdía en la oscuridad de las tinieblas de la noche.
El miedo creó alas a la fantasía. Muchos jóvenes osados quisieron desentrañar el misterio de aquel toque que atribuían a una pesada broma; más cuando una vez traspasado el umbral de la carcomida puerta del convento, ésta se cerraba sola y con estrépito, percibiéndose al mismo tiempo como un gran arrastrar de cadenas seguido de lastimeros y quejumbrosos lamentos, y por encima de todo, la voz sepulcral, espeluznante, inmaterial, de la enmohecida campana agitada por manos misteriosas e invisibles.

En estas circunstancias llegó a Cuenca el joven Sebastián, que con aire de fría indiferencia y ademanes burlones escuchaba las manifestaciones de terror de los labios de los más valerosos de sus amigos. Muchos de ellos invadidos de audacia juvenil, llegaron hasta el pórtico de piedra que da entrada al recinto, pero ante los ruidos misteriosos, presos de pánico, abandonaban la empresa. En su temor aseguraban haber observado abrirse con siniestro chirrido la puerta del viejo convento, apareciendo como un espectro el viejo prior, envuelto en su carcomido hábito, rodeado de un sudario y despidiendo llamas por las cuencas vacías de sus ojos, mientras una pesada cadena crujía y sonaba con espelúznate quejido amarrada a uno de sus descarnados pies.
Sebastián creyó propicia la ocasión para demostrar a sus amigos, entre chanzas y bromas, donde siempre salía triunfante su hinchado orgullo y soberbia, que él era capaz de averiguar y esclarecer aquel misterio.

Era una noche en que la Luna iluminaba el patio del antiguo convento, jugueteando caprichosamente con las sombras. Un silencio sepulcral rodea el lugar dándole un aspecto tétrico y misterioso. Un débil susurro del viento hace crujir las hojas de los solitarios chopos. Los murciélagos con vuelo monótono y cansado rozaban en sus complicados laberintos de sus vuelos la Cruz solitaria y proyectaban sus fantasmales siluetas, agigantadas por el reflejo de la Luna, sobre los muros ruinosos del convento. La Cruz en tinieblas, proyectaba su sombra prolongada indefinidamente en la rigidez de los muros.
Cruz del diablo restaurada
Allí estaba Sebastián, soberbio y desafiante. Pero una sensación extraña se va apoderando del joven que contempla extasiado el misterioso paisaje que descubre un pálido rayo de Luna. Un miedo progresivo va paralizando su razón e intenta volver sobre sus pasos para contar a sus camaradas, que en lo alto de la muralla lo esperan, que nada había ocurrido. Pero el orgullo se lo impedía y temiendo exponerse a sus burlas, se acerca lentamente hacia la verja del solitario patio. A través de sus mohosos barrotes ve con terror manifiesto la fantástica silueta de la Cruz. Un convulsivo estremecimiento recorre todo su cuerpo, mientras sus crispadas manos se aferran a la puerta, que deja escapar un siniestro quejido. Una vez más trata de huir fuera de sí, ya se dispone a hacerlo cuando sus pupilas desorbitadas por el terror advierten la silueta de una mujer que se apoya indiferente en la Cruz, que ilumina en aquel instante un rayo de Luna.

Batallas de diferentes pasiones se sucedían en la inteligencia del joven Sebastián. Poco a poco se fue disipando el terror que le tenía invadido y vio en la escena que se le presentaba una de sus innumerables aventuras. La ocasión era magnífica; una mujer bella, a tales horas de la noche… y que permanecía quieta a pesar de su presencia y parecía hacerle señas para que se acercara…  Por un momento se creyó sumido en el mundo de pasiones en que habitualmente se encenagaba. Dueño de sí empuja lentamente la verja que se abre chirriante

Con paso seguro de galanteador de oficio, se acerca lentamente hacia la dama. Su hermosura fascina, su cuerpo esbelto se recorta en voluptuosas insinuaciones sobre el pálido rayo que la ilumina, sus ojos con dulce abandono lo miran encendiéndole el cuerpo de malas pasiones.
Tramo de la cruz original con la mano

El deseo hace enloquecer a Sebastián, que con palabras galantes y concupiscentes logra asirla de la cintura. Su boca quiere besar aquellos labios rojos de su improvisada y misteriosa amante; pero por un instante duda, algo le queda de cristiano que su mirada revela, aquella lucha constante entre una pequeña llamarada de fe en su conciencia endurecida, le hace ver el ultraje que comete besando a aquella mujer al lado de la Cruz. Humillado por un momento su loco deseo baja los ojos al suelo cuando observa que los pies de su amada eran de cabra. Un escalofrío asciende por su nuca, que paraliza el movimiento de su cabeza, que al fin puede dirigir hacia el rostro de su víctima, antes tan sumamente bella y fascinadora y que ahora es la misma faz de Lucifer que lanza una carcajada espeluznante y triunfal.

El último impulso del muchacho fue abrazarse a la Cruz al tiempo que con voz terrible agonizante exclama: ¡¡¡Perdóname, Dios mío!!!
Nadie volvió a ver al joven Sebastián. Sólo quedó como testimonio de su terrible muerte, esta leyenda y su mano grabada, en recuerdo de su crispada actitud para llamar la atención a los futuros rondadores de corazón impuro.

José María Rodríguez González – Profesor e investigador histórico
A la memoria de mi Abuelo: Isidoro González (Sabino)
23 de abril de 2014

 

 

domingo, 13 de abril de 2014

Objetos venerados de la Pasión de Cristo.


TRAS LAS HUELLAS DE LA PASIÓN

El actual destino de las reliquias de la Pasión de Cristo

Las miradas del pueblo creyente se vuelven estos días apasionadamente a todo cuanto se relaciona con el Drama del Calvario. El pueblo ve horas de fervor y de meditación. El ánimo se hunde piadosamente en el recuerdo de la Tragedia y vibra ante todo lo que en estas horas va unido a la Sagrada Pasión. Los divinos Oficios, los cortejos procesionales, las procesiones sagradas, la música y las lecturas religiosas.
Calvario. Capilla Caballeros. Catedral de Cuenca

Dentro del gran tema de la Pasión de Cristo, hay un aspecto que atrae tradicionalmente con vigorosa fuerza: el destino actual de las reliquias del Señor. El Cáliz y la Cruz, los clavos y las vestiduras… Todo ello se guarda amorosamente en distintos sitios de Europa. Sobre la autenticidad de estas reliquias se han hecho y se hacen estudios a fondo muchas de ellas son, efectivamente las que el Señor  llevó en su Vía Dolorosa. En otras la falta de una documentación histórica terminante, la tradición es la que apoya su autenticidad. En uno y otro caso, las masas devotas se inclinan fervientemente ante estos sagrados objetos que el alma contempla unidos a las horas finales del Redentor.

En mis trabajos de investigación y en mis viajes por Italia me topé con este apasionante tema. Les describiré mi primera sorpresa: Una de nuestras visitas se centró en la “Scala Santa”, es una escalera de mármol de 28 peldaños ubicada en un edificio mandado construir por Sixto V entre los años 1586-1589 como acceso al Sancta Sanctorum que contiene la imagen de “Santissimi Salvatore Acheiroieton”, frente a la Basílica de San Juan de Letrán en Roma. 
"Scala Santa" 2008 Foto: José  María Rodríguez González
Esta escalera perteneciente al palacio de Poncio Pilato de Jerusalén, fue llevado a Roma  en el año 326 por  orden de la madre del emperador Constantino. Se trata de la escalera que subió el Viernes Santo Jesús para ser juzgado. Pues bien, es costumbre subir los veintiocho escalones de rodillas, cosa que como muchos de mis alumnos subí escalón por escalón rezando un padrenuestro en cada uno de ellos.

En la Basílica de San Juan de Letrán de Roma, se venera la Mesa de la Cena y uno de los lienzos con que fue cubierto el divino cuerpo en la Cruz. También en otro templo romano, el de San Marcos, se conserva otro de estos lienzos y el velo que la sangre del costado de Jesús empapó. En la iglesia de Santa Praxides está la columna en que sufrió el suplicio de la Flagelación.

La lanza con que fue herido el Señor se conserva en el Vaticano. Según afirmó el Papa Benedicto XIV, desde el tiempo de San Luis la punta se conserva en la Santa Capilla de Paris. Igualmente dos de los tres clavos utilizados para la Crucifixión se veneran en el Vaticano. La escalera del Descendimiento esta en Roma.

La clámide o capa que llevaba Jesús se conserva parte en la iglesia de San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Francisco à Ripa, en Roma. El lienzo con que vendaron los ojos del Señor se venera una parte en la iglesia de San Francisco de Ripa en Roma.

El Santo Sudario que envolvió el cuerpo de Jesús en el enterramiento, también conocido por la Síndone o Sábana Santa, se encuentra ubicado en la Capilla Real de la Catedral de San Juan Bautista de Turín (Italia)

Las espinas de la corona del Señor se hallan dispersas por distintos templos europeos.  En Roma las espinas que reciben veneración están distribuidas por las iglesias de San Marcos y Santa Praxénedes que poseen tres; en el Vaticano hay dos; en San Juan de Letrán otras tres. En España el Escorial se veneran once; en el santuario de Montserrat se custodian dos.


La Verónica - El Greco
En la Catedral de Génova se guardan dos de las monedas que recibió Judas por la venta del Señor y un plato de la Sagrada Cena. 

Con relación a la Santa Faz, es decir las imágenes que quedaron impresas en el velo de la Verónica, según la tradición fueron tres, pero son muchas más las que se veneran; las autenticas están depositadas: una en la basílica de San Pedro en Roma, en España en la Catedral de Jaén; en Venecia en la Catedral de San Marcos. Las demás son facsímiles del original, dos de ellas en Alicante (España). Durante el siglo XX, sólo el jesuita e historiador José Wilpert pudo estudiar uno de los lienzos sin protección. Dijo sobre el lienzo: “Una pieza cuadrada de un material de color claro, desteñido por la edad, que lleva dos tenues manchas de óxido marrón conectadas la uno a la otra”.


Santo Cáliz. Catedral de Valencia
Con relación al Cáliz, Grial o Santo Grial, la copa que se usó en la última cena, se venera en España en la Catedral de Valencia. Es de piedra de ágata de siete centímetros de altura y nueve y medio de diámetro y un pie con asas, añadido posteriormente en los siglos X y XIV. San Pedro lo llevó a Roma poco después de la Asunción de la Virgen. San Lorenzo lo envío a España, en tiempo de Sixto III, durante la invasión árabe fue escondido en las estribaciones de los Pirineos donde después se construyó el monasterio de San Juan de la Peña. Alfonso V donó la reliquia a la Catedral de Valencia donde viene recibiendo culto tradicional. Nuevamente fue escondido durante la Guerra Civil española.

Sobre el Santo Grial hay controversia ya que las primeras noticias sobre él no aparecen hasta el siglo XIII, pasando por Zaragoza, Barcelona y recalando por fin en Valencia en el siglo XV. La catedral de Cuenca posee un vínculo tradicional sobre el Santo Grial del que Don Rodrigo de Luz Lamarca habla en su libro “El misterio de la Catedral de Cuenca”. Otra de las curiosidades es que el nombre de la puerta de la fachada Sur de la Catedral conquense es conocida con el nombre: “Puerta de San Lorenzo”, diácono de Roma, nacido en Huesca (España), a quien se le encomendó la custodia de las Santas Reliquias por el Papa Sixto III ¿puede haber algún nexo de unión?

He dejado para el último tramo de este artículo la reliquia de la Cruz porque está vinculado, de una manera indirecta en mi último trabajo de investigación que daré a conocer en el mes de octubre de este año. Nuestra catedral posee una capilla con el nombre de Santa Elena. ¿Quién fue Santa Elena? La madre del emperador Constantino I, a ella le debemos gran parte de las reliquias  de la Pasión que han llegado hasta nosotros.
Santa Elena. Retablo capilla Santa Elena. Catedral de Cuenca

Santa Elena, al descubrir la Cruz en que murió Jesús y otras reliquias, las repartió por templos distintos. El sagrado madero quedó en Roma, más algunos trozos de él fueron llevados a otros lugares. Actualmente  aparte de los fragmentos que se conservan en la Basílica de San Pedro, hay trozos de la Cruz en Bolonia y en el templo de la Santa Cruz de Jerusalén.

En España se conserva un trozo de la Cruz, perteneciente al parecer, al brazo izquierdo, en el monasterio de Santo Toribio de Liébana, en la provincia de Santander. Fue traído desde Jerusalén por aquella Santa. Mide 63 cm. El camarín y relicario del “Lignum Crucis” fue destrozado en la Guerra Civil. La reliquia había sido previamente retirada y escondida por el sacerdote que regentaba el viejo monasterio, enterrándola bajo un árbol.  Tras la Guerra Civil fue desenterrada por un familiar del sacerdote y ésta fue llevada de nuevo, al monasterio. Es el mayor de los trozos conservados de la Cruz en que agonizó y murió Jesucristo.

Después de este recorrido, es asombroso como hasta el más simple objeto relacionado con los últimos momentos de Cristo, causan sensación y profundo respeto en el alma del devoto, sintiendo una intensa atracción inherente de contemplación hacia cualquiera de ellas, otorgando por el simple hecho de su contemplación, la Paz  Espiritual  en el alma del creyente.

José María Rodríguez González
Profesor e investigador histórico
12 de abril de 2014