martes, 19 de agosto de 2014

Cuenca en llamas (Segunda parte)


Relato de los incendios más importantes que ha sufrido la ciudad de Cuenca

567 años de la primera ordenanza para la extinción de incendios en Cuenca

Como lo dicho es deuda, el miércoles día 30 de agosto subí de nuevo a ver a mis abuelos, temprano con la fresca, con la intención de que siguiera explicándome las peleas de D. Diego Hurtado de Mendoza con el Obispo Lope de Barrientos.

Cuando llegué al nº 23 de la Calle Alfonso VIII eran las nueve de la mañana. Estaban desayunando y me uní a ellos. ¿Cómo subes tan pronto? Es para que me cuentes las peleas de Don Diego con el Obispo Barrientos. Bien, Josemari por el interés, haremos lo del otro día, nos subiremos al Castillo para ubicar la contienda ¡Eso abuelo!, contesté.

Ya sentados en el murillo de la Plaza del Trabuco, con la garrota me señalaba las líneas imaginarias hasta donde llegaba el castillo, indicándome que el castillo poseía seis puertas y tres portillo. En la parte izquierda de la Plaza del Trabuco y adosado a una pared aparece parte del arco que constituía una puerta de acceso a la mencionada plaza y donde se realizó la contienda. Seguidamente comenzó el relato.

El origen de estas algaradas a que tan aficionados fueron los nobles durante los largos períodos de tiempo en que el trono de Castilla estuvo ocupado por monarcas débiles, no cesaron hasta que los Reyes Católicos lograron la unidad nacional, ejerciendo su hegemonía sobre todos los súbditos, señores y vasallos.

Estas contiendas hay que ubicarlas entre las condiciones pactadas en 1446 para la reconciliación del rey con el príncipe D. Enrique, soliviantado por los nobles, entre ellos D. Juan Pacheco, marqués de Villena y Señor de Belmonte, para impedir el valimiento (1*) de D. Álvaro de Luna y que llegaron a extremo de presentar batalla padre e hijo. Entre otras cosas se estipuló en dichas condiciones, que se diera el maestrazgo de Calatrava a D. Pedro Girón, hermano de Pacheco, con satisfacción en rentas al que había sido elegido para el cargo y el de Santiago siguiera en poder de D. Álvaro de Luna, satisfaciendo también a D. Rodrigo Manrique por el derecho que tenía a él. Es decir abuelo que aquí todo el mundo quería sacar tajá de la sartén, más o menos Josemari.

Pues mira, con todo este reparto parecía que las cosas estaban arregladas, pero Manrique fue llamado por el rey de Aragón, que pretendía ampliar sus estados a costa de los de Castilla y al que además de hacerle un ofrecimiento en metálico, consiguió que el Papa prometiera hacerle Maestre de Santiago, para embestir de nuevo contra D. Álvaro de Luna. Enterado de la trama Lope Barrientos, solicitó al Rey que enviara a Cuenca soldados a su mando, ante el temor de que Diego Hurtado de Mendoza, que era suegro de D. Rodrigo Manrique, se alzase con ella por su yerno o por el príncipe, a la vez que se enviaban tropas a otros lugares ocupados por D. Rodrigo para rescatarlos. Valla lio Abuelo se montó, todos querían la plaza de Cuenca, algo así Josemari.

Pues bien, El Obispo, por orden del Rey, comunicó a Hurtado de Mendoza que abandonara la ciudad, llegando a fijarse como fecha límite el día de Santiago, en cuya víspera el guarda del castillo, D. Juan Hurtado, hizo entrar en él una fuerza de 400 hombres. Por su parte el Obispo se había preparado poniendo barreras y guardas entre el castillo y la población.


El día de Santiago, estando diciendo misa, le llego un emisario comunicándole que los partidarios de D. Rodrigo habían comenzado la escaramuza y habían pegado fuego a la puerta de la ciudad, que entonces se llamaba del Mercado, corriéndose el fuego a las casas  inmediatas. Se abrieron treguas a instancias de D. Lope, a fin de llegar a un acuerdo, las que aprovechó D. Diego para aumentar sus pertrechos y reforzar su guarnición y sin haber expirado el plazo ni atender a la carta en que el Rey le ordenaba salir de Cuenca, comenzó la pelea contra las tropas del Obispo que hubieron de pegar fuego a la casa de D. Diego, trasladándose el fuego a las casas contiguas llegando a quemarse más de cincuenta. Esto  obligó a Hurtado de Mendoza a pedir seguro para su salida de Cuenca, lo que hizo con su familia, marchando a su villa de Cañete, pero dejando en el Castillo una pequeña guarnición que junto con refuerzos luego enviados, mantuvieron más de un año el desasosiego en Cuenca, hasta que el Rey indujo al Obispo a que celebrara un acuerdo por el que abandonó D. Diego el castillo de Cuenca, a cambio de hacerle merced del lugar de Cañada del Hoyo “en que hay fortaleza antigua e ochenta o noventa vasallos: e así entregó el castillo de Cuenca al Rey”, dice la crónica de Juan II.

Así Cuenca se vió libre de las  revueltas, no sin haber pagado un gran precio por los incendios ocasionados. A ver abuelo, estos se marcharon de aquí porque se les dio una plaza mejor como fue Cañada del Hoyo, pues claro Josemarí. Todo esto fue fruto de la codicia que esconde en su interior la deslealtad, la traición deliberada, siempre en el propio beneficio personal. Los engaños o la manipulación de la autoridad son todas acciones inspiradas por la avaricia y de ésto los ricos saben mucho, pero no creas que es sólo patrimonio de los ricos, a veces lo que tienen acceso a la riqueza, sin ser propia, son peores que los señores. Así es abuelo. Pues Josemaría, vámonos para casa que va torrando la calva este sol de canícula.

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(1*) El Valido fue una figura política (el valimiento) propia del Antiguo Régimen en la Monarquía Hispánica, que alcanzó su plenitud bajo los llamados Austrias menores en el siglo XVII. No puede considerarse como una institución, ya que en ningún momento se trató de un cargo oficial, puesto que únicamente servía al rey mientras éste tenía confianza en la persona escogida.

 
José María Rodríguez González. Profesor e Investigador Histórico
19 de agosto de 2014

miércoles, 13 de agosto de 2014

Cuenca en llamas

Cuenca en llamas (Primera parte)
Relato de los incendios más importantes que ha sufrido la ciudad de Cuenca
567 años de la primera ordenanza para la extinción de incendios en Cuenca
Era verano, mes de agosto en Cuenca, habíamos madrugado porque mi hermana pequeña no dejaba de llorar por lo que decidieron mis padres llevarla a Don Félix  de la Muela para que les dijera que le sucedía. A mí se me indicó que subiera a casa de los abuelos y que me quedara allí a comer con ellos, el resto de mis hermanos se fueron a sus respectivos trabajos porque éramos cinco hermanos. Cuando llegué a casa de mis abuelos, en la calle Alfonso VIII, nº 23, me dijo mi abuela que cogiera el botijo y renovara el agua, yendo a la fuente de la calle Zapaterías. Cuando regresé, la cocina estaba en llamas, con la intención de hacerme picatostes  había puesto una sartén con aceite al fuego, olvidándose de ella. Mi abuelo echó un paño humedecido con el agua del botijo sobre ella y se apago de inmediato.
Calle de San Pedro
Posteriormente desayunamos los tres juntos y me pregunta mi abuelo: ¿Josemari qué día es hoy? 9 de agosto abuelo. Pues tal día como hoy en 1447 el Concejo de Cuenca redactaba las primeras ordenanzas para la extinción de incendios, acordando también enviar una copia al Rey, que por entonces reinaba en España, Juan II. ¿Lo dices por lo de la sartén ardiendo? Esto no es nada con lo que sucedió entonces. ¿Me lo vas a contar? Pues claro, termina el desayuno y nos vamos a recorrer la calle de San Pedro.
Plaza del Trabuco

Salimos de casa enfilando la Plaza Mayor hacia la cuesta de la calle de San Pedro. Sentándonos en el murillo de la plaza del Trabuco, comenzando su relato. En los primeros días de agosto de 1447 se entabló una gran pelea por estos lugares entre las gentes partidarias de Diego Hurtado de Mendoza y las acaudilladas por el Obispo Lope de Barrientos, éste en nombre del Monarca. Entre los muchos conflictos que se sucedían entre ellos, resultó un incendio catastrófico ya que ardieron más de cincuenta y cinco casas, entre ellas la de Diego Hurtado y la del Ayuntamiento. Este suceso dió ocasión para que el Concejo redactara las Ordenanzas que te he comentado anteriormente. (Después de escucharle no podía entender que un Obispo peleara contra un Señor). Le dije a mi abuelo, no entiendo esto de que se peleen entre ellos. Josemarí otro día te hablo de las algaradas del guarda del castillo, que era D. Juan Hurtado de Mendoza y el Obispo Lope de Barrientos y como se incendiaron las casas de la parte alta de la ciudad ¡Vale, pero sin tardar que luego se olvida de contármelo!

Mira Josemári, no terminaron aquí los incendios en Cuenca. Fue a raíz de lo ocurrido en la Torre del
Ángel de la Catedral, en mayo de 1509 lo que hizo al Concejo que en junio de este mismo año, llegara al acuerdo de formular nueva petición de recursos para realizar las obras de la traída del agua a la ciudad argumentándolo con la gran cantidad de incendios que se producían. Poco eficiente fue la petición ya que en marzo de 1649, el nuevo Concejo promovió nuevas prevenciones, alegando que en 16 años habían consumido los incendios la tercera parte de las casas de la ciudad. ¡Pues casi todo lo que hay ahora tuvo que construirse de nuevo!, dije yo asombrado. Así es, apuntilló mi abuelo.

Bajamos por la calle de Julián Romero y cuando llegamos a la altura del Colegio de San José, señalando con la garrota me dice: “Esa es la Torre del Ángel”, la única que queda actualmente, y aquí en este vano estuvo la Torre del Giraldo, ¿La torre del Giraldo? Si Josemari, era la torre de las campanas y del reloj  y tuvo muchos incendios por rayos, que a través de los años la hicieron desaparecer. ¿Qué fue de ella? Sentémonos enfrente de la fachada de la Catedral, que en esos años estaba cubierta de andamiajes, y te cuento algunos de los incendios de los muchos que se han producido por la caída de rayos sobre la más bella torre que ha tenido nuestra Catedral. Si abuelo sentémonos.

Pues bien, escucha y apunta en la libreta que te regalé, sí así lo hago. El 20 de mayo de 1674 hubo
uno que quemando los cabezales de las campanas, originó la caída de éstas sobre la bóveda que se rompía y trasladaba el incendio al interior de la Catedral, costando 13 días el extinguir el fuego, destrozó el magnífico órgano construido en 1629. Además de los desperfectos que produjo en la fábrica hacia la capilla de San Antolín. Otro de los incendios muy violento fue el de 1837, durante una tempestad en la noche; esta vez ardieron escaleras, pisos y campanas. Cuantos la vieron aseguraron que fue un incendio imponente y aterrador ver a tal altura las llamas saliendo por todos los huecos calados, volteándose al impulso del viento las mismas campanas. Nada de extraño tiene que en 1902 se vinera abajo. Hay dos hipótesis que explican el hundimiento: una que contribuyó a la calcinación más o menos profunda de sus paredes, producida por los fuegos, abriéndose los arcos por las altas temperaturas soportadas y una segunda que cayera por la falta de solidez en la zona inferior ocasionada por las humedades. De una forma u otra nos quedamos sin campanario y seguimos sin él. ¡A ver si cuando seas mayor puedes ver de nuevo el Giraldo en su sitio! Eso espero abuelo, hare lo que esté en mi mano para que se pueda devolver el esplendor a nuestra Catedral

¡Abuelo, tu sabes mucho sobre la Catedral! Pues claro, como carpintero que fui en ella sé muchos de los secretos que encierra y te los contaré todos, poco a poco, pero tú apunta lo que te digo que algún día podrás hacer uso de ellos. Sí abuelo así lo hago.

¿Hubo más incendios en Cuenca?  Le pregunté. Te voy a relatar el último y nos vamos a comer a casa que se hace algo tarde, si abuelo. Este último es de mi época, también fue aparatoso, se produjo en unas casas particulares, frente a la iglesia del Salvador, hará unos 30 años, para apagarlo los vecinos subieron el carrillo de las mangas por la fuerte pendiente del Convento de las Benitas.

En el convento de las Petras, éste que tenemos aquí a la izquierda, realicé varios trabajos de carpintería, ¡me obligaban a llevar sonando una campanilla, como soy hombre y las monjas no podían verme, así que cuando sonaba la campanilla se escondían! Pues, a lo que iba. El 6 de abril de 1940 se inició el fuego en la casa del número 7 de la calle de San Pedro llegando al convento, costó dos días apagarlo, interviniendo los vecinos en su extinción. Mira hay que poner de manifiesto que los conquenses siempre hemos sido gente de ayudar, los vecinos no hemos regateado nunca a la hora de apoyar el hombro y de prestar auxilio ante estas situaciones, eso tenlo siempre presente y te corresponderá a ti seguir prestando ayuda a quien te la solicite. Y…  ¡Ala vamos! que se hace tarde para comer y así otro día más de la mano de mi abuelo bajamos saludando a la gente que nos encontrábamos a nuestro paso. ¡Adiós Sabino!         

Cuenca, 13 de agosto de 2014

José María Rodríguez González. Profesor e Investigador Histórico

martes, 12 de agosto de 2014

Inauguración de la xposición fotogáfica "Los Rostros Romanos en la Catedral de Cuenca" en Valeria (Cuenca)


 
Quiero agradecer a cuantas personas asistieron ayer a la inauguración de la exposición “LOS ROSTROS ROMANOS EN LA CATEDRAL DE CUENCA” en Valeria (Cuenca) en especial aquellas personas que fueron exclusivamente como Eduardo la Fuente y Maricarmen; mi hermana Raquel y Javier con su hijo Sergio; a mi cuñado Marino y mis suegros Otilia y Rafael; a mi hijo David quien hizo el reportaje fotográfico.
 
 
Fue un acto de presentación entrañable para mí, al encontrarme el Hermano Marista que realizó el pregón de las XIII Jornadas Romanas de Valeria, D. Fulgencio Martínez Mora al que tuve la suerte de conocer y recordar mis años de adolescente que pase en las distintos Seminarios Maristas.
 Y agradecer al pueblo de Valeria la acogida y el interés mostrado por esta nueva exposición y a su alcalde Teodomiro, a Miguel Romero quien llevó con todo acierto el desarrollo del acto y como no, a D. Benjamín Prieto, Presidente de la Diputación, que tanto apoyo he recibido de él, interesándose por mis investigaciones y al Cabildo de la Catedral, representado por D. Miguel Ángel Albares que al final no pudo estar presente por problemas médicos.

En una palabra Gracias.

lunes, 4 de agosto de 2014

Los Rostros Romanos en la Catedral de Cuenca


Exposición fotográfica.

Coincidiendo con las Jornadas Romanas de Velería, del 11 al 18 de agosto de 2014, José María Rodríguez González, expone en la Iglesia Parroquial “Ntra. Sña. De la Sey”  de Valeria (Cuenca) “LOS ROSTROS ROMANOS EN LA CATEDRAL DE CUENCA”
SÍNTESIS DE LA EXPOSICIÓN: De los tres rejeros que interviene de la Catedral de Cuenca a lo largo del siglo XVI son dos los que se recrean en los rostros y cabezas romanas. Esteban Limosín, desde 1526 a 1530 y Hernando de Arenas de 1548 a 1550.

A Esteban Limosín corresponde las rejerías de las capillas: De los Caballeros, 1526; del Peso 1527; de la Asunción, 1551 y de los Apóstoles, 1530. A lo largo de ellas nos da una visión muy completa de las costumbres romanas acerca del estilo del peinado. Observamos el “peinado de Octavia” que se llevaba en los primeros años del Imperio. Octavia era la hermana del primer emperador de Roma, Augusto, año 40 a.C. y ella representaba las virtudes femeninas. Con relación a los hombres, la moda de la barba se importó de Grecia y fue promovida por Adriano. Los romanos se empezaron a afeitar casi cinco siglos antes del nacimiento de Cristo, se trataba de recortarse la barba y no de afeitarse. Escipión el Africano que murió en el año 129 a.C. fue el primero en afeitarse la cara todos los días.

Del rejero Hernando de Arenas presenta los rostros que aparecen en dos de sus rejas, la Capilla de San Martín, 1548 y el Coro del año 1550. Su trabajo se centra en los teñidos. Principalmente en el rostro femenino de la mujer patricia. Presenta el cambio que se dió en la moda del penado en la Dinastía Flavia (del 69 al 96 d.C.), imponiéndose la costumbre de trenzar el pelo, haciéndose muy popular junto con la moda de tintarse el cabello de color rubio. El color rubio causaba sensación entre ambos sexos y para conseguirlo se echaban polvo de oro.
Los romanos adoptaron de los griegos la costumbre de teñirse el pelo amarillo rojo, este color lo conseguían con jabón caustico a base de sebo y cenizas. Este estilo lo podemos observar en las cabezas femeninas de la Capilla de San Martín.  
En plan anecdótico, parecerá sorprendente que la mujer patricia no se quejara de su falta de libertad personal o de su ausencia de derechos políticos, sino de la Lex Oppia (1*), vigente del 215 l195a.C., esta ley les impedía engalanarse con joyas y utilizar telas con bonitos colores. Esta ley fue abolida por el Senado Romano, siendo criticados en plan burlesco diciendo de ellos que: "El mundo era gobernado por lo romanos, pero ellos están gobernados por sus mujeres!. (Esta frase para un patricio era una gran ofensa). 

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(1*) En el año 215 a. C., tras ser derrotado el ejército romano por Aníbal en la batalla de Cannas, los políticos, movidos por la necesidad de recuperarse económicamente para continuar haciendo frente a tan poderoso enemigo, votaron una ley que limitaba las manifestaciones externas de riqueza en las mujeres. No se permitía llevar más de media onza de oro en joyas, los vestidos no debían tener colores llamativos para no emplear tintes caros, y habrían de conformarse con la litera y el tiro para circular por Roma e inmediaciones, pues se prohibía el carruaje de dos caballos si no era para asistir a algún acontecimiento de carácter religioso. Esta ley, conocida como la Lex Oppia, debe su nombre al tribuno de la plebe Cayo Oppio.

miércoles, 23 de julio de 2014

La Orden de Santiago y Alfonso VIII en Cuenca

Festividad de Santiago en Cuenca

El día 25 de julio se celebra la festividad de Santiago y Cuenca siempre ha tenido relación con la Orden de Santiago. En la actualidad posee un Hospital que lleva su nombre. Como investigador, me veo en la obligación de informarles sobre los antecedentes de este gran edificio. El solar fue donado por el Rey Alfonso VIII a la Orden de Santiago por su ayuda en la toma de Cuenca.
Medallón de Santiago a Caballo

Primero aclarar que la expresión ¡Santiago y cierra, España! fue utilizado por primera vez en la Batalla de las Navas de Tolosa por nuestro Rey Alfonso VIII de Castilla y que sirvió de grito de guerra a las brigadas de caballería española. Posteriormente fue utilizado en todas las ocasiones en que se enfrentaron contra los musulmanes. Con ello se invocaba al apóstol Santiago, patrón de España, para pedir su protección y la victoria contra el enemigo.

Vista panorámica del Hospital de Santiago en Cuenca
De la escritura fundacional sólo se conserva una copia hecha a finales del siglo XVI, tomada del original que existió en el bulario de la Orden y que fue otorgada por el Rey Alfonso VIII a la Orden Militar de Santiago, diez días después de la toma de la ciudad, esto es, el 1 de octubre de 1177. Dicha donación fue hecha según costa: “… a Dios y a vos Pedro Fernández, maestre de la Orden de Santiago y a todos vuestros hermanos, que al presente son y en adelante fueron…” Los siglos borraron toda huella de ésta concesión y en el siglo XVIII aparece un nuevo escrito de fundación del Hospital de Santiago, cuyo patronazgo ejerce el Consejo de las Ordenes Militares y cuyo documento estuvo en Uclés, y actualmente se conserva en el Archivo Histórico Nacional. Fue reproducido por D. Ramón Menéndez Pidal en su “Documentos lingüísticos de España”, por ser uno de los escritos más antiguos de lengua romance que se conservan, y en el que se dice: “…D. Tello Peris, D. Pedro Gutiérrez dieron a Dios et a los freires de la caualleria de Sanctiague…”.
Planos de solar que ocupa el complejo del
Hospital de Santiago en Cuenca -1632

Según costa en escritura la finca ocupa una superficie de forma irregular limitada en su contorno por la calle de Calderón de la Barca y casas laterales de las llamadas “Escalerillas de Santiago”, parte posterior de las casas del Callejón de Juan Sáiz, calle de Mateo Miguel Ayllón, carretera de Cuenca a Tragacete, Callejón de la Trinidad y Callejón de subida a Santiago, limitada por muros de contención y cerramiento en todo su perímetro. Con una extensión superficial de TRECE MIL SEISCIENTOS SETENTA Y DOS metros con DIECISEIS decímetros cuadrados (13.672,16 metros cuadrados), en cuya parte superior están enclavados las edificaciones del Hospital y anejo, Escuelas, Iglesia, Casa Curato y construcciones secundarias de poca importancia y espacios abiertos, que forman un segundo recinto interior con una superficie de CUATRO MIL NOVENTA Y SEIS metros con SETENTA Y SEIS decímetros cuadrados (4.096,76 metros cuadrados), de los que corresponden 2891.08 metros cuadrados a las edificaciones y 1.205,68 metros cuadrados a los patios, jardín y corrales.

Fachada principal del Hospital de Santiago
El primer Obispo de Cuenca, D. Juan Yáñez, concedió 40 días de indulgencias a cuantos favorecieran al Hospital y el Concejo de Cuenca y sus aldeas, en ese mismo año, se comprometieron a entregar cierta cantidad de ovejas, trigo, pieles de conejo y dinero. En 1198 el Concejo de Huete y en 1227 el Concejo de Uclés, siguieron este mismo ejemplo del Concejo de Cuenca en plan de donaciones. Así mismo el molino que está situado en la actualidad debajo del puente de San Antón, en el río Júcar, perteneciente al Obispo de Sigüenza, fue donado con la condición de que en vida se le diese quince áureos. El Papa Honorio III en el año 1220, comisionó al Deán de la Catedral de Toledo para proceder contra los que no cumpliesen las promesas y votos solemnes de mandas y legados a favor de los hospitales de Cuenca y Alarcón y en 1260 el Papa Alejandro IV expidió una bula por la cual prohibía le fueran arrebatadas, bajo ningún pretexto, las donaciones hechas por los fieles al Hospital de Santiago de Cuenca.
Escalerillas de Santiago

El edificio del hospital actual inició su edificación en 1511. El 26 de junio se adjudican las obras al maestro de cantería Juan del Castillo, las obras fueron desarrollándose a lo largo del siglo XVI y principios del XVII. El maestro de obras Francisco de Mora realizó la traza de la fachada en el año 1608 y su realización fue encargada al maestro cantero Juan Fernández de la Serna. En el año 1623, fray Alberto de la Madre de Dios diseñó las puertas y las ventanas del Hospital y las ejecutó Francisco Montalvo.

Es curioso cómo se pierden ciertas tradiciones. Contaba mi padre que en sus años jóvenes se organizaban verbenas para la festividad del Apóstol Santiago donde se realizaban concursos de mantones y balcones engalanados, los cines ese día eran gratuitos y se terminaba la fiesta con los fuegos artificiales. Tradiciones que se deberían recuperar para la grandiosidad del Santo y de esta Ciudad.



Cuenca, 25 de julio de 2014
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

lunes, 14 de julio de 2014

Frailes y marineros unidos por la devoción a la Virgen de Carmen


CARMELITAS Y MARINOS, UNIDOS BAJO UNA MISMA DEVOCIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN

Sus orígenes en Cuenca

Fue el Papa Clemente X quien concedió por bula el 2 de noviembre de 1674 la recitación del oficio divino de esta fiesta y desde entonces se viene celebrando la festividad de la Virgen del Carmen, Patrona de los marinos.
Espadín de las campanas del convento de las
Carmelitas Descalzas de San José

En Cuenca se ha tenido siempre gran devoción, tal vez por haberse establecido en la ciudad la Orden de los Carmelitas Descalzos desde el siglo XVII. En 1613, se ubicaban en la llamada isla del Júcar, en 1708 pasaron a tener la residencia en el convento próximo al santuario actual de la Virgen de las Angustias. Las Carmelitas estaban situadas en la provincia en el pueblo de Villanueva de la Jara, el llamado convento de Santa Teresa y había otro en la localidad de Huete, fundado en 1588, sus hermanas fueron trasladas al convento de Cuenca en 1603.


Escapulario
El origen del nombre “Carmen” procede de Galilea. El nombre deriva de la palabra Karmel o Al-Karem que podría traducirse como “jardín”.  Cuenta el Libro de los Reyes, que en este monte vivían numerosos anacoretas. Según la interpretación veterotestamentaria, en el año 300 a.C. azotó una gran sequía a Galilea (36 meses sin llover) subiendo el profeta Elías al monte Carmelo para implorar la lluvia, divisó una nube blanca que emergía de las aguas del mar, fue creciendo hasta convertirse en una inmensa nube que descargo abundante agua sobre las tierras sedientas. Alías comprendió que aquello simbolizaba la llegada del Salvador, que nacería de una doncella inmaculada para traer una lluvia de bendiciones. 

Con el devenir de los años se estableció en ese mismo lugar una comunidad de monjes, iniciándose el germen de la Orden del Carmelo o Carmelitas. Entre estos monjes sobresale uno, San Simón Stock. Cuenta la biografía del Santo que se le apareció la Virgen llevando en sus manos un escapulario, y le dijo: “Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los Carmelitas: quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno”. Esta aparición tuvo lugar el 16 de julio de 1251, de ahí que
Convento de los Carmelita Descalzos, anteriormente de los Dominicos
se celebre todos los años el 16 de julio la festividad de la Virgen del Carmen.

Mi interés por los Carmelitas parte de la investigación que llevé a cabo en el año 1988 sobre los moradores del Desierto de San Joaquín (del Cambrón) en el término de Villalba de la Sierra, apareciendo entre los legajos en el Archivo Nacional de Madrid, la escritura del convento de San José de Cuenca de la Orden de las Carmelitas Descalzas, actual sede de la Fundación Antonio Pérez. En el año 1980 la Comunidad de las Hermanas Descalzas de San José se trasladaron a su actual ubicación, en la carretera de Nohales.
Convento de las Carmelitas Descalzas de San José

Como he dicho al principio de este artículo las Carmelitas, procedentes de Huete llegan a Cuenca el 1 de septiembre de 1603 siendo Obispo Sr. D. Andrés Pacheco. Acompañó a las Madres el Provincial de la Orden, el Padre Fray Alonso de Jesús María. Siendo la Priora, la Madre Isabel de San José. Fueron 11 las monjas trasladadas que con 2 vocaciones de Cuenca formaron la Comunidad 13 religiosas. Al no reunir las condiciones adecuadas de habitabilidad el futuro convento, fueron instaladas en una casa junto a la parroquia de San Martín, donde pasaron 5 años. El desarrollo de los trabajos de acondicionamiento del edifico del convento se desarrollaron lentamente a causa de la falta de fondos, ocupando las estancias del edificio el año 1608. Lo más costoso fue la realización de la capilla que gracias a las limosnas donadas por D. Jerónimo Aguilar que llegaron a 4.000 ducados, se puedo realizar los cimientos. Las obras cesaron por espacio de 16 años, hasta que en 1642, con la llegada del rey D. Felipe IV, por mediación del licenciado D. José González, el Rey donó la cantidad de 3.000 ducados que complementados con otras aportaciones del inquisidor, D. Fernando Heras Manrique, se pudo acabar la capilla. El día 3 de abril de 1646, día de la Pascua de Resurrección en solemne procesión, desde la parroquia de San Nicolás, fue trasladado el Santísimo Sacramento y consagrada la nueva Iglesia por el Ilustrísimo Señor D. Enrique Pimentel, obispo de Cuenca.
Imagen de la Virgen del Carmen en la
Capilla Honda de la Catedral de Cuenca

El relacionar a la Virgen del Carmen con el mar, procede del desplazamiento de los Carmelitas del Monte Carmelo a consecuencia de la invasión sarracena. Una antigua leyenda habla que antes de partir de aquel lugar se les apareció la Virgen mientras cantaban el “Salve Regina” prometiendo ser para ellos la “Estrella del Mar”. En el siglo XVII, el almirante mallorquín D. Antonio Barceló Pont de la Terra impulsó su celebración entre la marinería que él dirigía, siendo a partir de ese momento, cuando la Marina Española sustituyó el patrocinio de San Telmo, por el de la Virgen del Carmen.

Parece increíble la existencia de marineros en nuestra provincia al estar tan alejados del mar, pero sin embargo son varios los conquenses que han despuntado en las artes marinas. Así tenemos con los Reyes Católicos, un Mosén Diego de Valera, autor de un “Memorial de lo que convenía para el armada que mandaban fazer para guardar el estrecho”, en el que da cuenta de la cantidad y calidad de las naves, sus dotaciones y sueldos, bastimento y administración, en interesante documento para el estudio de la marina en su tiempo, como dice Carriazo al comentar la Crónica de los Reyes Católicos.

A su hijo Carlos de Valera le vemos en 1476 salir de Barrameda con dos galeras y cinco carabelas, para pelear con los portugueses, llevando el mando de las últimas y ganando el combate a sus contrarios y el mismo año, como Capitán de Guinea, marchando al frente de veinticinco carabelas y otras tres embarcaciones.
Virgen del Carmen

En la gesta de América tenemos a Alonso de Ojeda, el Caballero de la Virgen, explorador de Venezuela y Colombia, jefe en 1499 de cuatro naves, en 1502 de otras tantas y en 1504 de otra en que lleva como saldadas a Hernán Cortés y Pizarro.

En el mismo siglo XVI Mateo Serrano, de San Clemente, Capitán y Gobernador de Brujas, organiza muchas expediciones marítimas y fluviales, como Julián Romero, de Huélamo, héroe de San Quintín, va a Flandes con el duque de Alba, como jefe de la infantería de cincuenta y cuatro navíos y cuando se intenta levantar el sitio de Midleburgo se encarga del mando de los buques pequeños de la escuadra en la que los grandes iban bajo la dirección de Sancho Dávila. Igual que tenemos a Juan Ortiz Barriga, de Belinchón, al mando de una fragata en la conquista de Veragua y de un bergantín de la lucha con los corsarios. Todos ellos, de pobre cuna conquense, se afanaron en cosas de mar.

En el siglo XVII, Don Fernando Casado de Torres, de humilde familia del pueblo de Zafra, es ingeniero naval a los treinta y dos años, hace entre otros muchos el proyecto de navegabilidad del río Nalón, según se consta en el de Ministerio de Marina, como comandante general de Ingeniero Jefe de la Armada y colaborador de Isaac Peral.

Como trofeo marino no debemos olvidar el estandarte existente en la Capilla del Espíritu Santo de la Catedral, que las fuerzas enviadas por D. García Hurtado de Mendoza tomaron al corsario Drake frente al Callao y que, según Rizo, le había sido regalado por la Reina de Inglaterra.
Escapulario de la Virgen del Carmen

No puedo acabar este artículo sin relatar un milagro atestiguado que ocurrió en el verano de 1845 en el barco ingles llamado “Rey del Océano”. Hallándose en medio de un atroz huracán el barco y temiendo naufragar, el tripulante irlandés, John McAuliffe se quitó el escapulario que llevaba en su pecho y haciendo la señal de la cruz  lo lanzó al océano, calmándose el viento  y volviendo la calma, solamente una ola llegó a la cubierta trayendo con ella el escapulario que quedó depositado a los pies del tripulante. Testigo de hecho fue el ministro inglés Fisher que viajaba con su familia en el navío. Interrogando al tripulante sobre el escapulario, se convirtió, él y su familia al catolicismo.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

Cuenca 11 de julio de 2014


   

miércoles, 2 de julio de 2014

La Batalla de Huete. Año: 1164


Tras la huella de Alfonso VIII en el octavo centenario de su muerte.

Sancho III de Catilla
El 9 de julio hará 850 años de la Batalla de Huete entre los bandos de Los Castro y Los Lara. ¿Cómo fue esto?

Alfonso VIII nace en Soria en 1155, primer y único hijo del rey Sancho III de Castilla “el Deseado” y doña Blanca de Navarra, que falleció en el parto. En 1157 fallece su abuelo, el rey Alfonso VII dividiendo su reino entre sus hijos, Castilla para Sancho III y León para Fernando II. El 31 de agosto de 1158 fallece su padre, siendo declarado heredero al  trono. En ese momento Alfonso VIII contaba con 3 años de edad. Antes de morir Sancho III nombra como Custodio del Rey a D. Gutiérrez Fernández de Castro que había sido su ”ayo” y como Regente  a D. Manrique de Lara.

Los Lara no aceptan que la custodia de Alfonso VIII recaiga sobre Los Castro, maniobrando astutamente consiguen que  Gutiérrez Fernández de Castro les entregue al pequeño Rey, con la promesa de devolverlo en cuanto así lo requiera pero Los Lara no lo devuelven, comenzando un período de guerra civil entre ambas familias, multiplicándose los conflictos a lo largo de todo el territorio castellano.


Escudo de Armas de los Castro
Al hacerse cargo D. Manrique de Lara de la regencia, inician la persecución de los sobrinos de D. Gutiérrez, a los que quiso privar de todos los honores y de las tenencias de villas y ciudades. Como medio de defensa estas posesiones se pusieron en manos del rey de León, tío de Alfonso VIII, que también ambicionaba el trono castellano y por el que se declararon varias ciudades, entre ellas Toledo (1162).

Tanto Huete como Toledo estaba por D. Fernando Ruiz de Castro que obtiene importantes apoyos en el Arzobispado de Toledo. Los Lara juntaron tropas y se dirigieron a Huete con la intención de tomarla, a cuya defensa se dispuso Castro, encontrándose los dos ejércitos en el sitio llamado Los Burrucales entre Garcinarro y Huete, donde pelearon por ambas partes con gran tesón, fortalecidos los Lara con la presencia personal del Rey en su campamento, en el que recibió un mensaje de D. Fernando Ruiz de Castro, rogándole desistiere “de rompimiento y del derramamiento de sangre” que ya “cuando fuere mayor de edad le entregaría las ciudades que por tenencia de su padre tenía”, lo que tomado Los Lara como signo de cobardía, siendo contestado que no levantaría el campo sin prenderle o matarle, con lo que dió comienzo la batalla, durante la cual rompió Lara su lanza contra un escudero de Castro, tomándolo por éste y entonando “el victor”  por lo que hubo de descubrirse Castro y gritar “amigos, yo no soy el muerto” y arremetiendo contra D. Manrique le hirió de muerte de una lanzada. En marzo de 1166 se celebró el Sínodo de Obispos en Segovia, donde se confirmó a Alfonso VIII como futuro Rey de Castilla. Las ciudades castellanas poco a poco comienzan a reconocer a Alfonso como su Rey.