jueves, 6 de septiembre de 2018

La salud de los conquenses entre hospitales y conventos


 La salud, hospitales y conventos en Cuenca (1ª parte)

Daré una sucinta idea del establecimiento y situación de donde pudieron estar ubicados, los hospitales y comunidades religiosas que hubo en Cuenca.
El primero que hablaré será del Convento de San Antonio Abad. Fue de hospitalidad, en que se curaba el fuego sacro y otras enfermedades semejantes. Estuvo situado a extramuros de la ciudad, en la parte occidental, pasado el río Júcar junto a la iglesia Parroquial de la Virgen de la Luz, en el barrio de San Antón. La comunidad la formaban un Comendador, que era sacerdote, y cuatro o cinco legos, que servían al hospital y la casa, también se encargaban de recoger las limosnas. Su fundación fue hacia 1345. Según el Bulario de la Orden de Santiago, los procuradores de la demanda de San Antonio Abad en Cuenca, presentaron a D. Juan, Prior del Convento de Santiago de Uclés, un privilegio para que no les estorbaran la petición en los pueblos del Priorato. Era el privilegio del Rey D. Fernando IV, también otro de D. Sancho, su padre, y otro de D. Alfonso el Sabio, para que pudieran pedir en todos sus reinos, a demás mostraron una carta de D. García, Obispo de Cuenca, en el que daba testimonio de los privilegios concedidos a los religiosos Antoneros los Papas: Gregorio, Nicolás y Clemente VI.
Esta Orden subsistió hasta el día 22 mayo de 1791 en que, en virtud de una Bula del Papa Pío VI, fue extinguió, siendo Obispo de Cuenca D. Felipe Antonio Solano. Secularizando, con asistencia de la ciudad, a los cuatro legos que había.
Hubo en esta ciudad otros muchos hospitales que con el tiempo y por sus cortas rentas desaparecieron. Conservamos memoria de ellos: el de San Lázaro, inmediato al de San Jorge y que, como su nombre indica, fue establecido para curar enfermos. El de Santa Lucía, para curación de mujeres, y el de San Sebastián, para curar varones; estuvieron situados en los terrenos que después ocuparon el destruido convento e iglesia de las monjas Bernardas, hoy podemos situarlo por la calle Santa Lucía y el Matadero Viejo.
Antiguo Convento de las Bernardas

El de Santa Quiteria estuvo cerca de la Iglesia de San Miguel, y el de San Francisco, San Pedro y San Pablo, inmediato a la de iglesia de Santa María. Siendo insuficientes sus rentas para las cargas de sus instituciones, fueron agregados a los Cabildos Sacramentales de ambas parroquias. El de San Jorge, contiguo a la casa de la iglesia de San Antón, fue también albergue de pobres transeúntes, y por hallarse el edificio en ruinas fue cedido al Concejo, con la intención que se construyera otro de iguales prestaciones, junto a las alfarerías.
Otro existió llamado De Todos los Santos, éste contiguo a la iglesia del Salvador. De su capilla es titular Ntra. Sra. de la Esperanza. Este hospital es muy antiguo, pero se ignora el tiempo de su fundación. El Papa Gregorio X concedió en Bula de 24 de Diciembre de 1591 a dicha capilla y a su hermandad o cabildo confraternidad con la iglesia de San Juan de Letrán de Roma y en 22 de Enero de 1786 expidió S.S. Pío VI.
En el protocolo de la escribanía que regentó Martín González de Santa Cruz, escribano de esta ciudad, se hallaba un cuaderno de diligencias que incluye dos Bulas pontificias de Pío V, una despachada el 6 de diciembre de 1566 y otra de 9 de abril de 1567 y varias provisiones Reales, para reunir todos los hospitales y cofradías de Cuenca en una sola. Se practicaron algunas diligencias y se hicieron inventario de las rentas que cada una disfrutaba, y en este estado quedó la unificación. También en el archivo de la ciudad, legajo 43, núm. 1194, se registra otra provisión Real para la referida reunión.

Cuenca, 6 de septiembre de 2018

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

El perdón de D. Pedro I de Castilla (El Cruel) a la Ciudad de Cuenca


Hoy 5 de septiembre hacer 664 años de este hecho.

Ahora que se aproxima la celebración de la conquista de Cuenca por el Rey Alfonso VIII,  hablaré de un hecho que ocurrió en esta ciudad en el mes de septiembre de 1354 con D. Pedro I, rey de Castilla y León. Hijo de Alfonso X y María de Portugal. Lo sucedió en el trono en el año de 1350.
Retrato de D. Pedro I el Cruel

El comienzo de su reinado estuvo marcado por la debilidad del poder real frente a las fracciones que se disputaban el poder que no eran otros que los hijos bastardos de Alfonso XI tuvo con Leonor de Guzmán, también tuvo problemas con los infantes aragoneses que eran primo del rey y la Reina Madre, María de Portugal. Al principio controló el poder de la Reina Madre y del favorito Juan Alfonso de Alburquerque quien  organizó la política exterior con alianzas con Francia, concertando el matrimonio del D. Pedro I de Castilla con Blanca de Borbón en el año de 1353. Pero D. Pedro en ese tiempo tenía por amante a María de Padilla y después de haber celebrado la boda con Blanca de Borbón (3 de junio de 1353), la abandonó al tercer día de casados y la hizo encerrar en el Alcázar de Toledo provocando la ruptura con Francia y la caía de Alburquerque. Todo ello provocó una rebelión en Toledo, extendiéndose a otras ciudades como Córdoba, Jaén, Talavera y otras que se declararon a favor del partido de los grandes que estaban contra el rey D. Pedro.

Por todo ello vino el rey  contra Cuenca en el año 1354, pero sus ciudadanos le cerraron las puertas y no se atrevió a usar la violencia por la fortaleza de la ciudad. Se criaba en ella, en casa de Alvar García de Albornoz, hermano del Cardenal D. Gil Álvarez de Albornoz, D. Sancho, hermano del rey, e hijo de Doña Leonor de Guzmán, que se libró del riesgo que le amenazaba si hubiera entrado el Rey en Cuenca y pocos días después D. Álvaro, que lo tenía en custodia, lo llevó a Aragón para mayor seguridad.

Permaneció el rey D. Pedro I, quince días en la aldea de Jábaga, a dos leguas de Cuenca y conviniendo con sus vecinos en que no moviera las armas se retiró a Toledo, y poco después la ciudad volvió a su obediencia.

El rey perdonó a los ciudadanos, con particularidad a Álvaro García, García Álvarez, Fernando Gómez y Gómez García, todos de la casa de los Albornoz; lo que consta del perdón que Rizo dice vio en el archivo de la Santa Iglesia Catedral, sellado con ello de plomo y firma del rey, en 4 de septiembre de mil trescientos noventa y tres y en efecto se halla en el legajo 3º, al número 111 aunque con fecha de 5 de septiembre.  

Cuenca, 5 de septiembre de 2018

martes, 4 de septiembre de 2018

Hoy nace una clara estrella.

Natividad de María
El día 8 de septiembre celebramos la festividad del nacimiento de la Virgen María. Este es el día con el que se abre el calendario litúrgico bizantino, cerrándose con la Dormición de María en el mes de agosto.
Según la tradición, María nació en Jerusalén, junto a la piscina de Bezatha, donde vivían sus padres Santa Ana y San Joaquín.
Nacimiento de María por Andrés del Vargas. Siglo XVII
Capilla de la Virgen del Sagrario. Catedral de Cuenca
Es curioso que la Liturgia Oriental celebre esta festividad cantando poéticamente el preludio de la alegría universal, es el momento en que se inicia la salvación anunciada desde los profetas en el Antiguo Testamento.

Hoy nace una clara estrella,

tan divina y celestial,

que, con ser estrella, es tal,

que el mismo Sol nace de ella.



Con el devenir de los tiempos, María se convirtió en el vehículo de Salvación. Hoy celebramos el aniversario de su nacimiento como una nueva manifestación de fidelidad de Dios con los hombres.
En la plenitud de los tiempos, María se convirtió en el vehículo de la eterna fidelidad de Dios. Hoy celebramos el aniversario de su nacimiento como una nueva manifestación de esa fidelidad de Dios con los Hombres.
Nacimiento de María. Siglo XVI
Capilla del Pozo
Catedral de Cuenca
Cada ocho de septiembre, la Iglesia Católica celebra el día del nacimiento de la Virgen y nueve meses después, el día 8 de diciembre celebramos la festividad de la Inmaculada Concepción.
Nuestra Catedral es un cantar de alabanzas a la Virgen María y en sus paredes el arte renace para recordar dicho acontecimiento. Ventura Rodríguez lo expresa en su obra del Altar Mayor, Andrés de Vargas lo canta en su magnífica obra de la Capilla de la Virgen de Sagrario, y el Canónigo, Juan del Pozo lo plasma en su retablo, al igual que el Deán Juan Barreda lo hace en la Capilla de la Asunción, obra del artista Martín Gómez el Viejo y su cuñado Pedro de Castro.

El origen de esta festividad se remonta al siglo V en Jerusalén, fruto de la festividad del Nacimiento de la Bienaventurada Virgen María, celebrada en la Basílica de Santa Ana y que fue incluida en el Calendario Trinitario, permaneciendo como tal hasta nuestros días.
Esta celebración es mencionada en los evangelios apócrifos, concretamente en el Protoevengelio de Santiago.
El Protoevangelio de Santiago debe su título a su primera edición que se remonta a  finales del siglo XVI. Con anterioridad, fue conocido con el nombre de Libro de Santiago o el de Historia de la Natividad de María, título que corresponde más exactamente con su contenido.

Cuenca, 8 de septiembre de 2018

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

jueves, 30 de agosto de 2018

Comienzo de las visitas guiadas gratuitas de los primeros sábados de mes en la Catedral de Cuenca

Iniciamos el curso con una visita guiada apasionante, el siglo de los descubrimientos.
El sábado, día 1 de septiembre a las 11.00 horas, el investigador José María Rodríguez realizará una visita guiada gratuita por la iconografía del siglo XV.

Armadillo. Sacristía Mayor. Catedral de Cuenca
La Catedral de Cuenca no fue ajena al periodo histórico de los descubrimientos. Es en el siglo XV cuando se duplica su espacio interior al acometer las obras de ampliación de la girola y la trasformación de un progótico o un gótico de iniciación en un gótico puro en sus arquerías, transformándose por completo. Fueron en esos arcos donde se ilustró la historia sagrada, historias bíblicas que el pueblo debería conocer al no tener los conocimientos necesarios para poderlos leer en los escasos libros existentes. La Catedral de Cuenca se convirtió en un verdadero libro de piedra donde están esculpidos los animales del Nuevo Mundo que acababa de ser descubierto.


Descubre de la mano del propio investigador que descifró el contenido bíblico tallado en piedra y disfruta del apasionante mundo de la lectura de la imagen labrada en la misma piedra.



El pez globo, el cangrejo ermitaño, el dodo, los indios americanos y un sinfín de detalles que contienen las arquerías góticas de esta Catedral única en el mundo con iconografía marginalista con la zoología americana que fue descubierta por nuestros conquistadores.
Indio americano.
Sacristía Mayor
Catedral de Cuenca

¡Te lo vas a perder! A las 11.00h en la Catedral de Cuenca.

Cuenca, 30 de agosto de 2018.

José María Rodríguez González. Investigador histórico.

sábado, 25 de agosto de 2018

"El hijo de las lágrimas de su madre", San Agustín


 El amor es una perla preciosa, que si no se posee, de nada sirven el resto de las cosas, sobra todo lo demás (San Agustín).


Son muchas las curiosidades que existen en una catedral, cada rincón es un pozo de sabiduría que si echamos el balde siempre sacaremos alguna enseñanza.

Dos cuadros pasan desapercibidos en el retablo de la Sacristía Mayor, retablo barroco de una rica historia pero que en esta ocasión nos centraremos en los lienzos existentes en el centro, uno a cada lado, a los pies de la Virgen con el Niño que lo preside. En ellos están pintados los Doctores de la Iglesia, en la izquierda San Jerónimo y San Gregorio y en el de la derecha San Ambrosio y San Agustín.
San Agustín y San Ambrosio
Sacristía Mayor de la Catedral de Cuenca

Para profundizar en este gran Doctor de la Iglesia no me queda más remedio que acudir a la sabiduría de mi abuelo Sabino, esa persona que con sus razonamientos me hizo aprender a pensar y comprender los grandes misterios que encierra la vida y la sociedad donde nos ha tocado vivir, distanciadas en el tiempo pero iguales en las reacciones humanas.

Estábamos terminando la estación estival con los últimos días del mes de agosto, cuando estando en casa de mis abuelos por las ventanas que dan al barrio San Martín divisó a un tal Agustín que estaba empleado en el servicio de limpieza del Ayuntamiento.

¿Sabías que hoy es su santo? – ¿De quién? dije a mi abuelo, de Agustín, tengo que felicitarle cuando lo vea por la Plaza limpiando. -¿Vamos a ir a verlo? más tarde, ahora te hablaré de quien fue San Agustín. Nació un 13 de noviembre de 354. - ¡Pues nació en el mismo mes que yo! Si, pero él nació en una pequeña ciudad de Numidia en el norte de África, que por esa época pertenecía al Imperio Romano, su padre se llamaba Patricio y su madre fue Santa Mónica preocupada siempre por el bienestar de su familia y cuando vio que su hijo se desviaba del camino del cristianismo se entregó a la oración constante. Años más tarde el mismo San Agustín se llamaría a sí mismo “el hijo de las lágrimas de su madre”. – ¿Por qué dijo eso, es que fue un trasto como yo? – No Josemari, fue porque en su búsqueda insaciable por encontrar la verdad  San Agustín después de pasar por varias escuelas no encontró en ellas una verdadera respuesta a sus inquietudes y creyendo que en el sistema maniqueísmo podría encontrar el modelo que orientaría su vida. -¿Que es el maniqueísmo?, pregunté. Es el nombre que recibe la religión universal fundada por un sabio persa llamado Mani quien decía ser el último de los profetas enviados por Dios a la humanidad. -¿Y eso era verdad? Escucha y atiende que te sigo contando.

San Agustín paso varios años en esta doctrina y finalmente, decepcionado la abandonó al considerarla simplista que apoyaba la pasividad del bien ante el mal. Así que en el año 383 partió para Roma, la capital del Imperio, vamos como si nosotros nos fuéramos a Madrid porque allí están la gente más sabia, pero estando en Roma enfermó de gravedad, cuando superó la enfermedad, gracias a su amigo y protector Simaco, prefecto de Roma fue nombrado magister rhetoricae,  de Milán, vamos como si dijéramos el jefe de los maestros, al ser un perfecto orador y tuvo de rival en oratoria al Obispo Ambrosio en Milán. Siendo este lugar donde se convirtió al cristianismo asistiendo como catecúmeno a las celebraciones litúrgicas del Obispo Ambrosio y este fue quien le hizo conoce los escritos de Plotino y las epístolas de Pedro de Tarso decidiendo romper por completo con el maniqueísmo. 

La vida está llena de cosas sencillas y hay que buscar la simplicidad de las cosas para llegar a lo más complicado. El Obispo Ambrosio fue quien le dio la clave para interpretar el Antiguo Testamento y encontrar en la Biblia la fuente de la fe.

Según cuenta el mismo San Agustín, estando en casa de su amigo Alipio, reflexionando en el jardín oyó una voz de niño en su cabeza que decía: “toma y lee” y entendiendo esto como una invitación divina, cogió la Biblia por las cartas de San Pablo y leyó el pasaje de la Epístola de los Romanos que dice: “Como en pleno día, procedamos con decoro: nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos; nada de rivalidades y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus concupiscencias” (Rm. 13. 13-14). Al llegar al final de esta frase se desvanecieron todas las sombras de duda y se convirtió al cristianismo en el año 385 y un año después se consagró al estudio formal y metódico de las ideas del cristianismo, renunció a su cátedra como maestro y se retiró con su madre y unos compañeros a Casiciaco, cerca de Milán para dedicarse por completo al estudio y a la meditación. El 24 de abril de 387 a sus 33 años fue bautizado por el mismo Obispo

Todo me intrigaba pero en realidad no sabía porque este hombre llegó a ser Doctor de la Iglesia. Preguntando a mi abuelo ¿Qué razones de fe llevó a este hombre a tan alta distinción?

Como hemos visto antes, a los 16 años San Agustín rechazó la fe por la razón, sin embargo con el tiempo fue cambiando y vio que la razón y la fe no están en oposición, si no que se complementan, Según él la fe es un modo de pensar asintiendo y si no existiese el pensamiento, no existiría la fe. Por eso la inteligencia es la recompensa de la fe. La fe y la razón son dos campos que necesitan ser equilibrados y complementados. Vamos que si uno es inteligente piensa afirma y comprende. Algo así Josemarí, ¿ya vas entendiendo?, dijo mi abuelo.

Está tocando mangana la medía, ya oigo, nos queda algo de tiempo, pero ¿Qué es el tiempo? ¡Qué cosas tienes abuelo! El tiempo es lo que se pasa y no vuelve, -le dije todo cargado de razón. San Agustín decía sobre el tiempo que si nadie se lo preguntaba sabía lo que era pero si debía explicarlo ya no lo sabía y a partir de estos términos ensayó una reflexión sobre la naturaleza del tiempo y su relación con la eternidad. Del hecho que Dios sea un ente creador pero no creado se desprende que la medida con que medimos nosotros el tiempo no existe para Dios. Dios le dijo a Moisés: “Yo soy el que soy” (Ex. 3,14) eso equivale a que Dios está fuera del tiempo con que nosotros somos seres humanos estructuralmente temporales. San Agustín separaba el mundo de Dios, eterno, perfecto e inmutable con el de su creación, dominado por la materia y el paso del tiempo. Pensó que Dios creó el tiempo a la par que el mundo y sometió su creación al discurrir de ese tiempo, de ahí que todo en este mundo tenga su principio y su final.

Llegando un poco a cansarme le pregunte a mi Abuelo ¿Este Santo nunca se equivocaba? Si claro también fue humano como nosotros. Te voy a contar una leyenda que parece que sucedió.

Un día San Agustín paseaba por la orilla del mar, junto a la playa, dando vueltas a su cabeza sobre todas estas cosas que te he contado y sobre el misterio de la Santísima Trinidad, cuando observó a un niño que corría hacia el mar, llenaba un cubo con agua y lo derramaba dentro de un pozo que había hecho en la arena y así una y otra vez hasta que el Santo percatado en ello le preguntó por curiosidad al niño ¿Qué haces? Y el niño le respondió: estoy sacando toda el agua del mar para meterla en mi hoyo. ¡Pero eso es imposible! Le contestó San Agustín, respondiéndole el niño “Mas fácil es que yo meta toda el agua del mar aquí que tú comprendas el misterio de la Santísima Trinidad” y desapareció.

Después de esta agradable historia nos fuimos a ver qué aspecto tenia San Agustín a la Sacristía Mayor de la Catedral donde hay un cuadro con los cuatro Doctores occidentales de la Iglesia.

Murió el 28 de agosto de año 430 a los 75 años de edad. Hoy día 28 de agosto celebramos su festividad,  San Agustín.

Felicidades a los que llevan tan digno nombre. ¡Felicidades!

Cuenca, 28 de mayo de 2018

©José María Rodríguez González

sábado, 18 de agosto de 2018

Cuenca, una ciudad donde los parques carecen de WC


La falta de mantenimiento y el cierre de los servicios públicos hacen de los parque lugares pocos saludables.

Tres son los parques que esta ciudad tiene en el centro de la urbe. El mítico San Julián, el de los Moralejos y el Vivero. Loa parques son espacios donde podemos soñar de día, mantenernos en forma, pasear al perro o sentarnos tranquilamente a tomarnos un helado o un bocadillo y sentir que la ciudad dispone de un espacio donde poder pasar un rato disfrutando del frescor que proporciona su vegetación en verano. Ya sean o no buenos para la vida económica de la ciudad, los parques nos hacen sentir bien como a la flora y la fauna que los habita y el ciudadano que lo visita. Es decir, se trata de un sitio intrínsecamente democrático para todo el mundo.

Esta semana de ferias paseando por ellos he observado la falta de servicios públicos útiles. Las instalaciones de estas características en los parques mejoran la calidad de vida ciudadana, en especial, de la gente mayor, personas con capacidades diferentes, con problemas de salud y familias con niños y niñas que se ven en la necesidad de utilizar los de los bares o cafeterías próximos a ellos.

Estos espacios públicos son de todos los ciudadanos, por lo que hay que cuidarlos y velar por su correcto uso y mantenimiento, cosa que no sucede con los WC que hay en ellos, sobre todo el del parque de los Moralejos en el que están lapidados sus accesos y el resto de las paredes están grafiteadas por completo.
WC del parque Los Moralejos de Cuenca

Es la falta de mantenimiento lo que hace que se conviertan en centro de delincuencia y drogadicción y si se quiere evitar que ésto suceda y realizar un verdadero aporte a la seguridad ciudadana es necesario cuidar, mantener y recuperar los espacios públicos y ello trae una serie de beneficios que toda la ciudadanía agradece.

Estas letras no son una crítica a las autoridades que tienen competencia en ellos sino un toque de atención para que se pongan en uso y servicio. El parque de San Julián siempre ha tenido sus WC abiertos desde su creación y con una persona a su cuidado en el interior, ello servía para que estuvieran en perfecto estado de uso y vigilancia en las horas centrales del día.

Por una ciudad más digna y grata donde vivir.

Cuenca, 18 de agosto de 2018

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

lunes, 13 de agosto de 2018

El misterio de la Dormición de María y su Asunción al Cielo.

El cielo tiene un corazón, el de María, que fue llevada en cuerpo y alma junto a su Hijo para siempre.

Son muchas las preguntas que surgen sobre la vida de la Virgen después de la Ascensión de Jesús a los Cielos. No ofrece ninguna duda de la Asunción de María a los cielos, por lo que no me extenderé en esos detalles, recogeré y traeré a escena para edificación nuestra, algunas de las noticias que la tradición nos ha conservado acerca de los últimos años de María y sobre su muerte y gloriosa elevación al reino de los bienaventurados.
¿Cuántos años sobrevivió María en la tierra a su Hijo? Es difícil afirmar con certeza, según la opinión común y las tradiciones antiguas, la Virgen Murió a los 72 años.

A los pies de la cruz legó Jesús a su Madre al discípulo amado con estas palabras a María: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”, y estas otras a Juan: “Ahí tienes a tu Madre”. A partir de ese momento Juan recibió a María por Madre (Jn. 19, 26).
Dormición de María
Capilla de la Asunción de Villaescusa de Haro
Como hace tiempo que no hablo de mi abuelo Sabino, voy a narraros este pasaje como me lo contó él para que lo entendiera con mi mente infantil. Espero que os guste.
Era un 15 de agosto y el sol caía a plomo por el escalerón de la calle Caballeros cuando subía a la casa de mis abuelos, en la calle Alfonso VIII, para acompañar a misa de doce a mí abuelo, a la Capilla de la Virgen del Sagrario donde se oficiaba la santa Misa en verano. Llegué acalorado a su casa y aún tuve que reponer el agua de los botijos bajando a la fuente de Zapaterias que caía un agua fresca y deliciosa donde me mojé la cabeza para reponerme del calor acumulado de la subida.

Ese día tocaban las campanas de San Felipe a muerto. Al volver a casa pregunté por tal hecho y mi abuelo contestó que había fallecido un vecino, diciendo: “Eustaquio ha muerto el mismo día que la Virgen María”.  En mi corta vida jamás había pasado por mi cabeza que la Virgen María pudiera haber muerto y eso me dio, como a cualquier mente infantil habida de aprender cosas, por preguntar por aquel hecho  misterioso.
Mi abuelo, como persona paciente dejó la narración para después de la Santa Misa. En el sermón el sacerdote habló de la Asunción de la Virgen y eso me llenó de más dudas, ¿Cómo había sido ascendida al cielo si había muerto como me había asegurado mi abuelo?

Todo se fue aclarando cuando después de salir de Misa nos refugiamos en la sombra que daban los árboles que lucían majestuosos en la Plaza. Sacando el vaso plegable que siempre llevaba mi abuelo en su bolsillo, me lo dio para que lo llenara del agua que salía cantarina de la fuente de la Plaza, y comenzó el relato después de dar un sorbo al agua fresca del vaso.

 “Los Apóstoles enterraron el cuerpo de la Madre de Dios, de acuerdo con su voluntad, al pie de la montaña de Eleón, en el jardín de Getsemení, en la gruta donde se encontraban los cuerpos  de sus padres, San Joaquín y Santa Ana y el de San José. Durante el entierro ocurrieron muchos milagros, al tocar el féretro los ciegos recobraban la vista, los enfermos sanaban y los demonios huían”.
-¡Todo eso está bien, pero quiero saber cómo fue todo, como murió y después como se la llevan al cielo! –Le dije a mi abuelo- 
-Tranquilo Josemari-, todo a su tiempo, esto es para que sepas algo más.
- ¿Has traído la libreta que te regalé? -
-Si, pues toma nota –repicó mi Abuelo- . Has de saber que en el siglo II, la historia de que el cuerpo de María subió a los cielos la encontramos en las obras de Melitón, Obispo de Sardis. En el siglo IV, San Epifanio de Chipre hace referencia a la tradición sobre la “Dormición” de la Madre de Dios. En el siglo V, San Juvenal, Patriarca de Jerusalén, le dijo a la Emperatriz Pulqueria de Bizancio: “Pese a que no existen datos sobre su muerte en las Sagradas Escrituras, sabemos por las creíbles tradiciones de su veracidad”. Dicha tradición fue expuesta en la historia de la Iglesia de Nicéforos Callisto durante el siglo XIV. 
-¡Deja eso y vamos a lo que interesa! 
–Paciencia eso es para que veas cómo antes que tú se interesó gante instruida que nos dará luz a las dudas que hoy podemos tener sobre este hecho. –Dijo mi abuelo-.

En el momento de su dormición, María había regresado a Jerusalén, pues durante las persecuciones del rey Herodes contra la joven Iglesia de Cristo (Hch. 12, 1-3) viajó, con San Juan, a la ciudad de Éfeso, en el año 43. También viajó a Chipre para estar con San Lázaro, el resucitado por Cristo, donde San Lázaro era Obispo.
Pues bien María un día recibió la visita del Arcángel Gabriel y le anunció que pronto dejaría esta vida. Por ello decidió visitar por última vez Belén llevando consigo a las tres jóvenes que le atendían de diario, éstas eran: Séfora, Abigail y Jael. Antes de ésto anunció a José de Arimatea y a otros discípulos que pronto dejaría este mundo.

María pidió al ángel que el Apóstol Juan viniera a verla por última vez. El Espíritu Santo lo trajo desde Éfeso. En sus oraciones pedía que en ese monto estuviera acompañada por los Apóstoles de su Hijo y pronto ellos y discípulos llegaron hasta el lugar en el que Ella se encontraba. Ninguno sabía la razón de encontrarse en este lugar hasta que San Juan les explicó que el Señor había decidido juntarlos a todos para presenciar la muerte de su Madre. También estaba entre los presentes Pablo con sus discípulos Dionisio el Areopagita, Hieroteos y San Timoteo.
A las nueve de la mañana, tuvo lugar el fallecimiento, los Apóstoles se acercaron a su lecho y ofrecieron alabanzas a Dios. De repente, la luz de la Divina Gloria resplandeció enfrente de ellos. El mismo Cristo apareció rodeado de ángeles y profetas. Viendo la Virgen a su Hijo exclamó: “mi alma magnifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi salvador por que ha visto la humildad de su esclava”. (Lc. 2, 46) Así entregó su alma a su Hijo y Dios.

Sabido por Jerusalén lo acontecido, muchos de ellos se juntaron en la morada de María, llevando muchas velas, ungüentos olorosos y especies aromáticas, como los hebreos tenían por costumbre y cantaron himnos y cánticos para celebrar el glorioso tránsito.
Los apóstoles fueron los encargados de llevar el féretro sobre sus hombros hasta llegar al jardín de Getsemaní. Juan tomó la palma que le había entregado la Virgen y la llevó delante del féretro. Todo el cortejo se cubrió de una nube luminosa, de forma que se oían los cánticos pero no se veían. Los ángeles mezclaron sus voces con las de los Apóstoles y en el monte Sión resonaron conciertos de maravillosa armonía.

La ciudad de Jerusalén, despertada por los ecos de los cantares acudió en masa preguntando que era aquello, al decirles que era el entierro de la Madre de Jesús el que fue crucificado, algunos judíos fueron a por armas animando a otros diciendo: “Venid todos, matemos a los discípulos y arrojemos al fuego el cadáver de la que fue la Madre del Seductor”. Un sacerdote judío llamado Efonio, lleno de odio quiso tirar el féretro de la Virgen empujando con sus manos el féretro. Sus manos sacrílegas se secaron de repente y se desprendieron del cuerpo quedando allí secas. Al propio tiempo, los ángeles que iban en la nube luminosa cegaron a los demás judíos, cambiando su furia en lamentaciones. Efonio arrepentido pidió perdón y comenzó a ser un ferviente seguidor de Cristo quien le devolvió sus manos.
Cuando el cortejo llegó al jardín de Getsemaní, comenzaron a dar el último adiós a la Virgen. Por tres días no se fueron de ese lugar, orando y cantando salmos. El Apóstol Tomás, como le pasó en la aparición de Cristo no estuvo presente en el funeral. Llegando al tercer día a Getsemaní y acercándose a la tumba lloró preguntándose por qué no se le había permitido a él presenciar la partida de María. Los apóstoles decidieron abrir la tumba para que Tomás pudiera dar su último adiós a la Madre de Cristo. Cual fue su sorpresa que sólo encontraron sus lienzos y entendieron que su cuerpo también había sido recibido en los cielos por el mismo Cristo.
Asunción de María
Capilla de la Asunción de Villaescusa de Haro (Cuenca)
Por la tarde de ese mismo día, estando los apóstoles reunidos en una casa de Juan para comer, la Madre del Salvador se les apareció diciéndoles: “Regocijaos, porque estaré con vosotros todos los días de vuestras vidas”, ellos exclamaron: “Santísima Madre de Dios, sálvanos” y tras esas palabras la Virgen les fue acompañando en la evangelización del mundo, como fue en la aparición de la Virgen a Santiago en Zaragoza y muchas otras para darles ánimos en la misión que les fue encomendada a cada Apóstol.

Ese día entendí que cada hombre había nacido para cumplir la voluntad de Dios y que todos somos parte de su Creación.
Cuenca, 16 de agosto de 2018.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.