domingo, 23 de noviembre de 2025

Efemérides conquenses del día 24 de noviembre.


   El 24 de noviembre de 1597 moría de un ataque de apoplejía el conquense, Juan Gómez Mora, pintor de Felipe II.

Juan Gómez Mora nacía en Cuenca en 1555, hijo de Gonzalo Gómez  y nieto del pintor Martín Gómez el Viejo quien pintó el cuadro del retablo de San Mateo y San Lorenzo depositado en la capilla del mismo nombre de la Catedral de Cuenca y entre otros la presentación del Niño en el Templo, depositado en el Museo del Tesoro de la Catedral de Cuenca.
Martirio de san Bernabé
Retablo mayor de la iglesia de San Bernabé (El Escorial).

Juan Gómez de Mora casó con Francisca de Mora, hija de un zapatero y hermana del que sería arquitecto real Francisco de Mora, tuvieron ocho hijos, los cuatro primeros fueron bautizados en Cuenca entre los años de 1585 y 1590 y os cuatro siguientes nacieron en el Escorial de Madrid. En 1585 fue nombrado jefe de taller familiar en el que colaboró con su hermano Martín Gómez el Joven, ambos trabajaron en el retablo mayor de la iglesia de Zafra de Záncara y en el convento de Jesús y María de Huete. También colaboró con Fernando Mayorga y con Bartolomé Matarana (de este pintor son los cuadros de la vida de San Julián, actualmente en la capilla Honda de la Catedral de Cuenca) en las pinturas del convento de San Francisco de Cuenca en el año 1587.

En el año de 1592 comenzó a trabajar en el Monasterio de El Escorial. Obras suyas son el lienzo del Niño perdido por el que cobró 400 reales. En el año 1593 fue nombrado pintor de rey, con un sueldo de 100 ducados anuales.

En la Villa del Escorial murió, siendo enterrado allí en 24 de noviembre de 1597 tras fallecer repentinamente a causa de una apoplejía. Hoy lo llamaríamos con el término de ictus, infarto cerebral, derrame cerebral. Apoplejía es como una ataque cerebrovascular.

Publicado en Cuenca, 24 de noviembre de 2019 y el 24 de noviembre de 2025.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

La visitas guiadas gratuitas del primer sábado de diciembre en la Catedral de Cuenca se traslada al último sábado de noviembre.

     Con motivo del puente de la Constitución me veo en la necesidad de trasladar la visita guiada gratuita al último sábado de noviembre, día 29, a las 11:00h. Otro motivo es el que el medallón de la Anunciación de la reja de la capilla de los Caballeros, llega a él los rayos de sol el primer domingo de Adviento. Este año corresponde al último domingo de noviembre, por lo que sería interesante presenciar tal hecho este mismo sábado. Siempre que el tiempo lo permita luciendo el sol.

    El grupo que podrá asistir será como máximo de 35 personas. El grupo está completo, sólo se sustituirá la plaza de quines no puedan asisitir. Para formar parte del grupo, y si hubiera bajas, deberá mandar un email al correo electrónico: chemarogo@gmail.com;     Se le contestará si está incluido y con qué número de la lista ha sido anotado.

Medallón de la Anunciación.
Capilla de los Caballeros.

Año tras año el sol nos recuerda la entrada en el período del Adviento, este año  podremos estar presentes en ese momento mágico como es la iluminación del medallón de la Anunciación de la reja de la capilla de los Caballeros de la Catedral de Cuenca por las rayos del sol. Momento sublime donde los haya.

La llegada del sol al medallón de la capilla de los Caballeros de la Catedral de Cuenca se da sobre las 12.30 horas. Como es menester es una progresión, la luz va avanzando según va transcurriendo el tiempo y se va dando unos días antes y después del 29 de noviembre, centrándose más el primer domingo de Adviento.

Con relación a la visita, este sábado tataremos del siglo XVII.  En 1693, el Concejo de Cuenca enviaba un memorial al rey Carlos II en el que justificaba la caída de la industria de paños conquense por la llegada de trajes y vestidos extranjeros. Miguel Caxa de Leruela (Palomares del Campo, Cuenca, 1562 o 1570 - 1631), Alcalde Mayor Entregador de la Mesta, nos da unas cifras que no pueden aclarar lo que significó la caída de la industria de paños para la economía de la ciudad. Para las cuatrocientas mil arrobas de lana que en 1600 se lavaban, de las cuales más de la mitad iban al extranjero (unas doscientas cincuenta mil), en 1631 sólo entraban ocho mil. Estamos hablando de un derrumbe del 98% del negocio, prácticamente la desaparición del mismo y con ello de todos los puestos de trabajo que generaba.

A lo largo del siglo, van desapareciendo algunas antiguas instituciones e industrias, a la par que, modestamente, se van instalando otras nuevas. Éste es el caso de la Casa de la Moneda, que se instala junto al Puente de San Antón en 1661, mientras desaparece la Ceca, existente en la ciudad desde el siglo XV. En 1679, se crea en el país la Real y General Junta de Comercio, con el fin de, entre otros varios, traer artesanos extranjeros, algo que en Cuenca significó la llegada en 1686 de Hurbert Marechal de Hainault, originario de los Países Bajos, que instaló varias fábricas de lanería en la ciudad y sin duda con éxito, ya que cinco años después, Marechal tenía diez telares que siguió aumentando hasta dieciocho al año siguiente y llegar a totalizar veintidós al llegar el fin de siglo. Esta medida fue un pequeño revulsivo para la ciudad y propició la creación de otros telares, contabilizándose hasta treinta y dos en 1697 y cincuenta y uno en 1700.

Otra desgracia ocurrida durante el siglo XVII fue el incendio de 1633 que quemó la tercera parte de la ciudad. Pero no todo son tristezas en esta época, como las dos ocasiones en que Cuenca fue visitada por los reyes, con todo lo que ello lleva consigo. En 1604, es Felipe III quien entra en ella, siendo recibido jubilosamente por una ciudad que para tan importante ocasión había dispuesto de sus mejores galas y ofrecido al rey cuanto tenía, celebrándose una corrida de seis toros y unos juegos de caña en los que participaron tanto la nobleza local como la procedente de la Corte. En 1642, es Felipe IV quien pasa por la ciudad camino de la guerra que se libraba en Aragón y de la invasión francesa de Cataluña, permaneciendo en ella casi un mes (entre el 28 de mayo y el 25 de junio) y librándose la corrida de toros esta vez sobre una plaza armada sobre el río Júcar que se situó frente a la Fuente del Abanico, en el Recreo Peral.

Cuenca, 23 de noviembre de 2021 y el 23 de noviembre de 2025.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

 

 

sábado, 22 de noviembre de 2025

Festividad del 23 de noviembre, Jesucristo Rey

    Este año el último domingo antes del Adviento, coincidienco con el fin del año litúrgico, es el 23 de noviembre, bien vale hacer una reflexión sobre nuestras creencias religiosas. El 11 de diciembre de 1925, al cerrarse el Año Santo, publicaba Pío XI en la Encíclica Quas primas, monumento litúrgico a la realiza de Cristo más duradero que el bronce, que mucho tenía que ver con esta festividad.

La festividad de Cristo Rey se proponía por parte de los liturgistas, en un principio, en las siguientes fechas: el domingo que sigue a la Epifanía, a la Ascensión, al Sagrado Corazón. El Papa escogió el domingo que precede a la fiesta de todos los Santos, que son los nobles y grandes de este reino.

Cuando esta sociedad impulsa, por lo menos aparentemente, el ideal de la realiza humana, la Iglesia propone con toda solemnidad la realiza de Cristo. Y es que la soberanía de Cristo no tiene que ver nada con la de los hombres. Ni en su origen, ni en su base, ni en su fin tiene nada que ver con la de los reyes de la tierra. Más de una vez opone Jesús su reinado al de los hombres. “Mi reino no es de este mundo”, dice a Pilatos. “Si mi reino fuera como el de los hombres, yo tendría soldados que defendiesen en mi persona e impidieran mi entrega a los judíos” (Jn. 18, 36),

Cristo legisla para el corazón, porque sólo su mirada penetra hasta allá dentro: El premia o castiga las obras del corazón; El enjuga las lágrimas del corazón y El lo alegra e ilumina con los rayos del iris de la paz. Las fuerzas de las armas y de los ejércitos se estrellan siempre ante las puertas y las murallas del corazón humano. Ningún hombre, por grande y poderoso que sea, puede imponer a otro sus ideas y su voluntad. Los tiranos más prepotentes se han quebrado ante la virgen casta y creyente, que había consagrado la pureza de su corazón a Cristo. El homenaje más puro, más hondo y completo es el homenaje del amor. Ni César ni Napoleón pudieron con las armas ser amados. Cristo con la caña, con las espinas y con la Crus “atrae hacia sí todas las cosas”, es el Rey del amor. Por esto Cristo no es un Rey; es sencillamente Rey.

Cuenca, 31 de octubre de 2019 y el 23 de noviembre de 2025.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.


Efemérides conquenses del día 23 de noviembre.

     El día 23 de noviembre de 1761 Don Diego Antonio de Parada y Vidaurre, natural de la ciudad de Huete, es nombrado Arzobispo de Lima.

Por indicación de Fernando VI, se propuso a Don Antonio de Parada para la mitra de La Paz, en el Perú, donde fue, una vez consagrado en España.

Nació el 26 de abril de 1698 en Huete. Hijo de Don Marcos de Parada y de Doña Isabel Vidarre. Estudió en Salamanca, Universidad de fama internacional, universal y plantel de sabios y santos profesores.

Dos años después de su nombramiento llegó a Buenos Aires, era un día de enero de 1764. Su primer cuidado fue visitar detenidamente su extensa diócesis para enterarse de las necesidades que encontrara y ver el medio de remediar cuantas dificultades hubiera. Él sabía que para implantar la religión era necesario la conversión y educación de los aborígenes por ello edificó y organizó el seminario conciliar, elevándolo a uno de los de mayor altura y prestigio de América. Le dotó de sabias Constituciones, escogió al profesorado entre los mejores y dotó del mejor material de enseñanza.

Mandó que los sacerdotes hicieran trabajos de enseñanza catequética, prohibió las fiestas mundanas, tales medidas le ocasionó graves disgustos, que el arzobispo supo superar con entereza y valentía. En 1769 convocó el VI Concilio Provincial. Durante su pontificado consagró cinco prelados.

Puso gran celo en la formación del clero indígena, como verdadero puntal de la Religión, buscando siempre y apoyando por todos los medios, cuando veía una vocación verdadera.

Lleno de méritos y virtudes, falleció santamente el 26 de abril de 1779, a los 81 años de edad y a los quince años y cinco meses de su gobierno, siendo enterrado en la bóveda de la catedral de Lima, con gran sentimiento, no sólo de América donde fue una relevante personalidad, sino en España y especialmente en la ciudad de Huete, que tantos hombres grandes dio a España, uno de los cuales fue el que conmemoramos hoy Don Diego Antonio de Parada y Vidaurre.

Cuenca, 24 de noviembre de 2019 y el 23 de noviembre de 2025.
 
José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

San Clemente I, Papa y Mártir. Llamado el Papa de la unión y caridad cristiana. Festividad del 23 de noviembre.

     San Clemente fue el cuarto sucesor de Pedro en el Pontificado romano. Los que le precedieron fueron: Pedro, Lino y Anacleto. Se designa su gobierno entre los años 92 al 101.

La tradición que refleja el Libro Pontifical le hace natural de Roma y fija su cuna en el Monte Celio. También nos dice que murió mártir en el tercer año de Trajano.

San Clemente.
     Se da como cierto que conoció a los Apóstoles y como asegura San Irineo, dio su sangre por la verdad cristiana. Desde el siglo IV la Iglesia de Roma da por indiscutible su martirio.

Tertuliano nos dice que San Clemente fue consagrado por San Pedro; a San Clemente se le puede llamar el Papa de la unión y caridad cristiana. Fue sumamente amable si nos fijamos en la figura de San Clemente.

Se conserva de San Clemente un escrito auténtico, que es una carta a los fieles de Corinto. San Clemente tuvo noticias desde Roma de aquellas discordias internas, tan ajenas y perjudiciales al espíritu cristiano y consciente de su deber como Pastor supremo universal de la Iglesia, redactó una carta, que dirigió de la Comunidad de Roma a la de Corinto. En ella exhortaba primero a las virtudes que unen a los cristianos entre sí, como son sobre todo, la humildad y la subordinación a la legítima autoridad, y luego señala los medios prácticos que conducen al logro de la paz.

La carta debió escribirse entre los años 95 y 98. El obispo de Corinto, Dionisio, por el año 170, dice que su Iglesia veneraba el escrito de San Clemente casi a la par de las Escrituras Sagradas y la leía en las reuniones litúrgicas.

Bajo el punto de vista teológico tiene una importancia excepcional, porque es como “la primera epifanía del Primado Romano”.

Martirio de San Clemente.

Hoy no se puede determinar con certeza el género del martirio que sufrió San Clemente. Se dice que por su atributo, que es un ancla y es el símbolo de la fe, que le arrojaron al mar Negro con un ancla al cuello, y que unos ángeles construyeron en el fondo del mar un magnífico sepulcro de mármol; todos los años, en el aniversario de su martirio las aguas se retiraban para que los devotos pudieran llegar a pie enjuto hasta esta capilla submarina.

Publicado en Cuenca, 22 de noviembre de 2020 y actualizado el 23 de noviembre de 2025.

     Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

_____________

FUENTES CONSULTADAS:

-Año Cristiano para todos los días del año. P. Croiset. Madrid. 1846.

-La casa de los santos. Carlos Pujol. Madrid. 1989.

-Año Cristiano. Juan Leal, S.J. Madrid. 1961.

viernes, 21 de noviembre de 2025

Hoy, 22 de noviembre celebramos a Santa Cecilia.

   Felicitamos, a los músicos, poetas y a las personas ciegas por ser su patrona. Sus atributos iconográficos son el órgano, el laúd y las rosas.

   Santa Cecilia nació en el seno de una familia nobilísima, fue obligada a contraer matrimonio con Valeriano. 
   Cecilia había pedido a Dios que defendiera su virginidad, no solamente lo consiguió con ayuda de un ángel, sino que logró convertir a la fe cristiana a su esposo y a su cuñado Tiburcio.
   Algunos meses después del martirio de estos santos hermanos, fue citada a juicio la moble virgen ante el prefecto Almaquio.
   Después de los trabajos realizados por los arqueólogos y recogidos sabiamente por Dom Gueranger en su obra sobre Santa Cecilia y la sociedad romana de los primeros siglos cristianos, podemos reconstruir con exactitud aquellas emocionantes escenas.
   Pocas horas antes de su martirio se había celebrado en el palacio de Cecilia el Bautismo de 400 paganos, convertidos por ella a la fe cristiana. El pontífice Urbano había dirigido el acto. Cecilia cedió al Papa su casa para templo, poniéndola a nombre de Gordiano, uno de los recién bautizados y condenados entre los patricios con el título de clarísimo.

    Antes de presentarse en el tribunal, Cecilia vistió su mejor traje de noble patricia. Era para ella la hora más solemne y alegre de su vida y el juicio más deseable que las danzas, las tertulias y banquetes de los romanos.

    Almaquio para que abjurase de su fe le dijo: ¡Desgraciada! ¿Ignoras que yo tengo sobre ti poder de tu vida y de tu muerte?

Mientes: puedes matar a los vivos, pero no resucitar a los muertos. No eres ministro de vida, sino de muerte. Contesto Cecilia.

Octavia, la mujer de Nerón. Había sido condenada por su cruel marido a morir asfixiada entre los intolerables ardores del calderium, la sala de baño de los romanos. Contra Cecilia pronuncio Almaquio, la misma sentencia.

Con su traje de gala, entró la virgen en el lugar del tormento. Cerrada la puerta por los verdugos, Cecilia se puso en oración. Aunque las calderas ardían y el calor resultaba insoportable ella se sentía como bañada por un celestial rocío, el mismo ángel que había guardado su pureza la defendió de los abrasadores vapores.
Santa Cecilia de Giambattista Tiepolo

Al día siguiente, Almaquio envió un lictor que le cortase la cabeza. El infeliz verdugo erró el golpe y después de herirla por tres veces la dejó viva aún, tendida sobre el pavimento, bañada en su propia sangre que manaba de su cuello, porque la ley prohibía al lictor rematar a la víctima si no moría después del tercer golpe.

Al tercer día se les permitió recoger su cuerpo. El Papa Urbano colocó el cuerpo de la santa mártir en un ataúd de ciprés sin tocar sus ricas vestiduras, respetando la actitud en que había expirado, recostada sobre el lado derecho, juntas las rodillas con delicada modestia. A los pies puso los lienzos empapados en sangre. Fue transportada a la catacumba de San Calixto en la Vía Apia y depositada en un sarcófago de mármol. En el año 821 fue trasladado por el Papa Pascual I a la basílica de la Santa en el Trastevere, donde se venera al lado de San Valeriano y San Tiburcio, su esposo y cuñado respectivamente, convertidos por ella a la fe.
Santa Cecilia. Escultura barroca de Stefano Maderno.

El escultor Stefano Maderno, se encargó de eternizar, con su cincel, la actitud en que fue hallado el cuerpo de la Santa tras su martirio.

Publicado en Cuenca, 22 de noviembre de 2019. Actializado el 22 de noviembre de 2025.

Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.


Hoy hace 303 años que se llevó a cabo el primer AUTO DE FE en Cuenca

La Inquisición en Cuenca

Un domingo, 22 de noviembre de 1722 se celebrara en el convento de la Orden de Predicadores de San Pablo de Cuenca, un auto de fe.

El auto de fe era un acto público organizado por la Inquisición en la que el condenado abjuraba de sus pecados, mostrando su arrepentimiento, sirviendo de lección a todos los fieles que se congregaban en la plaza o lugar público.
Pedro Berruguete (1495)
Santo Domingo presidiendo un Auto de fe


El tribunal de la Inquisición se hallaba establecido en Cuenca desde 1498 en que fue nombrado Inquisidor General Fr. Tomás Jorquera, entendido en todos los asuntos de la Diócesis y del Priorato de Uclés, que pertenecía a la orden Militar de Santiago, aunque por lo que respecta a este último, ordenó el Inquisidor General en 1518 que, cuando hubiera que sentenciarse algún hereje del mismo, citaran al Prior o a un Vicario.

Establecido en un principio donde hoy está ubicado el Palacio Episcopal, se traslado en 1574 a la calle de San Pedro y a los pocos años se traslado al Castillo, donde hoy está el Archivo Provincial, siendo esta su última ubicación.

Por gracia o ventura son muchos los documentos que han llegado hasta nosotros de la historia de la Inquisición en Cuenca, aunque no son pocas las depredaciones y saqueos en las invasiones y revueltas que las mermaron, también los hurtos, como se cuenta del historiador de la institución en España, Juan Antonio Llorente, se apoderaba de gran número de documentos que luego vendía a la Biblioteca Nacional de París.

Se dice que el tribunal de Cuenca no es de  los que merecen las mayores censuras, porque no dio lugar a procesos notablemente escandalosos, ni a inmotivadas competencias con los de la jurisdicción ordinaria, se puede decir que sus sentencias fueron las más justas que se revela en los anales inquisitoriales.

Uno de los juicios más sonados fuero el de la Beata de Villar del Águila, que tuvo repercusión nacional. El juicio se formó porque la procesada fingió que Jesucristo había consagrado su cuerpo, lo que creído por la gente sencilla, dio lugar a que la tributasen el culto de LATRÍA, que sólo a Dios es debido, y la llevaran en procesión como si del Santísimo se tratara. Según Muñoz y Soliva, la acusada murió de enfermedad, ya reconciliada y fue enterrada en el cancel de la parroquia de San Pedro.

Otro proceso célebre de la Inquisición en Cuenca fue el del licenciado Torralba que nacido en esta ciudad, estudió Medicina en Roma, donde decía tener un amigo llamado Zequiel, que  le dejaba ver en los días notables de luna, como en el plenilunio y cuarto creciente. Torralba llegó hacer revelaciones de sucesos futuristas, que con el paso del tiempo se cumplieron; entre otros la toma de Roma por las tropas imperiales, el 5 de mayo de 1527, que no sólo lo anticipó, si no que Zequiel le llevo a presenciar cabalgando en un bastón, desde Valladolid, donde se hallaba de visita, a las once de la noche, transportándole en una hora, para después de hacerle ver la entrada de las tropas y demás sucesos, volvería al mismo sitio en hora y media. Divulgado todo esto, se le procesó; confesándolo todo y arrepentido no sufrió más castigo que los cuatro años que estuvo en la cárcel hasta su sentencia.

En el acto que hoy hace 303 años que ocurrió, fueron 3 reos, 8 reconciliados, resultando condenados a menos de un año de cárcel y 3 más a penas de azotes y prisión de mayor duración.

No caigamos en la tentación desafortunada de juzgar los actos de la Inquisición, hay que ponerse en su ambiente y tiempo.

Publicado en Cuenca, 22 de noviembre de 2015 y actualizado el 22 de noviembre de 2025.


Por: José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.