lunes, 27 de noviembre de 2023

Santa Catalina Labouré (1806-1876)

   Hoy celebramos a la gran desconocida. Si ayer hablábamos de la Medalla Milagrosa hoy celebramos a quien se dirigió la Virgen para hacer realidad la medalla.
Aparición de la Virgen a Santa Catalina de Labouré

Catalina la trabajadora para decir su nombre, la activa y la oscura, la humilde y la obediente. Y así fue desde la niñez, sustituyendo a su madre muerta en la dirección de la granja paterna, cuidando a diez hermanos, atendiendo a todo y aun encontrando tiempo para ir a la iglesia y visitar enfermos.

Una modesta campesina bretona, no muy instruida por lo que sabemos, pero con el recio sentido común y el sólido equilibrio de las mujeres fuertes y sacrificadas acostumbradas al trabajo más ingrato y más duro. No le fue fácil cumplir su vocación religiosa (antes tuvo que ser criada y camarera en el café de su hermano en París), hasta que hizo el noviciado en las Hijas de la Caridad, la fundación de San Vicente de Paul.

El resto de su vida no tiene relieve visible, cuarenta y tantos años en un hospital, en medio del anonimato más absoluto, personaje que representa a miles de monjas dedicadas al servicio de los desamparados por amor a Dios; en hospitales, asilos, manicomios, orfanatos, allí donde se sufre, y sin que nadie las conozca, una monjita, como se las suele llamar.

Nadie sabía que en su juventud, en 1830, en la capilla de la rue du Bac había tenido una visión de la Virgen, visiones muy plásticas (la Virgen sentada en una silla que aún se conserva) en las que Nuestra Señora le pedía que se acuñase una medalla con su imagen de cuyas manos saliesen rayos de luz, las gracias que derrama sobre el mundo.

Este fue el origen de la medalla milagrosa, que se difundió y obró numerosos prodigios sobrenaturales, sin que nadie supiera hasta la muerte de Catalina que fue ella quien vió a la Virgen y escuchó sus palabras, cumpliendo su encargo para luego poner el sello del silencio y de la caridad sin nombre a la misión recibida.
El Papa Pío XI la beatificó el 28 de mayo de 1933 y Pío XII el 27 de julio de 1947 la canonizó, se estableció su fiesta el 28 de noviembre, un día después de la establecida para la Medalla Milagrosa. Según Catalina, durante la noche del 18 de julio de 1830 se despertó al oír la voz de un niño muy hermoso que la llamaba: ”Hermana, todo el mundo duerme, venga a o la capilla, la Santísima Virgen la espera”.

Cuenca, 28 de noviembre de 2019 y el 28 de noviembre de 2023.

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico.

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